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martes, 13 de mayo de 2014

Los carbohidratos más recomendados



Los mejores carbohidratos son los llamados “complejos” ya que contienen mucha fibra, y se encuentran sobre todo en las verduras, frutas y los granos enteros. Estos tipos de carbohidratos tardan más tiempo en descomponerse en glucosa con lo que no existe un pico de insulina tan alto y además aportan una mayor cantidad de nutrientes. Permiten evitar los picos de hipoglucemia que suelen terminar en estados de ansiedad por comer alimentos dulces y harinosos. Una dieta que incluya fundamentalmente carbohidratos complejos, promueve un estado de salud y bienestar general además de que alienta una óptima nutrición.
En cambio, los carbohidratos refinados o simples son más fáciles de digerir para el cuerpo debido a sus estructuras menos complejas pero proporcionan picos muy altos de insulina y además se procesan industrialmente, perdiendo así una gran parte de su valor nutritivo y convirtiéndose en alimentos que engordan con facilidad ya que aportan grandes cantidades de calorías.

Un consumo insuficiente de carbohidratos puede generar una serie de trastornos:
• Problemas digestivos: si no ingerimos carbohidratos, la dieta carece de fibra. Ésta, es necesaria para prevenir el estreñimiento, y también ralentiza la digestión de los alimentos y por lo tanto reduce su carga glucémica. La fibra también puede ayudar a evitar comer en exceso ya que contribuye a sentirnos llenos rápidamente.
• Menor nivel de energía y rendimiento físico: la grasa no se puede utilizar como combustible exclusivo, por lo que cuando la reserva de carbohidratos se agota, el cuerpo acusa un estado de fatiga y decaimiento general.
• Pérdida en la capacidad de coordinación: a diferencia de los músculos, el cerebro no puede almacenar su propia glucosa o quemar grasa. Por lo tanto, cuando se restringen excesivamente los carbohidratos hasta el punto de de agotarse el glucógeno hepático, el cerebro no estará bien alimentado y pueden aparecer los primeros síntomas de debilidad y cansancio mental.
• Cambios de humor: los carbohidratos contribuyen a mantener los niveles de serotonina en el cerebro. La serotonina es una sustancia química que produce una sensación de calma y mejor estado de ánimo. Una carencia puede provocar nerviosismo e irritación.

La clave para un adecuado consumo está en seleccionar los alimentos que aportan carbohidratos complejos (almidones) y fibra, en las cantidades más apropiadas. El trigo duro, arroz integral, verduras frescas, legumbres y frutas son buenas fuentes de carbohidratos saludables. Debemos revisar la etiqueta de información nutricional para controlar el aporte de azúcares de cada alimento que aporta carbohidratos. También un exceso de carbohidratos puede repercutir en el peso corporal, ya que la energía (calorías) que el cuerpo no utiliza, las acumula como reservas de grasa.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Pan: Propiedades de un alimento universal



El pan ha cumplido un rol fundamental en la alimentación a lo largo de toda la historia de la humanidad. Existen muchas variedades de pan, desde el clásico pan blanco elaborado con trigo, hasta los panes con cebolla y tomate. En términos generales, el pan contiene poca grasa y es rico en hidratos de carbono (almidón), lo que se transforma en un producto bajo en calorías respecto a otros preparados de panadería (como las facturas, las masas y las tortas). El pan blanco e integral se digieren con rapidez, por eso son el alimento ideal para las personas que requieren un aporte rápido de energía después de hacer alguna actividad física.
Además de su aporte de energía, todos los tipos de pan son muy nutritivos, ya que proporcionan proteínas, hierro, calcio y vitaminas del grupo B. En este sentido, las vitaminas B del pan ayudan a la utilización completa de la energía por parte de las células del organismo. En cuento a su consumo diario, el pan fresco es el principal complemento de suculentas comidas, como los guisos, las sopas y los platos fuertes o picantes. Se puede comer tostado o sin tostar, sólo o con un poco de manteca (lo que aumenta su valor calórico) o como parte de un apetitoso emparedado de fiambre o verduras.

Radiografía de los panes más famosos


Pan blanco: Es el más popular de todo el mundo y se consume en la mayoría de los países (sobre todo de Occidente). Existen diferentes variedades y formas de preparación, como el lacteado (en rodajas), el francés, el miñón, el de malta, el de molde y el saborizado (con trozos de cebolla, ajo o tomate). La harina blanca de panificación se prepara con granos de trigo sin la cáscara fibrosa. Durante el proceso de refinación de la harina se suelen perder muchos nutrientes, como por ejemplo el calcio, el hierro, la tiamina y la vitamina B. Por esta razón deben ser añadidos posteriormente para que el pan conserve sus propiedades nutritivas.
Pan integral: Este pan está ganando popularidad debido a sus características nutritivas. Se prepara a partir de harina totalmente integral, por eso contiene el doble de fibra insoluble que el pan blanco, lo que favorece el tránsito intestinal evitando la constipación. Además, la incorporación del germen implica un aporte adicional de vitamina E y el doble de folato que el pan tradicional.
Pan de centeno: No es tan popular como el pan integral, aunque constituye el alimento básico de ciertos países como Alemania y Rusia. Se elabora con un mayor porcentaje de harina de centeno y aporta principalmente hierro y tiamina. Es prácticamente negro y se utiliza en rodajas para emparedados abiertos con jamón ahumado, queso o pescado ahumado.
Otras variedades: Entre los tipos de pan más conocidos, se encuentran además el pan indio o Naan (preparado con harina blanca y levadura), el pan árabe (amasado como en la antigüedad) y el pan negro (elaborado principalmente con harina blanca y salvado de trigo).

viernes, 3 de enero de 2014

La nueva pirámide la alimentación integral



Una alimentación integral es aquella que considera a todos los nutrientes como indispensables para el óptimo funcionamiento del organismo y el equilibrio en la búsqueda del peso corporal ideal. A diferencia de las dietas estrictas, que suprimen las grasas, algunas proteínas (como carnes) e inclusive cierta cantidad de hidratos de carbono, la alimentación integral sugiere comer de todo de acuerdo a los mecanismos naturales del cuerpo que regulan cuánto y cuándo comer. La premisa básica consiste en indicar a la sensación de hambre como la clave de la ingestión de alimentos, pero sin descuidar los hábitos aprendidos desde la niñez sobre los horarios y las divisiones de las comidas.
Comer bien no implica contar calorías y contabilizar cada gramo de alimento, sino intentar un balance de nutrientes de acuerdo a las necesidades energéticas del cuerpo, estableciendo pautas alimentarias que sirvan de guía para saber qué cantidad se debe ingerir de tal o cual alimento. Para ello, la nutrición y dietética ha establecido lo que se denomina la “pirámide de la alimentación”, un gráfico que describe la cantidad de porciones de comida que deben consumirse de acuerdo a la ubicación de los diferentes grupos de alimentos (o sea, de acuerdo a sus nutrientes). Así, la base implica un mayor consumo, mientras que la punta un consumo escaso y moderado.

Una visión novedosa y revolucionaria

Hasta el momento, los hidratos de carbono complejos o almidones (pan, pastas, cereales y arroz) eran considerados la base de la nutrición moderna por su aporte energético y sus efectos en el organismo. Sin embargo, se ha demostrado que existen otros elementos que son igual de importantes que los almidones: las vitaminas y los minerales. La carencia de vitaminas y minerales produce serios trastornos de salud, ya que su consumo es imprescindible para el normal funcionamiento fisiológico del organismo. Otra ventaja que poseen es que, por tratarse de oligoelementos, no producen ninguna acumulación extra de grasa en el cuerpo. Esto ha dado lugar a que se destaque su consumo aumentando las porciones dentro de la denominada pirámide alimenticia y relegando un escalón hacia arriba a los hidratos de carbono.
La principal fuente de vitaminas y minerales son las frutas y verduras. Si bien alguna de ellas aportan otros nutrientes como almidones (en el caso de las papas y los boniatos), grasas (los dátiles y los aguacates o paltas) y azúcares simples (manzana, pera y banana), lo cierto es que su consumo debe interactuar con el resto de los alimentos. Pues no se trata de reemplazar una pasta por una verdura, sino de complementar el aporte nutritivo en favor de un bienestar general. De esta forma, con el nuevo replanteo del esquema nutritivo básico es posible mantener una alimentación balanceada sin sufrir los trastornos del sobrepeso o la obesidad,  los problemas de irritabilidad, estrés, fatiga, y fundamentalmente, los malestares crónicos producidos por desnutrición.


jueves, 28 de noviembre de 2013

Cómo aprovechar los beneficios de los alimentos



En nuestra alimentación diaria existen numerosos nutrientes que pertenecen a diferentes grupos de alimentos, y cada uno de ellos tiene cualidades vitamínicas y minerales propias. Por eso, para combinar todos esos alimentos con diferentes sistemas de cocción, es necesario conocer la manera de aprovechar mejor cada uno de ellos. 

Verduras: Puras vitaminas y minerales

Existen numerosas formas de cocinar las verduras. El arte de cocinar es encontrar el modo de cocción y el tiempo adecuado para cada una de ellas, por ejemplo:
• La cocción al vapor (las verduras se colocan sobre un recipiente de agua hirviendo: el vapor del agua las irá cocinando); sirve para la mayoría de las verduras, pero hay que recordar que un porcentaje de las vitaminas y minerales se desaprovecha.
• Una cocción breve (de algunos minutos) con agua es ideal para las coles, las espinacas y los nabos.
• Precocer algunas verduras con poco aceite: se utiliza en el caso de las cebollas, espinacas y algunas verduras acuosas. La destrucción de vitaminas es mayor que en el caso de la cocción con agua, pero es útil si se trata de una precocción breve que luego continuará en una mezcla (guisos, tartas, etcétera). 

Cereales: Hidratos de carbono más vitaminas

Excepto en el caso del arroz, los cereales deben cocinarse con una técnica específica y con un tiempo determinado de cocción. Ocurre que si no se cocinan lo suficiente, los cereales son indigestos y poco asimilables; por el contrario, si se cuecen demasiado, se pasan, pierden sabor y parte de su valor nutritivo. Los cereales en grano (arroz, avena, cebada, trigo, etc.) deberán estar tiernos, pero no pasados ni aplastados. Las pastas deben estar "al dente" (cocidas, pero algo duras). La cocción con abundante agua es la que más se utiliza para los cereales. En cuanto al problema de la destrucción de vitaminas, es menor que en el caso de las verduras, ya que los cereales contienen sobre todo vitaminas del grupo B que, excepto la Bl (tiamina), son muy resistentes al calor. 

Legumbres: Fuente de proteínas vegetales

Las legumbres deben cocerse durante mucho tiempo y a fuego lento, respetando siempre algunas reglas de las que dependen su sabor y su digestibilidad:
• Ponerlas en remojo durante al menos una noche (no es indispensable para las lentejas y las arvejas peladas).
Cubrir con agua fría (o templada) y poner a fuego muy lento para que la temperatura suba gradualmente. Estas precauciones son esenciales para las chauchas, los garbanzos o las habas.
• Dejar cocer a fuego lento, a temperatura ligeramente inferior a la ebullición, o dejar que haga hervores muy lentos. No cocer nunca a fuego fuerte (sobre todo las chauchas y las arvejas).
• Salar siempre al final de la cocción, ya que si se sala al principio las leguminosas quedan duras.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Carbohidratos para un cuerpo vital


Los carbohidratos son la principal fuente de energía del cuerpo, utilizada tanto por los músculos como por el cerebro. Se trata de una familia muy amplia de alimentos, en la que es necesario distinguir los productos adecuados para una alimentación sana.

El organismo metaboliza o procesa los carbohidratos en glucosa y glucógeno (el equivalente animal del almidón de las plantas). Durante la actividad física, los músculos se alimentan de la glucosa de la sangre y del glucógeno del hígado y de los propios músculos. Si el nivel de glucosa es excesivo, con el tiempo se convierte en grasa, cuya acumulación produce sobrepeso u obesidad. De ahí la importancia de quemar las calorías consumidas.
Los carbohidratos complejos son aquellos que contienen al­midón  y provocan menos caries que los simples o azucarados porque, aunque el proceso digestivo se inicia en la boca, aquéllos se absorben en los intestinos; además, contienen fibra, vi­taminas y minerales en mayor cantidad que los alimen­tos dulces.
Los almidones deben ser parte fun­damental del consumo diario de car­bohidratos (hasta un 55% de la dieta diaria). Los alimentos que los con­tienen en mayor cantidad son los cereales integrales (trigo, avena y arroz), los porotos, la papa y las arvejas. Se ha popularizado tanto el mensaje de que el pan integral es nu­tritivo, que mucha gente piensa que el blanco no lo es, lo cual no es cierto: ambos contienen carbohidra­tos, proteínas, vitaminas y minerales, sólo que el blanco contiene menos fi­bra. Para balancear la alimentación es conveniente aumentar el consumo de cereales, verduras, frutas y legumbres y re­ducir el de carnes, grasas y azúcar refinada.

Menos azúcar, más salud


El azúcar refinada no contiene vitami­nas ni minerales; la miel y el azúcar mascabada los contienen en muy pequeñas cantidades pero su consumo desmedido causa sobrepeso, caries den­tal e hipoglucemia (una especie de adicción a los alimentos dulces). He aquí algunos consejos para reducir el consumo de azúcar y conservar la salud:
• Dejar paulatinamente de endulzar las bebidas calientes. Una vez que se acostumbran a no probar el azúcar, muchas personas revelan que el sa­bor de las bebidas mejora.
• No tomar refrescos; es preferible beber agua o jugo de fruta recién pre­parado y diluido.
• Leer la etiqueta de los alimentos y bebidas envasados y procurar comprar sólo los que no contengan azúcar.
• Comer fruta o un poco de queso al terminar cada alimento en vez de re­matar con postres azucarados.
• No guardar caramelos, chocolates ni pasteles en la casa como un premio o compensación de algo.
• Si se desea comer algo a deshoras, una pequeña ración de verduras cru­das, fruta, yogur, queso o nueces es una bue­na opción. Dichos tentempiés son más nutritivos que los caramelos y no producen caries.

miércoles, 5 de junio de 2013

Azúcar blanco: ¿Enemigo o aliado de la dieta sana?




El azúcar blanco refinado ha sido señalado como la responsable de producir ciertos trastornos en el organismo como caries, obesidad, diabetes, hiperactividad, hipoglucemia, infecciones vaginales y hasta cambios en el carácter. Sin embargo se ha demostrado que no toda la culpa es del azúcar, aunque en la actualidad se reconoce un excesivo consumo de ella.
Según estadísticas científicas, las personas adultas obtienen un 20 por ciento de sus calorías directamente del azúcar. En una dieta diaria de 2.200 calorías representa 110 gramos de azúcar, es decir, unas 28 cucharadas de té por día. Por su parte, los niños y los adolescentes consumen mucho más cantidad de azúcar proveniente principalmente de las golosinas y las bebidas cola. La realidad es que el azúcar proporciona energía pero carece de nutrientes.
Lo ideal es consumir hasta un 10 por ciento dentro de la dieta y de fuentes más naturales y menos procesadas, como la leche y las frutas. Así se pueden aprovechar los beneficios nutricionales de estos alimentos junto con el sabor y las calorías del azúcar.

Radiografía del azúcar

Químicamente, todos los azúcares tienen más o menos la misma composición. El azúcar blanco es un hidrato de carbono simple compuesto a su vez por dos azúcares simples: la fructuosa y la glucosa. Estos componentes son los mismos que se encuentran presentes en la miel, la melaza, el azúcar negra y los edulcorantes elaborados a partir de jugos concentrados. Muchas personas creen que los azúcares naturales como la miel y los edulcorantes a base de jugos son más nutritivos que el azúcar refinado blanco, pero todos proporcionan calorías sin nutrientes a nuestra dieta. Sólo la melaza de la caña de azúcar contiene calcio y hierro, la cual es un subproducto en la fabricación del azúcar refinado. Y el hierro de la melaza proviene de la maquinaria utilizada para elaborar el azúcar, no del azúcar mismo.
Sin bien la energía que el cuerpo utiliza siempre finaliza como glucosa en nuestra sangre, la diferencia de las otras fuentes naturales, como los granos, frutas, vegetales y otros hidratos de carbono complejos, consiste en la extracción y el aprovechamiento que el metabolismo hace de las vitaminas esenciales, minerales y fibras con las que el azúcar viene acompañado.

El azúcar y su relación con las enfermedades

El azúcar en algún punto está relacionado con el problema del sobrepeso u obesidad. Hasta hace poco tiempo los especialistas en nutrición consideraban que las grasas eran las verdaderas culpables del aumento de peso y que los azúcares sólo jugaban una función menor, pero la realidad les demostró que es muy fácil engordar consumiendo grandes cantidades de azúcar. Para entender mejor esto existe un precepto fundamental: para bajar de peso o mantener la figura es necesario gastar más calorías de las que se consumen; y cuando hablamos de calorías incluimos tanto a las grasas como los azúcares.
Muchas personas que ingieren menos de 25 gramos de grasas por día no consiguen mantener su peso porque consumen demasiados alimentos bajos o exentos de grasa pero que contienen una gran cantidad de azúcares. “Libre de grasas no significa libre de calorías”, y si la persona en lugar de comer una o dos galletas bajas en grasas, consume el paquete entero, jamás conseguirá bajar de peso.

Dientes sanos... dientes dulces

En otro sentido, aparece el azúcar como enemigo número uno de los dientes sanos. Es cierto que las caries no se producen si no está presente alguna forma de azúcar. Pero las bacterias producen sus ácidos con la ayuda de cualquier tipo de azúcar, ya sea que ésta provenga del mismo azúcar blanco refinado, de los alimentos ricos en almidón (como el pan o las papas), de fuentes naturales (como la leche o las frutas), o de productos procesados como las golosinas y las bebidas gaseosas.
La clave para conservar dientes sanos no es precisamente eliminar el azúcar de la dieta, sino más bien aumentar la higiene bucal. La mayoría de las personas que no tienen caries comen con regularidad caramelos y todo tipo de dulces, sólo que cepillan sus dientes y utilizan el hilo dental con regularidad, removiendo el azúcar de sus bocas antes de que se produzca algún daño.

Diabetes y azúcar: ¿una relación imposible?

Las personas que padecen de diabetes pueden consumir moderadas cantidades de azúcar, siempre que lo hagan como parte de una dieta balanceada que incluya proteínas y grasas. La realidad demuestra que los diabéticos pueden consumir todo tipo de hidratos de carbono, incluyendo azúcares. Lo más importante es vigilar la cantidad total, no el tipo de hidratos de carbono que se consumen por día.
Siempre se les ha recomendado a las personas que padecen de diabetes que se olvidarán del azúcar y los productos alimenticios que la contienen, porque estos alimentos pueden incrementar sus niveles de glucosa en la sangre, que de por sí ya son bastante elevados. El consumo de productos como el pan, arroz, papas o, inclusive, zanahorias, puede tener el mismo efecto en los niveles de azúcar en la sangre que la ingestión de caramelos o tortas. Asimismo, el consumo de alimentos que contienen grandes cantidades de azúcar puede incrementar fácilmente los niveles de azúcar en los diabéticos. Lo ideal es que los alimentos ricos en azúcar sean sustituidos por otro tipo de hidratos de carbono, en lugar de ser simplemente agregados a las comidas.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Todo lo que necesitas saber sobre el famoso "índice glucémico"




Los términos índice glucémico —identificados con las siglas IG—  hacen referencia a la capacidad que tiene un alimento de aumentar la cantidad de glicemia (glucosa) en la sangre luego de la digestión. Aunque parezca en principio un dato relevante, conocer el valor glucémico de los alimentos que incorporamos en nuestra dieta diaria es de utilidad sólo para los médicos y nutricionistas, que necesitan prescribir dietas tanto para quienes desean bajar de peso como para los que sufren de diabetes. Asimismo existe una clasificación general de cada alimento que los divide en IG alto, IG Medio, e IG bajo. Personalmente y por experiencia en dietas, no soy partidario de la planificación nutricional basada en los valores de IG de los alimentos.

Cuando tomamos cualquier alimento rico en glúcidos, los niveles de glucosa en sangre se incrementan progresivamente según se digieren y asimilan los almidones y azúcares que contienen. La velocidad a la que se digieren y asimilan los diferentes alimentos depende del tipo de nutrientes que los componen, de la cantidad de fibra presente y de la composición del resto de alimentos presentes en el estómago e intestino durante la digestión.
Estos aspectos se valoran a través del índice glucémico de un alimento. Dicho índice es la relación entre el área de la curva de la absorción de la ingesta de 50 gr. de glucosa pura a lo largo del tiempo, con la obtenida al ingerir la misma cantidad de ese alimento.
El índice glucémico se determina en laboratorios bajo condiciones controladas. El proceso consiste en tomar cada poco tiempo muestras de sangre a una persona a la que se le ha hecho consumir soluciones de glucosa pura unas veces y el alimento en cuestión otras. A pesar de ser bastante complicado de determinar, su interpretación es muy sencilla: los índices elevados implican una rápida absorción, mientras que los índices bajos indican una absorción pausada.
Para las personas con diabetes, el IG es de mucha importancia ya que deben evitar las subidas rápidas de glucosa en sangre.

Los alimentos y su IG

Lo que hace que ciertas comidas tengan niveles elevados de índice glucémico depende de varios factores:
• De las características del alimento en cuestión, origen, especie, etc.
• De la hidratación y la trasformación por la que ha pasado antes de ser ingerido.
• La cantidad de fibras.
• La proporción de carbohidratos y proteínas, ya que los hidratos aumentan los niveles de glucosa en sangre y las proteínas lo bajan.
• También se debe tener en cuenta que las frutas muy maduras tienen un IG alto, así como las tostadas y las pastas o cereales que se han pasado en la cocción.

Sustituyendo los carbohidratos de bajo índice glucémico, especialmente en las meriendas o comidas aisladas, podemos mejorar la regulación del azúcar en sangre, reducir la secreción de insulina y ayudar a un programa de pérdida de peso. La tabla siguiente puede consultarse para elegir los alimentos de menor índice glucémico.

Rango de Valores del IG


- Índice Glucémico Alto: 70 o más.

- Índice Glucémico Medio: Entre 55 y 70.

- Índice Glucémico Bajo: 55 o menos.


T
abla de alimentos y su IG (Valores estimativos que pueden variar)


IG           ALIMENTO

110         Maltosa
100         GLUCOSA
92           Zanahorias cocidas
87           Miel
80           Puré de patatas instantáneo
80           Maíz en copos
72           Arroz blanco
70           Patatas cocidas
69           Pan blanco
68           Barritas de chocolate con cereales y maní
67           Sémola de trigo
66           Muesli suizo
66           Cerveza tradicional
66           Arroz integral
64           Pasas
64           Remolachas
59           Azúcar blanco (SACAROSA)
59           Maíz dulce
59           Pasteles
52           Plátanos
51           Guisantes verdes
51           Patatas fritas
51           Patatas dulces (boniatos)
50           Espaguetis de harina refinada
45           Uvas
42           Pan de centeno integral
42           Espaguetis de trigo integral
40           Naranjas
39           Manzanas
38           Tomates
36           Helados
36           Garbanzos
36           Yogur
34           Leche entera
32           Leche desnatada
29           Judías
29           Lentejas
34           Peras
28           Salchichas
26           Melocotones (duraznos)
26           Pomelo
25           Ciruelas
23           Cerezas
20           FRUCTOSA
15           Soja
13           Cacahuetes (maní)

Inicialmente se aceptaba que los glúcidos simples o azúcares (glucosa, sacarosa, lactosa) producen respuestas glucémicas más rápidas que las de los glúcidos complejos (almidón, glucógeno). Sin embargo, ciertos almidones pueden producir un máximo glucémico más pronunciado que azúcares como la sacarosa. Esto se debe a que tales almidones, de absorción rápida, tienen una estructura muy ramificada que facilita la acción hidrolítica de la amilasa y la consiguiente liberación de glucosa.
Sin embargo, en los últimos años han aparecido numerosos estudios que muestran la inexistencia de diferentes velocidades en la absorción de los carbohidratos y, por tanto, de carbohidratos "rápidos" o "lentos". Dichos estudios revelan que los carbohidratos con alto índice glucémico aumentan en mayor medida el nivel plasmático de glucosa que los de bajo índice glucémico. Contrariamente a lo que se creía, los azúcares pasan a la sangre aproximadamente a los 30 minutos de su ingestión, aumentando sus niveles sanguíneos y, 180 minutos después de su ingestión, los niveles de glucosa retornan a los valores iniciales.

Problemas ocasionados por los alimentos de elevado IG

En primer lugar, al aumentar rápidamente el nivel de glucosa en sangre se segrega insulina en grandes cantidades, pero como las células no pueden quemar adecuadamente toda la glucosa, el metabolismo de las grasas se activa y comienza a transformarla en grasas. Estas grasas se almacenan en las células del tejido adiposo. Nuestro código genético está programado de esta manera para permitirnos sobrevivir mejor a los periodos de escasez de alimentos. En una sociedad como la nuestra, en la que nunca llega el periodo de hambruna posterior al atracón, todas las reservas grasas se quedan sin utilizar y nos volvemos obesos.
Posteriormente, toda esa insulina que hemos segregado consigue que el azúcar abandone la corriente sanguínea y, dos o tres horas después, el azúcar en sangre cae por debajo de lo normal y pasamos a un estado de hipoglucemia. Cuando esto sucede, el funcionamiento de nuestro cuerpo y el de nuestra cabeza no está a la par, y sentimos la necesidad de devorar más alimento. Si volvemos a comer más carbohidratos para calmar la sensación de hambre ocasionada por la rápida bajada de la glucosa, volvemos a segregar otra gran dosis de insulina, y así entramos en un círculo vicioso que se repetirá una y otra vez cada pocas horas.
Este proceso se le aplica al ganado para conseguir un engorde artificial a base de suministrarle dosis periódicas de insulina. De hecho, algunos científicos han llamado a la insulina "la hormona del hambre".

Observaciones finales sobre el índice glucémico

Uno de los errores más comunes en el uso del concepto IG es asociar "alimento de bajo IG" con "alimento con bajo contenido en carbohidratos". Y, por extensión, que los alimentos de bajo contenido en carbohidratos necesariamente tengan un IG bajo. Sin embargo, el IG sólo es un dato que tiene sentido en los alimentos con contenidos significativos de carbohidratos. Más aún, el término "alimentos de IG bajo" habitualmente se usa para referirse a los alimentos con alto contenido en carbohidratos (carece de significado hablar del IG en alimentos como el queso o la carne).
Por otro lado, también hay que tener en cuenta que el IG de los alimentos es un dato que se obtiene en el laboratorio bajo condiciones estandarizadas, y no extrapolables a las condiciones en las que se consume en la dieta habitual. Por tanto, el IG de cualquier alimento en el conjunto de la dieta no sólo dependerá de la variedad y de la forma culinaria en que se prepara, sino también de los otros alimentos que le acompañen. Así, en humanos que consumen dietas de IG alto y bajo no se aprecian diferencias significativas a lo largo del día en los niveles plasmáticos de glucosa o insulina, aunque sí en los niveles de leptina. Además, algunos estudios presentan datos aparentemente contradictorios para el mismo producto: unos autores señalan que las patatas fritas presentan un IG menor que las patatas hervidas (con o sin aceite añadido), mientras que otros señalan que las patatas asadas poseen un IG mayor que las fritas o las hervidas.