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lunes, 14 de mayo de 2018

Personas tóxicas... ¿soy una de ellas?



A través de un ejercicio de auto indagación profundo y sincero podremos determinar si somos personas tóxicas para los demás o lo que es aún peor, para nosotros mismos. Porque antes de mirar la paja en el ojo ajeno, debemos mirar la viga en el propio… Una frase bíblica que invita a dejar de etiquetar a las personas y a las situaciones, para comenzar a mirar nuestro propio comportamiento, nuestra propia personalidad y nuestra propia interacción con el mundo. A continuación expongo cuatro claves para convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.
 
La primera pregunta que debemos hacernos y que puede evidenciar un cierto nivel de toxicidad en nuestra vida, sobre todo a nivel de pensamientos y actitudes, es: ¿tendemos a juzgar a los demás? Porque siempre el juicio ajeno habla más de nosotros mismos que de los demás. En este sentido una práctica de mejoramiento y crecimiento personal tiende a ejercitar el “no juzgar a nada ni a nadie”, o al menos a intentarlo cada vez con más frecuencia. Casi que parece un acto de resignación, pero en realidad es una valiente actitud de aceptación. Porque para cambiar algo, primero hay que aceptarlo. 
 
La segunda cuestión es indagar sobre las tendencias que nos llevan a invertir la mayor cantidad de tiempo en nuestras vidas, pues de ello depende directamente lo que estamos cultivando: insana toxicidad o saludable sabiduría. Por ejemplo, a qué nos sentimos más atraídos… a la pereza de consumir malas noticias y chismerío, o al aparente esfuerzo de expandir los límites de nuestro intelecto. Por ejemplo leer libros —sean de autoayuda o ficción— nos permite estimular la creatividad en nuestra vida y a convertirnos en personas más interesantes porque incrementamos nuestro nivel de comprensión. Así la interacción con los demás adquiere otro nivel.
 
El tercer aspecto que deberíamos considerar es si el miedo traducido en evidente negatividad y pesimismo inunda cada pensamiento y cada palabra que pronunciamos. Porque de ser así tendemos a aislarnos con nuestra propia visión negra del mundo y nos convertimos en intolerantes y menos compasivos con los demás, tratando de imponer siempre nuestro punto de vista. Al hablar de lo malo que son las cosas, solemos automáticamente desconectar con lo que les sucede a los demás. Oímos y gesticulamos en una charla, pero no escuchamos ni interactuamos de verdad. Aquí es el punto donde el ego, eso que creemos que nos define como seres humanos únicos, se impone frente a lo que verdaderamente somos. Dejar de prestarle atención al ego nos invita a tener intereses más elevados en la vida.
 
El último punto está relacionado con tres palabras que solemos malinterpretar: disciplina, sacrificio y prioridades. La disciplina no es más que la perseverancia sostenida en el tiempo, y las personas perseverantes suelen ser más inspiradoras que tóxicas. Por su parte, el sacrificio significa “oficio sagrado” e implica considerar a todo lo que hacemos sea sagrado, sublime e importante. Nada tiene que ver con hacer cosas a desgano o por obligación, al contrario un sacrificio en nuestras vidas es una forma de venerar aquello que hacemos… desde lo más simple hasta lo más profundo y complejo. Y finalmente las prioridades son decisiones que tomamos a cada momento y que a veces no se ajustan a una rígida agenda de vida, pues precisamente la vida es imprevisible e imperfecta, y comprender eso nos permite descubrir la belleza que se encuentra en todos y todo. El tiempo es algo finito y mental, aprender a administrarlo nos cambia el sentido que tenemos de él. Un mecanismo interior de prioridades nos invita a vivir e interactuar con cierta templanza, paciencia y sabiduría, y dejamos de correr tras cosas que sólo son ilusiones de una mente condicionada y tóxica.

martes, 24 de octubre de 2017

La importancia de "verse bien" en tiempos de smartphones




Hablar de imagen estética parece un tema superficial y en cierto sentido lo es, pues la estética es aquello que se ve en la superficie. En tiempos donde la tecnología se ha puesto al servicio del narcisismo con las famosas “selfies” o autorretratos publicados a través de redes sociales, la belleza física ha adquirido otra dimensión… la del surrealismo o la de la expresión de deseo materializada en una imagen. Pero detrás de este fenómeno se esconde un aspecto tan polémico como beneficioso.

Verse bien, estética y físicamente, ha sido muchas veces subestimado por considerarlo un tema superficial. Sin embargo creo que puede ser una de las claves para sentirse auténticamente bien. Pues aquí se plantea el dilema de que es primero, el huevo o la gallina, ya que la cuestión es si debemos vernos bien para sentirnos bien o viceversa. Vivimos en una época donde la trascendencia del ser humano es un propósito que define la vida de muchas personas, convertido en ocasiones en una interminable búsqueda interior y de autoconocimiento. Complementario a la cuestión meramente espiritual o del Ser, están la biología, la neurociencia y la psicología humana, que echan luz sobre cuestiones tan banales (y no tanto) como la imagen estética, la belleza exterior y el bienestar físico.
Hoy en día en tiempos de teléfonos inteligentes o smartphones un simple clic lo puede cambiar todo, y más aún, puede evidenciar realmente cómo estamos, pero no exteriormente sino internamente. Aquí es cuando “verse bien” adquiere un sentido mucho más profundo que interactúa con aspectos cerebrales determinantes en el modo de definirse como un ser exitoso o fracasado.
Cuando uno se anota en un gimnasio y al poco de comenzar abandona, no suele ser una cuestión de gusto o fatiga, sino más bien de autoestima. Sí, aquel que se quiere y estima de verdad va a procurar trabajar sobre su aspecto, sobre su imagen, sobre su estética, ya que su deseo de verse bien supera las barreras del narcisismo y lo empodera para alcanzar en forma exitosa sus propósitos y metas en la vida personal, profesional y social. Cuidar el envase por el que nos movemos en la vida, y a través del cual los otros nos reconocen, es tan importante como el contenido, sino no podemos trascender, tocar la vida de alguien, inspirarnos e inspirar a otros. Dejarse estar escudándose en las obligaciones del día a día, el trabajo, los problemas económicos, los hijos, los padres, la agenda social abarrotada de compromisos, son excusas que suenan muy lindo para esconder un problema real y concreto de baja autoestima. Y si sumamos el tabú de que muchas personas grandes y no tanto consideran que hacer terapia o ir al psicólogo es para los locos, el círculo del auto convencimiento de que las cosas son así y así se quedan se vuelve vicioso.
Hemos naturalizado comportamientos y condiciones físicas que nada tienen que ver con la biología y psicología de los seres humanos, como el envejecimiento y la deformación estética a lo largo de los años… ¡Mentiras! Verse bien no es una cuestión de los 20 o los 30, verse bien es para toda la vida. Quien se ve bien siente una energía casi repelente que contagia y genera un clima de éxito allí donde su presencia se note. Y los recursos hoy en día están al alcance de la mano, incluso algunos muy polémicos como las imágenes retocadas con Photoshop o con un filtro de belleza nivel 10. Pero ese es un buen comienzo: sacarse una foto que nos muestre joviales, sin arrugas y con un rostro radiante. Aunque sea surrealista o parte de una imaginación, entre esto y la realidad está la autoestima detrás. Cuando miramos una selfie que nos gusta eso pone en marcha mecanismos neurológicos complejos que alientan un estado de bienestar real a través de la segregación de hormonas asociadas a la felicidad. ¿Con eso alcanza? Claro que no, pero es importante comprender que por un lado debemos comenzar a romper el círculo vicioso de la dejadez. A medida que comprendamos que la estética es una cuestión de autoestima y crecimiento personal, tenderemos a hacer cosas por nosotros mismos que demuestren cuánto nos queremos de verdad… comer más sano, mover el cuerpo, meditar, beber agua, respirar de forma pausada y consciente, disfrutar de la naturaleza, no discutir, evitar juzgar, comprender a los demás, etc.  El resultado final de una vida con alta autoestima es una sensación de bienestar alentada por la vitalidad de nuestro organismo y la radiante imagen de nuestra estética corporal. Y llegará el momento en que antes de sacarnos una foto, procuraremos bajar el nivel de belleza del teléfono a 0, pues no lo necesitaremos más.

martes, 10 de junio de 2014

Más ejercicio para una mayor autoestima



Las actividades físicas no sólo permiten perder algunos kilos de más y modelar el cuerpo, sino que también contribuyen en otros aspectos tan importantes como la autoestima y la propia valoración como personas. El concepto que tenemos de nosotros mismos se ve positivamente modificado cuando se comienza a practicar algún deporte con constancia y dedicación, ya que la imagen exterior comienza a verse diferente. Muchas veces enfrentamos el espejo y pensamos que la imagen reflejada en él no es el reflejo de lo que realmente somos en nuestro interior. Por eso debemos cambiar esa imagen externa por otra más sólida y esbelta, que nos denote seguridad y confianza en nosotros mismos.

Cuando no estamos en forma estamos incómodos con nuestro cuerpo, el mismo nos está representando mal y poniendo de manifiesto que faltan fuerzas para atreverse al cambio y que existe una evidente falta de control interno. En este marco, animarse a dedicar un poco de tiempo, no sólo a nuestro cuerpo sino también a nuestra salud, y mantener la constancia hasta comenzar a ver los resultados, ayudará a ver que nuestro cuerpo no es un obstáculo y que puede servir como manifestación de la fuerza y de la voluntad internas, convirtiéndose en un auténtico reflejo de vitalidad y empeño. Todos estos aspectos positivos contribuyen a elevar notablemente la autoestima y nos ayudan a valorar nuestras capacidades físicas y mentales.

Trabajar el cuerpo para vivir mejor

A medida que se modifica el concepto sobre nuestra imagen corporal , también crecen las expectativas con respecto a nosotros mismos y a nuestros objetivos. Es decir que a partir de un cambio externo, existen más posibilidades de darnos cuenta de que podemos obtener más cosas de las que tenemos, y más allá del aspecto material. Comenzamos a sentir la sensación de tener el control sobre nuestra propia vida y a ver que es posible modificar tal o cual situación. Por lo tanto tenemos más energías para encarar una búsqueda laboral, pedir un aumento de salario o retomar algún estudio que hemos dejado de lado.

Los efectos psicológicos del entrenamiento físico actúan en nosotros de una forma casi mágica: demuestran que es posible conquistar el propio cuerpo y que es posible hacer lo mismo con la vida personal. Asimismo, la actividad física modifica positivamente la manera de relacionarnos con los demás y, por lo tanto, podemos conseguir vínculos más sólidos en los que podamos interactuar con total comodidad. Todos estos cambios internos, sin dudas abren las puertas a mejores oportunidades personales, debido a que aprendemos a relacionarnos con los demás, con nosotros mismos y con nuestro entorno de manera positiva y optimista.

Combatir el estrés y vivir más


Las preocupaciones, el estrés y las tensiones cotidianas se acumulan paulatinamente en diferentes lugares del cuerpo y de la mente, manifestándose en forma de pensamientos negativos, ideas irracionales, contracturas, dolores musculares, dolor de espalda y otras afecciones que nos molestan,  y que además nos absorben una valiosa energía.
En cambio, cuando dedicamos unos minutos diarios a nosotros, dejamos de lado el estrés y cultivamos una actitud diferente frente a los problemas. Pues la ejercitación física es en sí misma una forma de liberar tensiones y nos ofrece la posibilidad de detener parcialmente los pensamientos, ya que nos obliga a concentrar todo nuestro esfuerzo físico y mental sobre los ejercicios. Por otra parte, la reacción química que se produce, a través de la liberación de endorfinas, nos provee una sensación de bienestar tanto psíquica como física.
Por otra parte, el entrenamiento físico adecuado nos permite desarrollar y modelar los músculos caídos, mejorando nuestro tono muscular y nuestra imagen corporal total. Si a esto le añadimos el aumento de la energía, la densidad ósea y la mejora en la postura, obtenemos un cuerpo revitalizado y atractivo. Así, podemos conservarnos jóvenes y saludables por más tiempo, con una fuerza y un poder interior ampliamente positivo.

viernes, 28 de marzo de 2014

Cuerpo activo: El mejor estímulo mental



La mayoría de las personas desean verse y sentirse bien, aunque muy pocas hacen todo lo necesario para alcanzar ese objetivo. En general, esta realidad se debe a la ausencia del factor más importante en la búsqueda de un cuerpo aceptable: la motivación. Todos reconocemos que la motivación permite conseguir cosas que en principio parecen imposibles, pero las ganas y la decisión de lograrlo, junto a la constancia y al trabajo pueden hacer realidad cada meta que nos proponemos. Por lo tanto, si la intención es comenzar a dedicarle un poco de tiempo a la imagen corporal, y a estar mejor con uno mismo, el primer paso es motivarse y comenzar alguna actividad física para cumplir con los objetivos planteados.
Por otra parte, una decisión como ésta no sólo trae beneficios para la silueta y la salud, sino además refuerza nuestro autoestima y la confianza en nosotros mismos; es decir, produce el estímulo mental necesario para alcanzar la plenitud total. Parece increíble que primero necesitemos motivarnos mentalmente para trabajar el cuerpo, y luego obtener un nuevo estímulo que nos permita sentirnos bien de verdad. 

Más ejercicio para un mayor autoestima

Las actividades físicas no sólo permiten perder algunos kilos de más y modelar el cuerpo, sino que también contribuyen en otros aspectos tan importantes como la autoestima y la propia valoración como ser humano. El concepto que tenemos de nosotros mismos se ve positivamente modificado cuando se comienza a practicar algún deporte con constancia y dedicación, ya que la imagen exterior comienza a verse diferente. Muchas veces enfrentamos el espejo y pensamos que la imagen reflejada en él no es el reflejo de lo que realmente somos en nuestro interior. Por eso debemos cambiar esa imagen externa por otra más sólida y esbelta, que nos denote seguridad y confianza en nosotros mismos.
Cuando no estamos en forma estamos incómodos con nuestro cuerpo, el mismo nos está representando mal y poniendo de manifiesto que faltan fuerzas para atreverse al cambio y que existe una evidente falta de control interno. En este marco, animarse a dedicar un poco de tiempo, no sólo a nuestro cuerpo sino también a nuestra salud, y mantener la constancia hasta comenzar a ver los resultados, ayudará a ver que nuestro cuerpo no es un obstáculo y que puede servir como manifestación de la fuerza y de la voluntad internas, convirtiéndose en un auténtico reflejo de vitalidad y empeño. Todos estos aspectos positivos contribuyen a elevar notablemente la autoestima y nos ayudan a valorar nuestras capacidades físicas y mentales.

viernes, 21 de marzo de 2014

Ejercicios de "purificación mental"



Para mantener una buena salud mental es importante practicar ejercicios mentales. Estos ejercicios tienen como objetivo purificar nuestra mente y librarnos de los pensamientos y sentimientos reprimidos. Así, nuestra actitud mental frente a los problemas cotidianos puede cambiar a favor de una vida más plena y llena de felicidad. Para que ello efectivamente sucede, sigue con atención cada uno de los siguientes ejercicios:

Ejercicio 1: Identifica los sentimientos; sean tus propios sentimientos, o los sentimientos ajenos. Existen bastantes adjetivos más allá de "buenos" o "malos". Cada uno de nosotros experimenta una amplia gama de sentimientos, y lo que es verdaderamente importante es poder distinguir los positivos de los negativos, para poder expresarlos con propiedad, en la forma y en el lugar adecuado. Esto debe ser materia de importancia para todos, ya que los sentimientos reprimidos (ira, rencor, cólera, rabia, enfado, envidia, miedo, celos, despecho, agravio, decepción, fracaso, conflicto interior, agresión, vacío y resentimiento, entre otros) traen resultados muy dañinos para la salud mental (depresión). Si no expresas lo que sientes en el momento en qué debes hacerlo, de seguro, terminarás por desquitarte con otra persona completamente ajena a la situación que te generó el sentimiento reprimido.
Ejercicio 2: Descubre siempre la verdadera razón de tu disgusto o tu mal humor, y a partir de ello, expresa tus sentimientos de manera serena y coherente; y de ser necesario, discute y ventila la situación con una persona equilibrada, objetiva y de tu total confianza. Practícalo, y verás como de inmediato comienzas a pensar con más claridad, a controlar tus sentimientos adecuadamente, y también a comprender mejor los sentimientos de las personas que te rodean. 
Ejercicio 3: Sé concreto cada vez que quieras encontrar una solución positiva a cada problema que afecte tus sentimientos. Es muy frecuente dar vueltas y vueltas a un problema, sin avanzar ni un milímetro en la búsqueda de soluciones. Esto sucede porque nos cuesta aceptar el desafío de superar las barreras que nos impone la vida a cada momento.  
Ejercicio 4: Canaliza ese mundo de tensiones en el cual te has dejado atrapar, y dirige toda tu energía y potencialidad hacia metas provechosas, dignas y concretas. Nada mejor que intentar nuevas actividades recreativas para fomentar la creatividad mental y romper con la rutina diaria. También practicar una actividad física es ideal para incrementar la sensación de plenitud y placer mental. Al cabo de un tiempo, cuando te familiarices con esta nueva actitud, más positiva y desenfadada, te sorprenderás del control que puedes ejercer sobre el manejo de tu propia vida.

Expresa lo que sientes y vive sin culpas



Para disfrutar de la vida en plenitud es necesario alcanzar una óptima salud mental, además de intentar conservar un equilibrio emocional sano y coherente. La medicina actual y la psicología ponen a nuestro alcance tratamientos que pueden prevenir, mejorar y curar cualquier tipo de enfermedad relacionada con nuestra mente, sin embargo ciertas creencias sociales y culturales alejan cada vez a las personas de los psicólogos y psiquiatras. Es preciso entender que las patologías o enfermedades mentales, muchas veces  involucran malos funcionamientos biológicos que necesitan una urgente atención profesional. 
Un individuo que manifiesta alguna dolencia que compromete su salud mental, necesita ayuda no sólo para combatir la enfermedad, sino también para hacerle frente a los problemas cotidianos. Muchos psiquiatras consideran que los elementos fundamentales de una buena salud mental son la autoestima y la capacidad de sentir compasión por otras personas. Asimismo, se ha demostrado que grado de optimismo, seguridad y ánimo, se encuentran totalmente vinculados  con nuestra autoestima, lo que a su vez refleja el nivel de vigor y plenitud (tanto física como mental) de cada uno de nosotros.
Por el contrario, los malos pensamientos y los sentimientos reprimidos no hacen más que alterar nuestras emociones y terminan siempre afectando nuestra salud mental. Para ello, existen medidas que ayudan a prevenir potenciales enfermedades mentales (depresión, ansiedad, etc.); como por ejemplo, la “purificación mental”. 

Conservar lo bueno y desechar lo malo

La “purificación mental” es una técnica muy sencilla que consiste en llevar a cabo ejercicios mentales para promover el optimismo y los pensamientos positivos desechando los sentimientos negativos y las actitudes pesimistas. Además, al purificar la mente se crea un campo favorable para reforzar la imagen que cada uno tiene de sí mismo, elevando la autoestima y potenciando los aspectos más productivos de nuestra propia personalidad. La autoestima es fundamental para que todo ser humano desarrolle al máximo sus capacidades y pueda alcanzar el máximo grado de plenitud física y mental.
En general, las personas con una baja autoestima actúan en sus vidas como inútiles, dependientes, fracasadas y con un miedo exacerbado; estos factores, conducen muchas veces a desconectarse de la realidad, y en otros casos, a presentar síntomas depresivos importantes, lo que genera serios problemas personales, familiares y sociales.
Para cultivar una autoestima a “prueba de todo” es necesario fomentar una personalidad firme y convincente, libre de todo tipo de contaminación mental. Esto es, defender las ideas propias y hacerse cargo de las consecuencias en caso de enfrentamientos con otras personas. Defender una postura y fomentar una visión optimista de los problemas es fundamental para ganar confianza en un mismo y conservar una salud mental fuerte y pura.

sábado, 11 de enero de 2014

¿Por qué hacer ejercicio físico regularmente?



Como ocurre con las dieta, el cumplimiento de un programa de entrenamiento físico es todo un desafío. Además de interpretar como estilo de vida la importancia del ejercicio en la búsqueda del peso ideal, es necesario considerar algunos aspectos propios del ejercicio que se presentan como un camino único para bajar de peso en forma definitiva, y sin tener que llegar a someterse a una dieta alimentaria eterna. De ahí, la necesidad de hacer ejercicio para conseguir resultados exitosos.
En principio, el ejercicio, además de ser un modo de gastar energía y mejorar la salud, puede aumentar la autoestima, ofrecer motivación, reducir la ansiedad y proteger al organismo contra el estrés (un factor que propicia el exceso de ingestión de alimentos). Por ejemplo, en una persona que intenta perder peso los cambios psicológicos favorables pueden aumentar el cumplimiento de la dieta. El ejercicio puede tener este efecto incrementando un sentido general del autocontrol.
Por otro lado, el ejercicio puede minimizar la pérdida de masa muscular. Se ha demostrado que hasta un 25% de la pérdida de peso conseguida únicamente a través de una dieta puede ser músculo en lugar de grasa. La gente con exceso de peso suele tener una mayor cantidad de masa muscular además de grasa, pero la pérdida de tejido muscular durante la dieta puede llegar a ser peligrosa si el cuerpo agota las reservas de proteínas en algunas de sus áreas esenciales. El porcentaje de pérdida de músculo disminuye sustancialmente cuando el ejercicio se combina con la dieta. Así, el cuerpo sólo pierde la grasa y conserva el músculo. 

Ejercicio físico para perder peso en reposo

A largo plazo, la dietas que prescinden de la actividad física no funcionan porque no generan la condición necesaria para que el organismo pueda mantener su peso corporal. En cambio, el ejercicio físico puede contrarrestar el declive metabólico que produce la dieta. La restricción de calorías produce una rápida reducción del ritmo en el metabolismo basal, o sea, la cantidad de calorías que el cuerpo consume en estado de reposo. Este declive puede ser hasta del 20%, y puesto que el metabolismo basal implica nada menos que entre el 60 y el 70% del gasto de energía total, frenar la caída del mismo es algo a tener muy en cuenta. Esta reducción del metabolismo basal explica en gran medida la situación de estabilización que alcanzan muchas personas que hacen dieta, interrumpiendo su nivel de pérdida de peso incluso cuando la ingesta de calorías sigue siendo la misma.
Por su parte, el ejercicio físico aumenta la tasa metabólica basal, permitiendo quemar una mayor cantidad de calorías en reposo y sin condicionar el proceso a una dieta alimentaria. Tal es así, que el entrenamiento físico continuo y regular es el único que permite mantener el peso corporal ideal a través del tiempo, cosa que no sucede con las dietas. Porque está claro que el organismo no puede vivir sometido a una restricción calórica constante (como sucede con una dieta), pero si puede adaptarse sin problemas al ejercicio físico diario.

martes, 19 de noviembre de 2013

Claves para construir la mejor personalidad (3ª parte)



Aprende a ayudar a los demás
E1 resfrío, el dolor de cabeza crónico, de espalda, de estómago, el asma y la artritis son algunos de los problemas que pueden aliviar­se por el simple hecho de brin­dar una mano a quienes la ne­cesiten. El ayudar a los demás produce una sensación de bie­nestar. Tal como sucede con quienes practican un deporte regularmente, las personas que brindan ayuda en forma regular pueden llegar a experimentar un flujo de endorfinas (químicos del cerebro que levantan el ánimo y equilibran el sistema inmunitario).
El responsable de la motivación para ayudar es el altruismo. Pero algunas personas tienen más oportunidades de desarrollarlo que otras. El altruismo es como un músculo, si no se usa, se atrofia. Si desea aprender a utilizarlo, presta atención a los siguientes consejos:
• Para lograr un mayor beneficio, establece un contacto directo con la persona a quien deseas ayudar. Esto es mejor para la salud que brindar ayuda económica a través de una entidad, es decir, sin comunicarse cara a cara con la otra persona. Los beneficios más significativos se logran ayudando a personas desconocidas. Evita brindar ayuda por obligación o por sentirte culpable de algo.
• No te dejes abrumar por los resultados, debes concentrar todos tus esfuerzos en la alegría de ayudar a otros, más que en el éxito de tu propia acción.
• Acepta tus limitaciones y fije tu propia forma de trabajar, pero sin sentir presiones. 

Cultiva diferentes facetas de tu personalidad
Los psicólogos han descubierto que quienes presentan una mayor cantidad de facetas dentro de su personalidad son más saludables físicamente. La razón es concreta: cuando una de sus facetas está herida o bajo un estado de estrés, estas personas tienen otras facetas a las cuales pueden recurrir y, por consiguiente, ofrecen una mayor resistencia a los problemas de la vida. Esto implica contar con una mayor cantidad de recursos para enfrentar los problemas sin que ello signifique una manipulación de los sentimientos.
Para aprender a desarrollar una personalidad con muchas facetas o aptitudes, lleva a cabo el siguiente ejercicio:
• Escribe una lista de tus actividades, relaciones con las demás personas, identidades y papeles que desempeñan en tu vida cotidiana.
• Observa si cada una de estas cosas se encuentra totalmente ligada a una faceta diferente. De no ser así, establece estrategias para separar unas de otras.
• Identifica facetas que hayas descuidado y busca alguna manera de revivirlas. Por ejemplo, si eres amante de la práctica deportiva pero ya las abandonado, inscríbete en un club y comienza de nuevo a desarrollar tus aptitudes. Con el tiempo verás que tu faceta de deportista y competitivo estaba latente. Lo mismo sucede con otros espacios, como el artístico, el pensativo, el recreativo, etc., para cada uno de ellos puedes desarrollar una faceta diferente dentro de tu propia personalidad.

Claves para construir la mejor personalidad (2ª parte)



Potencia la vocación, el autocontrol y el desafío
Generalmente, las personas que se mantienen sanas y firmes a pesar de las situaciones de estrés, son quienes poseen un alto sentido de la "vocación”, "autocontrol" y "desafío ". La fortaleza de estas personas los ayuda a mantenerse alejados de los resfríos y otras enfermedades. Las personas fuertes se dedican firmemente a sus asuntos y a sus relaciones personales, a pesar de todos los percances se le puedan presentar. Cuando el estrés los amenaza, logran controlarlo y casi nunca se rinden ante él con sensaciones de impotencia. No escapan a los cambios de la vida: enfrentan los desafíos con orgullo.
Para desarrollar este tipo de fortaleza, elabora un plan de acción para ponerlo en práctica frente a situaciones de estrés teniendo siempre en cuenta las siguientes técnicas:
Primero pon atención en el hecho. Busca una palabra, frase o imagen que represente las emociones y las sensaciones físicas que experimentas. Utiliza esto como un método que te permita tomar conciencia del problema estresante con mayor profundidad.
Luego reconstruye el hecho y evalúa todas las alternativas:¿Qué tendría que haber ocurrido para que las cosas salieran mejor o peor? Al pensar en cómo podrían haber salido peor o, por el contrario, en qué tendría que haber hecho para que salieran mejor, puede ser que descubras que tu impotencia ante esa situación no era tan grande como creías. Así, podrás comenzar a reconocer qué es lo que debes hacer para reafirmar el control ante cada nueva situación.

Actúa frente a las injusticias
Si uno permanece pasivo ante situaciones de injusticia o desigualdad, el sistema inmunitario sufre tanto como el espíritu. Por el contrario, hacer valer un derecho constituye un rasgo con capacidad inmunitaria. Los científicos han demostrado que el hecho de hacerse valer puede prevenir disfunciones del sistema inmunitario y, de esa forma, ofrecer una mejor protección contra la artritis reumatoide, el lupus y cualquier otra enfermedad relacionada con un mal funcionamiento de este sistema. Para desarrollar la capacidad de actuar frente a las injusticias sigue estos pasos:
• Expresa tus necesidades con claridad y en forma directa. La persona que se hace valer sabe decir "no" a lo que no desea hacer, y no tiene problemas en pedir favores cuando las circunstancias lo requieren.
• Cuando te enfades, no le eches la culpa a los demás. Deja en claro tus derechos y necesidades, pero evita acusaciones sin sentido. Es preferible comunicar los sentimientos claramente que analizar las faltas de los demás.
• Habla siempre en primera persona (“me sentí muy mal por tu actitud”) y no en segunda ("siempre me retas"). Con la primera persona uno afirma sus necesidades, mientras que con la segunda, tiende a culpar a los demás.
• Identifica las situaciones de tu vida en las que se requiera hacerte valer para lograr resultados significativos, y actúa con convicción para poder llevar a cabo tus propósitos.

Claves para construir la mejor personalidad (1ª parte)

 
Los rasgos de la personalidad inciden directamente en el estado de salud, sobre todo en trastornos relacionados con el estrés, la ansiedad y los problemas digestivos. A diferencia de lo que la mayoría cree, todos podemos construir una personalidad sólida que nos permita mantenernos saludables física y mentalmente. Sólo es necesario seguir las siguientes claves:

Presta atención, conéctate y exprésate
Los individuos con per­sonalidad firme y arrolladora "prestan atención" a su cuer­po y a sus emociones, "conectan" su estado físico y mental a circunstancias del pasado y del presente, y "ex­presan" abiertamente sus ne­cesidades y sus sentimien­tos. Estudios realizados han revelado que quienes poseen este tipo de personalidad, re­ducen sus tensiones interio­res y gozan de una salud mejor que la de los demás indi­viduos. Una personalidad sólida parece ayudar, además, a prevenir el asma, la hipertensión y la artritis reumatoide.
Un método para desarrollar una personalidad de este tipo consiste en aprender una técnica de relajación que te ayude a tomar más conciencia de tu cuerpo:
• Siéntate o recuéstate en una posición cómoda y respira profundamente.
• Concéntrate en la parte superior de tu cabeza, luego centra la atención en alguna otra parte clave de tu cuerpo, después en otra, y así sucesivamente.
• Busca las zonas de tensión, luego trata de relajarlas, una por vez: los ojos, la mandíbula, el cuello, los hombros, los brazos, las manos, el pecho, la espalda, el abdomen, la pelvis, las piernas, etc. No esperes sentirte bien inmediatamente y recuerda que a medida que mejores la técnica, lograrás una profunda sensación de relajación y un posterior dominio de todo tu cuerpo y tus emociones.

Confía en tus experiencias
El solo hecho de expresar (ya sea oralmente o por escrito) las vivencias desagradables, contribuye a conservar la salud. Quienes realizan esto aumentan la actividad de las "células T", las cuales cumplen una función crítica en la defensa del organismo ante las infecciones y el cáncer. Desahogarse es un arma eficaz contra los malos pensamientos y además genera beneficios tanto psicológicos como corporales. Para aprender a hacerlo, sigue estas instrucciones:
• Escribe sobre las experiencias más tristes o traumáticas de tu vida. No te preocupes por la ortografía ni por las reglas gramaticales. Déjate llevar hasta lo más profundo de las emociones y pensamientos relacionados con esas experiencias. Escribe sobre lo que pasó, sobre cómo te sentiste en ese momento y sobre cómo te sientes ahora al respecto.
• Realiza esto veinte minutos diarios durante cinco días. Al principio, te sentirás aún peor: enfrentarte a hechos traumáticos muchas veces despierta sentimientos de dolor y furia, pero estas emociones finalmente desaparecen. Al tercer o cuarto día, verás las cosas con más claridad y, de seguro, pasarás de la ansiedad y el enojo, a la aceptación y el entendimiento.
• El beneficio de esto será la liberación de la mente y del corazón. Si escribes con regularidad sobre tus problemas y sobre las tensiones que experimentas en tu vida cotidiana, es probable que disminuyas el riesgo de padecer dolencias relacionadas con el estrés.