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miércoles, 2 de julio de 2014

Tips dietéticos para renovar el organismo



Existen una serie de métodos prácticos y efectivos que pueden utilizarse para corregir el funcionamiento de algunos órganos que han quedado intoxicados por años de mala alimentación, excesos de tabaco y alcohol y la ingesta de demasiadas grasas, sumado a un estado de sedentarismo total.
Estos métodos son concebidos como guías o consejos prácticos de reeducación fisiológica y consideran que, como consecuencia directa de los malos hábitos que llevan las personas durante mucho tiempo, ciertos órganos del cuerpo ya no funcionan adecuadamente e inciden en la vitalidad y energía de todo el cuerpo, además del aspecto estético y la salud en general. Muchos problemas de fatiga crónica, sobrepeso constante, estrés y ansiedad son producto de una falta de educación fisiológica; para ello es necesario considerar a la alimentación sana, la actividad física regular y el descanso adecuado como pilares fundamentales para conseguir un óptimo estado de salud o buena forma física.

Claves para evitar los excesos de comida

Comer en exceso es un mal hábito que la mayoría de las personas cometen, pero esto no sólo produce un sobrepeso sino que afecta el normal funcionamiento del estómago, intestino, hígado y páncreas. El exceso de comida frecuente trae como primera consecuencia el agrandamiento del estómago lo que genera un circulo vicioso: cada vez se come más y por ende se engorda más. Con kilos de más el cuerpo siente pesadez, falta de movilidad, dolores de espalda y cintura, y una menor resistencia física. Para que el estómago vuelva a la normalidad y el hambre voraz desaparezca hay que tener en cuenta los siguientes lineamientos básicos:
• Comer despacio y masticar bien los alimentos.
• Consumir alimentos fáciles de digerir. Evitar las carnes con muchos nervios o las verduras muy fibrosas.
• Evitar las bebidas gaseosas y los alimentos que producen gases.
• Tratar de comer siempre a las mismas horas con igual cantidad de alimentos por vez.
• Dividir los alimentos en 6 comidas diarias en vez de cuatro, agregando una colación a media mañana y media tarde.
• Adecuar la cantidad de alimentos a la actividad física que se realiza.
• Beber líquidos frescos y fríos periódicamente. Además de producir sensación de saciedad contraen el estómago produciendo a la larga una reducción del mismo.
• Evitar beber líquidos calientes, siempre deben consumirse tibios.
*Estos consejos te ayudarán a reeducar tu estómago y a adquirir hábitos saludables para aplicarlos como parte de un nuevo estilo de vida: más sano y libre de toxinas.

viernes, 4 de abril de 2014

Excesos de actividad física: Más daños que beneficios



Está demostrado que el ejercicio físico regular previene los efectos nocivos del sedentarismo, pero un exceso de éste produce realmente más daños que beneficios. En este sentido, tanto el exceso como la falta de actividad física es perjudicial para el organismo. Además, cada tipo de ejercicio cumple una función concreta; por ejemplo: los aeróbicos (aquellos en los cuales el organismo utili­za mucho oxígeno para producir energía), de entrenamiento y resistencia, no fati­gan el organismo y mejoran notablemente la capacidad del sistema cardiovascular.
Por su parte, los ejercicios isométricos, isotónicos y anaeróbicos (como la carrera de 100 metros o los ejercicios con pesas) pueden incrementar la masa muscular y modelar la silueta, pero exigen un gran esfuerzo al corazón. Eso no impide que puedan llevarse a cabo, siempre y cuando se combinen con un programa de entrenamiento aeróbico. Sin embargo, para ambos tipos de ejercicios hay que ser prudente y evitar el sobreentrenamiento. Pues para practicar actividades físicas no basta con la voluntad; el squash, por ejemplo, exige un esfuerzo de alta intensidad, con una frecuencia cardíaca entre 170 y 190 pulsaciones por minuto, lo que puede provocar accidentes vasculares. De ahí que, para practicarlo, sea imprescindibles la evaluación del estado físico y una cierta experiencia en el ejercicio. 

Los efectos que nadie espera

Demasiada ejercitación no produce beneficios e incrementa  las probabilidades de contraer enfermedades. Se ha demostrado que el exceso de actividad física aumenta la producción de radicales libres, unas sustancias relacionadas con la aparición de más de cincuenta enfermedades y la aceleración del envejecimiento. Por eso, muchos médicos especializados en deporte y actividad física aconsejan consumir antioxidantes y caminar en vez de correr: con una caminata moderada de tres kilómetros, tres veces por semana, se consiguen los mismos beneficios que corriendo cinco kilómetros, cinco días a la semana, pero sin el riesgo de lesiones musculares y óseas que implica la carrera.
Por otro lado, algunos problemas estéticos, como la celulitis, suelen empeorar con determinados ejercicios. Los ejercicios de aeróbic, de step, de alto impacto; los saltos y las carreras; los deportes violentos, que exigen movimientos repetitivos, son contraindicados para personas que padecen celulitis (sobre todo en piernas y glúteos). Asimismo, el uso desmedido de aparatos, el abuso de los ejercicios o la realización de movimientos inadecuados pueden provocar la aparición temprana de enfermedades de rodilla y columna que, con el paso del tiempo, son difíciles de revertir. Tal es el caso de los dolores de espalda, tendinitis, inflamaciones y contracturas varias.
Las rutinas de ejercicios siempre deben ser controladas por un instructor que corrija posturas y movimientos defectuosos y verifique que la espalda y el tórax no se arqueen y que los músculos no se fuercen o se estiren demasiado las articulaciones. No es para nada conveniente ejercitarse con personas de diferentes edades y pesos. No todos pueden cumplir la misma rutina ni trabajar con la misma intensidad. En estos casos, un médico debe indicar, previa evaluación, el tipo e intensidad de los ejercicios.

viernes, 28 de marzo de 2014

Aguas con Hierro y su función en el organismo



Las denominadas aguas ferruginosas se destacan por su mayor contenido de hierro y tienen efectos estimulantes sobre el sistema nervioso, pero su acción más característica afecta sobre todo a la producción de la sangre. Se usan principalmente para prevenir los estados de anemia y reconstituir la calidad sanguínea. Al igual que las aguas sulfuradas, las enriquecidas en hierro pueden considerarse aguas mineromedicinales por sus propiedades terapéuticas.
Por su parte, las aguas minerales naturales sólo cumplen una acción favorable y complementaria de las funciones fisiológicas, pero sin llegar a tener propiedades curativas. En general, se recomienda beber las aguas medicinales directamente del manantial y bajo tratamiento médico. De esa manera no pierden sus características físicas con el traslado y, por tanto, preservan intactos sus efectos curativos. En cambio, las aguas naturales pueden consumirse embotelladas sin ningún problema. 

Para consumir con discreción

Las aguas debilitadas en minerales están contraindicadas para los que padecen nefropatías crónicas, insuficiencias renales, e incluso para los que tienen ciertas alteraciones en las vías urinarias. Tampoco deben administrarse a los cardíacos descompensados ni a los hipertensos. Igualmente, son poco recomendables para los enfermos del hígado o para ciertas afecciones del aparato digestivo en las que esté dificultado el tránsito. Dada su abundante y rápida eliminación por las vías urinarias, sólo pueden consumir estas aguas las personas que poseen un buen funcionamiento del aparato renal.
En términos generales, todas las aguas conllevan un ínfimo riesgo para el que la consume. Y en esta apreciación están incluidas las embotelladas, las de manantial, las desionizadas o desmineralizadas, la de filtros de carbón y las tratadas con ozono. La única agua ciento por ciento segura es la destilada. Destilar el agua implica vaporizarla sometiéndola a ebullición. Al evaporarse, quedan abajo las bacterias, virus, minerales y cualquier grado de contaminación, así fueran heces, pues esos estratos no se elevan, sólo el vapor. El vapor se traslada a una cámara o recipiente donde se torna líquida y ya es simplemente pura.
Así y todo, la bebida por excelencia es el agua, después los jugos totalmente naturales de frutas y verduras (sin agua, sal ni azúcar o envasados con conservantes). Todo el resto de líquidos no sustituyen ni son necesarios ya que son artificiales y tóxicos.

viernes, 21 de marzo de 2014

Potencia tu sistema inmunológico y previene enfermedades



Aumentar las defensas naturales del organismo es la manera más eficaz de prevenir gripes, resfríos y alergias, sobre todo en las épocas de cambios climáticos. Para ello no es necesario recurrir a fórmulas mágicas, tan sólo debes seguir algunas pautas saludables para mejorar tu calidad de vida. Asimismo, algunas terapias alternativas ofrecen soluciones prácticas y naturales para fortalecer el sistema inmunológico y prevenir las enfermedades propias de los estados de debilidad.
La Fitoterapia es una herramienta que emplean muchos médicos naturistas (e incluso clínicos) para solucionar problemas de todo tipo. Consiste en la utilización de determinadas hierbas o plantas con fines terapéuticos. En este sentido, aparecen dos alternativas frentes a los problemas de “bajas defensas”. En primer lugar, la equinácea es una planta que incrementa la producción de células y la acción antivirósica directa evitando así la propagación de bacterias. Por su parte, el astrágulus es una planta medicinal muy buena para prevenir resfríos comunes. Además es muy efectiva para mejorar los sistemas inmunitarios debilitados por sustancias químicas o radiaciones. Puedes consumirlas en infusión, de dos a tres veces por día, pero siempre con la supervisión de un médico naturista. 

Factores nutritivos para elevar tus defensas

La falta de nutrientes esenciales en la alimentación diaria es una causa habitual de la incapacidad del sistema inmunológico para hacer frente a las enfermedades relacionadas con virus y bacterias. Por eso es importante que ingieras una amplia variedad de vitaminas y minerales, además de otras sustancias. Por ejemplo, la vitamina A de la leche y sus derivados desarrollan una protección natural frente a los microorganismos. Por su parte, los carotenos presentes en zanahorias y calaba­zas poseen antioxidantes y protegen el organismo de los efectos que producen el estrés y la radiaciones del medio ambiente.
Asimismo, la vitamina C que posee la naranja, el limón y el kiwi, estimula la acción antivirósica y antibacteriana y es imprescindible para contrarrestar las infecciones. También es importante que consumas abundante frutos secos como  nueces y almendras (ya que son ricos en vitamina E), legumbres (porque aportan hierro) y todo tipo de cereales y panes integrales (importantes fuentes de minerales y vitaminas que refuerzan el sistema inmunológico). 

Medidas para incrementar la energía del organismo

Modificar determinados hábitos relacionados principalmente con tu estilo de vida, te permite reforzar las defensas del organismo y aumentar la energía de tu cuerpo. Para ello, es preciso que consideres las siguientes medidas:
• Consume alimentos frescos y naturales como frutas, verduras, cereales integrales (pan, pastas y granos), legumbres y frutos secos. A la vez, limita el consumo de grasas (sobre todo de origen animal) y azúcares refinados. Conviene que consumas miel de abejas en poca cantidad.
• Bebe al menos ochos vasos de agua natural por día. De esta manera consigues depurar el organismo y eliminar las toxinas acumuladas.
• Evita el cigarrillo y restringe el consumo de bebidas alcohólicas. El tabaco y el alcohol sólo le restan energía a tu cuerpo y generan un campo propicio para enfermedades virósicas.
• Realiza al menos treinta minutos de ejercicio físico por día. Esta práctica es clave para fortalecer tu organismo y prevenir así todo tipo de trastornos de salud. Llevar a cabo alguna actividad física por la noche favorecerá el descanso nocturno y le permitirá a tu cuerpo comenzar un nuevo día totalmente despejado.
• Promueve un estado emocional positivo. La risa es un remedio infalible contra todo tipo de dolencias y además aumenta la resistencia natural del organismo. Deja de lado las preocupaciones e intenta vivir la vida de una forma más desenfadada.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mitos y Verdades sobre el "Sistema Inmunológico"



El sistema inmunológico protege al organismo de los virus y bacterias ambientales que producen trastornos tales como la gripe o los resfríos. Como medida preventiva, lo mejor es promover una actitud sanitaria que fortalezca las defensas del cuerpo. Sin embargo cuando el virus se instaló, es preciso despejar cualquier duda a la hora de actuar frente a él, ya que la culpa no sólo la tiene la debilidad del sistema inmunológico.
Ciertos hábitos considerados adecuados pueden en definitiva atentar contra la salud del paciente y todo su entorno. Por eso es preciso conocer cuánto de mito o verdad hay en cada situación:

Permanecer aislados:
Siempre se ha creído que la persona que padece gripe o resfrío, debe aislarse para no contagiar a otros. Lo cierto es que para el tiempo en que la persona haya mostrado los primeros síntomas de la gripe, ya será demasiado tarde. La mayoría de las enfermedades son contagiosas antes de mostrar los primeros síntomas.
Bajar la fiebre:
Ante un cuadro febril lo primero que todos hacemos es intentar bajar la fiebre. Pero no necesariamente debe ser así. La fiebre es la respuesta del sistema inmunológico que ayuda al organismo a defenderse. Una fiebre superior a 38,8 grados, en un bebé mayor de 6 meses, siempre debe ser tratada. Lo mismo ocurre si la fiebre es mayor a 37,8 grados en bebés de 0 o 2 meses de edad o a 38 grados, si la edad es de 3 a 6 meses. En el caso de las febrículas, su tratamiento podría prolongar el tiempo de la enfermedad, dado que numerosos microorganismos se vuelven inactivos cuando la temperatura corporal es elevada. Esta es la razón por la cual muchos médicos recomiendan esperar para ver qué ocurre con la fiebre.
Consumir vitamina C:
Se cree que tomar grandes dosis de vitamina C incrementan las defensas. Pero la verdad es que el cuerpo no acumula vitamina C, ya que el exceso lo elimina a través de la orina. En consecuencia, consumir suplementos de vitamina C cuando la dosis ya está cubierta no produce ningún efecto benéfico.
Protegerse con antibacterianos:
Muchas personas consideran necesario utilizar algún jabón antibacteriano. La verdad es que estos jabones no son necesarios y, en realidad, pueden causar que las bacterias se vuelvan resistentes, de acuerdo con algunos estudios científicos. La mejor alternativa a la hora de combatir los gérmenes sigue siendo el jabón común y el agua.

lunes, 15 de julio de 2013

Intolerancia alimentaria: ¿Una causa más del sobrepeso?




La intolerancia del organismo a ciertos alimentos se manifiesta a través de diferentes reacciones que presuponen un sorprendente aumento de peso en determinadas personas. Lo cierto es que nuestro sistema inmunológico está dispuesto a reaccionar ante cualquier elemento extraño, como las bacterias y los virus, y también tiende a manifestarse de manera adversa frente a los nutrientes que el organismo no digiere por completo.
Existen una serie de síntomas o signos que constituyen claras pruebas de intolerancia alimentaria como prurito, cólicos, malestar digestivo, entre otros. Además, se considera que las reacciones inmunológicas provocadas por la intolerancia alimentaria constituyen la base de varias afecciones, entre ellas el eccema, la sinusitis, la migraña, la artritis reumatoidea y el aumento de peso. Muchas personas logran bajar de peso y perciben una mejoría generalizada de la salud una vez que han identificando y eliminando de la dieta los alimentos problemáticos. Si los síntomas sugieren que puedes padecer intolerancia ali­mentaria, debes tratar de identificar el alimento que pueda ser la causa del problema. En algunos casos el alimento causante puede aparecer como obvio, pero si no es así, debes consultar al médico para realizarte las pruebas necesarias que determinen con exactitud qué alimentos no toleras.

Kilos de más, alimentos de menos

En algunas personas, los restos de alimentos no digeridos o digeridos en forma incompleta se suelen filtrar hacia la sangre a través de la pared intestinal y, al ponerse en contacto con el sistema inmunológico, disparan una reacción. Uno de los efectos de esta reacción es la retención de líquidos, lo que deriva en un inevitable aumento de peso. Los alimentos que pueden provocar problemas dependen de cada persona en particular. Algunas son sensibles a las proteínas de la leche de vaca y sus derivados, mientras que otras pueden reaccionar a los cereales o a las frutas cítricas.
Existen una serie de alimentos que pueden disparar la sensibilidad en individuos susceptibles. El trigo y los alimentos que lo contienen se cuentan entre los casos más frecuentes de intolerancia alimentaria. Las frutas cítricas y la leche vacuna producen sensibilidad en muchas personas. También el huevo, el tomate y las pastas pueden generar intolerancia.

Diferentes causas para un mismo problema

La intolerancia alimentaria se puede desarrollar desde los primeros meses de vida. La incorporación de alimentos en la dieta de los bebes, cuando el tracto intestinal y el sistema inmunológico aún no han madurado lo suficiente, suele provocar sensibilidad. En este sentido, se ha demostrado que los bebés amamantados tienen menos probabilidades de sufrir intolerancia alimentaria.

Por otro lado, parece que determinadas intolerancias alimentarias se deben a que cada día ingerimos más comidas con componentes que aún nuestro cuerpo no puede asimilar por completo. Por ejemplo, aunque hemos cultivado y consumido trigo durante miles de años, el trigo que ahora comemos es muy diferente que el de tiempos pasados. Con la leche pasa algo similar, ya que antes el hombre consumía fundamentalmente leche de cabra y de oveja, y no leche de vaca como lo hace en la actualidad.

Finalmente, los hábitos alimenticios o ciertas deficiencias orgánicas pueden causar intolerancia. Una masticación inadecuada o la falta de ácido estomacal o enzimas digestivas, puede provocar una mala digestión, mientras que un desequilibrio en los organismos de los intestinos pueden filtrar las partículas que no se digieren con normalidad.

Todo lo que debes saber sobre "las hormonas"



El cuerpo humano es una máquina perfectamente diseñada que funciona de manera armoniosa gracias a sus dos sistemas de comunicación: uno con el exterior y el otro a nivel interno. El primero es ni más ni menos que el sistema nervioso, mientras que el segundo es el conocido sistema endocrino. Este último transporta los “mensajes” en forma mucho más lenta y a través de las hormonas.
Las hormonas son sustancias químicas segregadas por diferentes tejidos y glándulas de forma directa a la sangre, por donde circulan hasta los distintos órganos donde realizan su trabajo específico. En definitiva, las hormonas regulan aquellos procesos esenciales para el normal desarrollo de nuestro organismo. La carencia o el exceso de hormonas puede desencadenar trastornos de distintas consideraciones, algunos hasta pueden llegar a ser mortales. Todos los problemas hormonales deben ser tratados por un médico clínico o endocrinólogo, quién además de diagnosticar el tipo de enfermedad, puede ofrecer una solución definitiva.

Las glándulas productoras de hormonas


Dentro de nuestro organismo pueden identificarse una cantidad de glándulas encargadas de producir la mayoría de las hormonas del sistema endocrino. Las más importantes son:
Tiroides: Esta glándula estimula el metabolismo general (asimilación y eliminación de nutrientes), cumple una función importante en el desarrollo desde la niñez y actúa sobre los ovarios.
Paratiroides: Cumple una función muy específica ya que es la encargada de controlar la concentración de calcio y fosfato en la sangre.
Hipófisis: Quizá una de las que más influye sobre el resto de las otras glándulas. Controla el crecimiento de los huesos, regula la función del tiroides, afecta la acción de las glándulas gónadas, influye sobre el funcionamiento de las glándulas suprarrenales, produce sustancias que interactúan con las sustancias que segrega el páncreas, actúa sobre el paratiroides, incrementa la presión sanguínea, controla el funcionamiento renal (la secreción de orina) y estimula la contracción del músculo uterino (en el parto). Además segrega dos hormonas importantes: la prolactina (que estimula la formación de leche en las glándulas mamarias) y la melanotropa (que estimula a las células productoras de pigmentos).
Suprarrenales: Son glándulas que controlan la concentración de sales y de agua en los líquidos corporales, intervienen en la formación de azúcar a partir de proteínas y para su almacenamiento en el hígado, actúan frente al estrés físico y emocional, segrega sustancias que afectan a los caracteres sexuales secundarios y, sobre todo, produce dos hormonas claves para estimular el sistema circulatorio y nervioso simpático: la adrenalina y noradrenalina.
Páncreas: Una glándula fundamental del sistema digestivo. Segrega dos hormonas: insulina y glucagón que regulan el metabolismo de los hidratos de carbono y el nivel de azúcar en sangre.
Gónadas: Producen hormonas que intervienen en el desarrollo sexual y la reproducción. La testosterona es la hormona que define los caracteres sexuales masculinos en el hombre, mientras que los estrógenos y la progesterona controlan el ciclo de menstruación, ovulación y embarazo en la mujer.

Hormonas: Mucho más que sustancias químicas

Las glándulas que segregan hormonas se denominan endocrinas porque su función se desarrolla dentro del cuerpo; por el contrario, las exocrinas (como las sudoríparas) liberan sus productos al exterior. Cuando una hormona llega por sangre al órgano receptor, éste reacciona aumentando o disminuyendo una función que, en ciertos casos, puede ser la liberación de otra hormona que, a la vez, regula otra función. Se da así una cadena de mensajes que se van transmitiendo de un órgano a otro a través de las sustancias químicas.
En la mayoría de los casos la presencia de una hormona en sangre actúa "reteniendo" la liberación de más cantidad de la misma hormona, pero en el caso del ciclo menstrual es al revés: la presencia de estrógeno estimula a una mayor producción de estrógeno.
Hoy la ciencia ha demostrado que el sistema nervioso no sólo controla al endocrino, sino que además establece una vía de comunicación estratégica entre un estímulo externo y una respuesta o reacción interna. El encargado de esta unión es una parte del cerebro: el hipotálamo. A su vez, muy cerca de él se encuentra la pequeñísima glándula hipófisis, que complementa de alguna forma la función central del hipotálamo. Así es como la mayoría de las secreciones endocrinas de nuestro organismo dependen de la hipófisis. La cadena de mensajes que se establece se puede sintetizar de la siguiente forma: el sistema nervioso central recibe una señal interna o externa; luego las neuronas del hipotálamo segregan neurohormonas que actúan sobre la hipófisis; posteriormente la hipófisis segrega hormonas que actúan sobre las glándulas endocrinas, y finalmente las glándulas endocrinas liberan sus hormonas a la sangre.

Los problemas hormonales más comunes


El mal funcionamiento de una glándula conduce a una inadecuada producción hormonal (por carencia o exceso) que afecta directamente el funcionamiento del organismo, generando así trastornos en la salud de distinta gravedad. Los principales problemas hormonales son:
Hipotiroidismo e hipertiroidismo: Son dos enfermedades producidas por una disfunción de la glándula tiroides. La insuficiencia de hormonas que da lugar al hipotiroidismo genera un decaimiento general del metabolismo y puede llegar a producir un importante sobrepeso. Por su parte, el exceso de hormonas que provoca el hipertiroidismo acelera notablemente el metabolismo y se manifiesta con nerviosismo, irritabilidad, pérdida de peso y alteraciones en el ciclo menstrual.
Diabetes: La insuficiencia de hormonas secretadas por el páncreas produce una alteración del metabolismo de los hidratos de carbono, aumentando de manera excesiva los niveles de azúcar en la sangre. Esto da lugar a un tipo de diabetes, que si no se trata a tiempo, puede provocar hasta la muerte.
Osteoporosis: Las mujeres que han pasado la menopausia suelen sufrir una importante disminución en sus niveles de estrógenos, lo que las predispone a una reducción en su densidad ósea, generando casos de osteoporosis.
Trastornos del crecimiento: El exceso o la carencia de la hormona del crecimiento da lugar a diferentes problemas como el gigantismo o el enanismo. En general, este tipo de trastorno se detecta desde los primeros meses de vida.

Procesos de acción de las hormonas más famosas

Los órganos que reciben la señal de las hormonas liberadas por la glándula hipófisis actúan, muchas veces, liberando nuevas hormonas. Tal es el caso de la tiroides, la glándula suprarrenal, el páncreas, la paratiroides, los ovarios y los testículos. Pero las hormonas hipofisiarias también funcionan directamente sobre los órganos a los que llegan o sobre determinados procesos. La hormona del crecimiento,  generada por la hipófisis, que es fundamental para el crecimiento humano puede ser un claro ejemplo: estimula la secreción por el hígado de la hormona somatomedina, que provoca la formación de hueso pero también activa la síntesis de proteínas y el metabolismo de las grasas. Al mismo tiempo, son el ejercicio, el estrés, la disminución de la ingestión de glucosa, la insulina y los estrógenos quienes activan la secreción de la hormona del crecimiento.
Los procesos de acción sobre el organismo de las hormonas definen en gran medida la mayoría de las transformaciones que el cuerpo realiza a nivel interno y que se perciben a través de diferentes manifestaciones corporales y del carácter. Los más característicos son:

Pubertad: en esta etapa de la vida la actividad de la hipófisis implica un incremento en la secreción de determinadas hormonas y se presenta con importantes cambios en la estatura y en los rasgos físicos.
Ritmos corporales circadianos: estos ritmos son variaciones diarias de los niveles en sangre de algunas hormonas generalmente relacionadas a los momentos de luz y de oscuridad. Por ejemplo, los niveles de cortisol, hormona liberada por las glándulas suprarrenales, aumentan todas las mañanas justo antes del despertar de modo tal que el nivel de glucosa en la sangre sube para contrarrestar el efecto producido por el ayuno nocturno.
Ciclo menstrual: dura unos 28 días y se inicia por la acción de una hormona liberada por la hipófisis (folículo estimulante) que estimula a los ovarios que son los encargados de producir mensualmente los óvulos que pueden llegar a ser fecundados. A su vez, los ovarios producen hormonas (estrógenos y progesterona) que hacen que el endometrio se vuelva más grueso. Otra hormona (luteinizante) interviene provocando que el ovario libere al óvulo maduro (ovulación) unos quince días antes del siguiente periodo. El óvulo va hacia el útero, pero si en el camino es alcanzado por un espermatozoide se produce la fecundación y el consiguiente embarazo. Si esto no ocurre el endometrio deja de recibir las hormonas que necesita entonces se rompe y es eliminado durante la menstruación.
Menopausia: alrededor de los 50 años la disminución de la función de los ovarios causa la suspensión de la menstruación. La falta de hormonas ováricas produce una serie de cambios a nivel orgánico, nervioso y psicológico. Si se efectúa un reemplazo de las hormonas faltantes, estos cambios pueden aminorarse notablemente.  En el hombre también se han registrado ciertos cambios hormonales en esta edad, dando lugar a un proceso conocido como andropausia. Aunque aun no se ha determinado si su existencia es casual o funcional.

sábado, 13 de julio de 2013

¿Proteínas de origen animal o vegetal?




Puesto que sólo asimilamos aminoácidos y no proteínas completas, el organismo no puede distinguir si estos aminoácidos provienen de proteínas de origen animal o vegetal. Comparando ambos tipos de proteínas se puede considerar:
 
  • Las proteínas de origen animal son moléculas mucho más grandes y complejas, por lo que contienen mayor cantidad y diversidad de aminoácidos. En general, su valor biológico es mayor que las de origen vegetal. Como contrapartida son más difíciles de digerir, puesto que hay mayor número de enlaces entre aminoácidos por romper. Combinando adecuadamente las proteínas vegetales (legumbres con cereales o lácteos con cereales) se puede obtener un conjunto de aminoácidos equilibrado. Por ejemplo, las proteínas del arroz contienen todos los aminoácidos esenciales, pero son escasas en lisina. Si las combinamos con lentejas o garbanzos, abundantes en lisina, la calidad biológica y aporte proteico resultante es mayor que el de la mayoría de los productos de origen animal.
  • Al tomar proteínas animales a partir de carnes, aves o pescados ingerimos también todos los desechos del metabolismo celular presentes en esos tejidos (amoniaco, ácido úrico, etc.), que el animal no pudo eliminar antes de ser sacrificado. Estos compuestos actúan como tóxicos en nuestro organismo. El el metabolismo de los vegetales es distinto y no están presentes estos derivados nitrogenados. Los tóxicos de la carne se pueden evitar consumiendo las proteínas de origen animal a partir de huevos, leche y sus derivados. En cualquier caso, siempre serán preferibles los huevos y los lácteos a las carnes, pescados y aves. En este sentido, también preferiremos los pescados a las aves, y las aves a las carnes rojas o de cerdo.
  • La proteína animal suele ir acompañada de grasas de origen animal, en su mayor parte saturadas. Se ha demostrado que un elevado aporte de ácidos grasos saturados aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
En general, se recomienda que una tercera parte de las proteínas que comamos sean de origen animal, pero es perfectamente posible estar bien nutrido sólo con proteínas vegetales. Eso sí, teniendo la precaución de combinar estos alimentos en función de sus aminoácidos limitantes. El problema de las dietas vegetarianas en occidente suele estar más bien en el déficit de algunas vitaminas, como la B12, o de minerales, como el Hierro.

domingo, 9 de junio de 2013

Guía práctica para renovar el organismo





Existen una serie de métodos prácticos y efectivos que pueden utilizarse para corregir el funcionamiento de algunos órganos que han quedado intoxicados por años de mala alimentación, exceso de peso corporal, tabaco, alcohol y la ingesta de demasiadas grasas, sumado a un estado de sedentarismo total.
Estos métodos son concebidos como guías o consejos prácticos de reeducación fisiológica y consideran que, como consecuencia directa de los malos hábitos que llevan las personas durante mucho tiempo, ciertos órganos del cuerpo ya no funcionan adecuadamente e inciden en la vitalidad y energía de todo el cuerpo, además del aspecto estético y la salud en general. Muchos problemas de fatiga crónica, sobrepeso constante, estrés y ansiedad son producto de una falta de educación fisiológica; para ello es necesario considerar a la alimentación sana, la actividad física regular y el descanso adecuado como pilares fundamentales para conseguir un óptimo estado de salud o buena forma física.

Las claves para evitar los excesos de comida

Comer en exceso es un mal hábito que la mayoría de las personas cometen, pero esto no sólo produce un sobrepeso sino que afecta el normal funcionamiento del estómago, intestino, hígado y páncreas. El exceso de comida frecuente trae como primera consecuencia el agrandamiento del estómago lo que genera un circulo vicioso: cada vez se come más y por ende se engorda más. Con kilos de más el cuerpo siente pesadez, falta de movilidad, dolores de espalda y cintura, y una menor resistencia física. Para que el estómago vuelva a la normalidad y el hambre voraz desaparezca hay que tener en cuenta los siguientes lineamientos básicos:

  • Comer despacio y masticar bien los alimentos.
  • Consumir alimentos fáciles de digerir. Evitar las carnes con muchos nervios o las verduras muy fibrosas.
  • Evitar las bebidas gaseosas y los alimentos que producen gases.
  • Tratar de comer siempre a las mismas horas con igual cantidad de alimentos por vez.
  • Dividir los alimentos en 6 comidas diarias en vez de cuatro, agregando una colación a media mañana y media tarde.
  • Adecuar la cantidad de alimentos a la actividad física que se realiza.
  • Beber líquidos frescos y fríos periódicamente. Además de producir sensación de saciedad contraen el estómago produciendo a la larga una reducción del mismo.
  • Evitar beber líquidos calientes, siempre deben consumirse tibios.

*Estos consejos te ayudarán a reeducar tu estómago y a adquirir hábitos saludables para aplicarlos como parte de un nuevo estilo de vida: más sano y libre de toxinas. 

Intestinos en forma para un cuerpo nuevo 

Un correcto funcionamiento intestinal es indispensable para mantener el peso y conservar la salud. Pues aquello que no se elimina se acumula, y por ende termina intoxicando al organismo. Para normalizar este órgano es preciso ir de cuerpo las veces necesarias por día para evitar la acumulación de desechos tóxicos. Y como todas las cosas, existen consejos útiles para lograr que eso suceda:

  • Masticar bien los alimentos.
  • Comer de manera regular, en los mismos horarios y con la misma cantidad de comida.
  • Beber mucho agua diariamente.
  • Consumir mucha fibra (presentes en las frutas, verduras y cereales integrales).
  • Realizar ejercicios abdominales al levantarse.
  • Tratar de ir de cuerpo una vez al día, a la misma hora y si es posible después de levantarse.
  • Desayunar jugo de naranjas (antes que otra cosa), pan integral  tostado con queso y leche descremada.

*Debes transformar estos consejos en hábitos cotidianos hasta conseguir un “intestino en forma”. Aunque jamás deberías abandonarlos si deseas un organismo limpio y puro de por vida.