Mostrando las entradas con la etiqueta azúcar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta azúcar. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de junio de 2014

Aspartamo: ¿Culpable o Inocente?



El aspartamo es un edulcorante artificial no calórico, que se presenta en forma de polvo blanco inodoro y se emplea en numerosos alimentos en todo el mundo. Se comercializa bajo varias marcas. La dulzura relativa del aspartamo es de 150 a 200 veces mayor que la del azúcar. Está compuesto de dos aminoácidos naturales, el ácido aspártico (40%) y la fenilalanina(50%), y el metanol (10%).  El aspartamo es estable cuando se encuentra seco o congelado, pero se descompone y pierde su poder edulcorante con el transcurso del tiempo, cuando se conserva en líquidos a temperaturas superiores a 30 °C.
El aspartamo ha sido declarado seguro para consumo humano por las agencias de más de noventa países y la FDA (Food & Drugs Administration) en los Estados Unidos lo describe como uno de los aditivos más estudiados de la historia y afirma que su seguridad está más que confirmada. Más de 100 organizaciones nacionales e internacionales han evaluado la inocuidad del aspartamo. La Organización Mundial de Salud a través de un comité de expertos ha establecido un nivel de ingesta diaria admisible (IDA) de 40 mg/kg de peso corporal, mientras que la FDA lo establece en 50 mg/kg. Existe, sin embargo, polémica entre ciertos sectores, entre los que han surgido numerosas controversias y mitos a su alrededor.
Un argumento que evidencia que el aspartamo goza de mala fama pero sin fundamentos, surge al evaluar la incidencia del cáncer en personas con diabetes, ya que son las mayores consumidoras de edulcorantes. No existe evidencia científica que relacione al aspartamo con el cáncer, ya que no hay mayor tasa de esta enfermedad en personas con diabetes. De ello se puede presumir que asociar un edulcorante con efectos cancerígenos carece de rigor científico. Esto a su vez no implica que su consumo esté ampliamente recomendado. Por tratarse de una sustancia artificial, debería limitarse su consumo. Asimismo, como todo edulcorante no posee calorías, pero tampoco nutrientes, por lo que sus efectos actúan a nivel del paladar. Eso suele generar cierta predisposición por el consumo de productos cada vez más dulces, algo que no es recomendado.


Las pruebas de seguridad del aspartamo han ido mucho más allá de las necesarias para evaluar la seguridad de un aditivo alimentario. Cuando toda la investigación sobre el aspartamo es examinada en su conjunto, es evidente que el aspartamo es seguro, y no hay preguntas sin resolver en cuanto a su seguridad en las condiciones de uso previsto.
Sin embargo, es cierto que hay un riesgo para la salud asociado con el aspartamo, pero sólo se aplica a las personas con un raro trastorno genético en el cromosoma 12 llamada fenilcetonuria o PKU, que afecta a aproximadamente 1 de cada 15.000 personas. Ellos no pueden metabolizar la fenilalanina, por lo que necesitan evitar no sólo el aspartamo, sino todos los productos con fenilalanina. La fenilalanina es un aminoácido que se encuentra en muchos alimentos, muchos, incluyendo la leche materna, por lo que casi no tiene sentido destacar al aspartamo  como causante del problema.
También es cierto que no se puede cocinar con aspartamo, pero no por razones de seguridad. A temperaturas de cocción se descompone y pierde su sabor, al igual que algunos otros alimentos. Por esta razón, el aspartamo está empezando a perder terreno en el mercado en favor de la Sucralosa, otro edulcorante artificial que mantiene su sabor cuando se cocina.
Existe un reciente estudio en el que se aprecia la correlación en la aparición de carcinomas en ratas (machos y hembras)  y ratones machos (no en las hembras) al someter a los roedores a dosis altas de aspartamo durante toda su vida. Pero no pueden vincularse estos resultados con el consumo humano. El sentido común me dice que luego de 30 años de historia de consumo de aspartamo, ya deberíamos darnos cuenta de sus efectos reales en el organismo; y hasta hoy no se han observado (sobre todo en las personas con diabetes, que han sido los mayores consumidores). Amén de ello, es recomendable inclinarse por los edulcorantes naturales, como la Stevia (aun no aprobada en los Estados Unidos).

martes, 20 de mayo de 2014

El consumo saludable de "azúcar blanco"



En la dieta habitual se aconseja que no más del 10% de las calorías derivadas de hidratos sean azúcares simples o hidratos de fácil asimilación, por lo tanto si necesitamos unas 2000 Kcal por día y de éstas el 50-60% son hidratos, entonces no deberíamos consumir más de 30 gramos de azúcar al día lo cual es equivalente a unas 6 cucharaditas diarias, cantidad que es superada ampliamente por el consumo promedio de la población actual.

Podemos hacer un consumo razonable de azúcares en la dieta y si bien podemos escoger otras fuentes de azúcar como la miel o el azúcar moreno que sí poseen vitaminas y minerales además de carbohidratos simples, todos deben consumirse en cantidades adecuadas para no producir las consecuencias de una ingesta excesiva. Por eso para reducir el azúcar y otros carbohidratos simples en la dieta, podemos aplicar los siguientes consejos:

• Evitar el consumo de bebidas azucaradas como zumos comerciales, refrescos u otras, que sólo aportan calorías vacías (sin nutrientes).
• Elaborar nuestros propios dulces y mermeladas para regular la cantidad de azúcar que utilizamos. En los alimentos elaborados industrialmente además de los azúcares añadidos pueden haber otros aditivos con azúcar o sustitutos que también poseen carbohidratos simples.
• Sustituir parte del azúcar que empleamos para elaborar pasteles por puré de frutas que ofrecen su fructosa natural y además, dan textura, humedad y ofrecen nutrientes saludables a las recetas.
• Emplear edulcorantes artificiales sin calorías para dar sabor a algunos platos. O reducir a la mitad la cantidad de azúcar y resaltar el sabor con un poco de edulcorante o miel.
• No utilizar azúcar si no es necesario, por ejemplo, si consumimos cereales con leche generalmente ya contienen azúcar por lo tanto no adicionar más a la mezcla. Hacer lo mismo con el yogur o con un puré de frutas al cual no necesitamos añadirle azúcar, de lo contrario, esconderemos su sabor natural.
• Comprar alimentos sin azúcar añadida o “0% azúcar” como una manera de reducir el azúcar derivado de alimentos elaborados industrialmente.
• Recordar que superar 30 gramos/día de consumo de azúcar es muy fácil, por eso debemos leer atentamente la etiqueta de información nutricional. Un 5% o menos de VD recomendado es un valor bajo, un 20% de VD o más es un valor alto. También debemos considerar otras sustancias y nutrientes en un alimento, como las grasas y el sodio.

lunes, 19 de mayo de 2014

Lo que debes saber sobre el "azúcar blanco"



El azúcar blanco refinado ha sido señalado como la responsable de producir ciertos trastornos en el organismo como caries, obesidad, diabetes, hiperactividad, hipoglucemia, infecciones vaginales y hasta cambios en el carácter. Sin embargo se ha demostrado que no toda la culpa es del azúcar, aunque en la actualidad se reconoce un excesivo consumo de ella.
Las personas adultas suelen obtener un 20 por ciento de sus calorías directamente del azúcar. En una dieta diaria de 2.200 calorías representa unos 110 gramos de azúcar, es decir, unas 28 cucharadas de té por día. Por su parte, los niños y los adolescentes consumen mucho más cantidad de azúcar proveniente principalmente de las golosinas y refrescos tipo cola. El azúcar aporta 386 calorías cada 100 gramos, por lo que es un producto hipercalórico.  
Para cuidar la salud mejor es reducir el azúcar de la dieta, aunque no es necesario erradicarlo, sino más bien moderar su consumo.

Radiografía del azúcar

Químicamente, todos los azúcares tienen más o menos la misma composición. El azúcar blanco es un carbohidrato simple llamado sacarosa compuesto a su vez por dos azúcares simples: la fructuosa y la glucosa. Estos componentes son los mismos que se encuentran presentes en la miel, la melaza, el azúcar negra y los edulcorantes elaborados a partir de jugos concentrados.
Al valorar el aporte nutricional del azúcar, se enmarca en los denominados “carbohidratos simples”, también llamados monosacáridos o disacáridos que no aportan nutrientes esenciales al organismo, es decir, sólo ofrecen calorías vacías al organismo sin brindarnos vitaminas, minerales, fibra ni demás.
El azúcar de mesa, azúcar blanco y refinado o sacarosa tiene un alto índice glucémico, porque rápidamente pasa al torrente sanguíneo en forma de glucosa, pues no tiene proteínas, grasas, fibra y tampoco ofrece nutrientes de calidad al organismo. Entonces, al analizar nutricionalmente al azúcar ya tenemos un motivo para reducirlo en nuestra dieta: sólo aporta calorías vacías.
Sólo la melaza de la caña de azúcar contiene calcio y hierro, la cual es un subproducto en la fabricación del azúcar refinado. Y el hierro de la melaza proviene de la maquinaria utilizada para elaborar el azúcar, no del azúcar mismo.
Sin bien la energía que el cuerpo utiliza siempre finaliza como glucosa en nuestra sangre, la diferencia de las otras fuentes naturales, como los granos, frutas, vegetales y otros carbohidratos complejos, consiste en la extracción y el aprovechamiento que el metabolismo hace de las vitaminas esenciales, minerales y fibras con las que el azúcar viene acompañado.

martes, 22 de abril de 2014

Jarabe de Maíz de Alta Fructuosa



Entre los alimentos industrializados el aditivo por excelencia es el jarabe de maíz de alta fructosa (identificado en los ingredientes con las siglas JMAF). Sin percatarnos de su existencia, esta sustancia acompaña a nuestro pan de caja, a las galletas de chocolate que tanto nos gustan y qué decir de los refrescos embotellados. También se lo encuentra en las barras energéticas de cereal y el pan integral que suelen ofrecerse como “saludable”.

Radiografía del JMAF


El jarabe de maíz de alta fructosa es un edulcorante líquido, transparente, obtenido del maíz después de un largo proceso. Todo comienza con almidón o fécula de maíz — para esta etapa ya hablamos de un carbohidrato refinado —. Se somete a altas temperaturas repetidas veces, se rompe su estructura molecular, se vuelve a refinar, se blanquea y filtra hasta quedar una sustancia "pura", un almíbar con un grado de concentración ideal para su comercialización.
Las grandes compañías alimenticias han aprovechado los beneficios que ofrece el jarabe de maíz a nivel industrial. Además de ser más económico a gran escala, hablamos que se utiliza en productos ultra dulces; gracias al jarabe los productos se conservan por más tiempo en una envoltura y crean adicción al paladar. Estos productos permanecen más tiempo en exhibición, lo cual significa menos pérdida y más ganancia. Pero para los consumidores no hay ganancias, sino más bien pérdida en la salud y el bienestar.

Efectos nocivos del JMAF

De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Princeton, el consumo del jarabe de maíz de alta fructosa está relacionado con la actual epidemia de obesidad. Se comprueba que aumenta la grasa corporal, también el colesterol y los triglicéridos — indicadores que incrementan las posibilidades de infarto, especialmente en mujeres —. En el caso de los niños provoca hiperactividad, déficit de atención, dolores de cabeza y afecta su capacidad de detectar distintos sabores, reduciendo su paladar a sólo tres: salado, dulce y grasoso. Por último, hay que considerar que este jarabe proviene de un transgénico y existe la posibilidad que su consumo dañe distintos órganos.

Consejos sobre su consumo

Aunque no lo parezca, tenemos el poder y está en nuestras manos elegir lo que llevamos a nuestra mesa. Algunas recomendaciones muy saludables respecto al consumo de JMAF son:
Revisar las etiquetas: Si encontramos entre los ingredientes fructosa, sólidos de jarabe de maíz, glucosa-fructosa, azúcar de maíz o high fructose corn syrup (HFCS), estamos hablando de la misma cosa. Mejor evitarlo. Leer en la etiqueta el aporte de Azúcar, siempre debe ser inferior al 5% del VD recomedado.
• Elegir productos naturales. Entre menos procesado, mejor para nuestra salud. Una buena opción es comprar el pan directo de la panadería. Siempre que sea posible, utiliza miel de abeja, miel de agave o piloncillo para endulzar.
• Pedir la información. En teoría los productos deben indicar sus ingredientes en el empaque; también debería de tener una advertencia sobre las consecuencias del consumo de ciertas sustancias en grandes cantidades. Limitar el consumo de los alimentos envasados “dulces” —golosinas, galletas, refrescos, jugos, panes lacteados— nos ayuda a conservarnos saludables.


sábado, 21 de diciembre de 2013

Alimentos dietéticos, calorías y grasas



En la actualidad, los supermercados ofrecen una importante cantidad de productos “bajas calorías”, livianos (light), o sin colesterol. Sin embargo, no todos son tan sanos como se presentan y su utilidad para bajar de peso es muy cuestionada, inclusive algunos de ellos ofrecen un valor nutritivo mucho menor que sus equivalentes normales.
En un alimento, más importante que el porcentaje de grasas es el porcentaje de calorías que aporta la grasa. Para calcular esto debes multiplicar la cantidad de gramos de grasa del alimento por nueve, dividir este resultado por el total de calorías y multiplicarlo por 100. Mediante este cálculo podremos ver que muchos alimentos que sostienen ser reducidos en grasas en realidad son altamente calóricos. Por ejemplo, el queso crema es 30 por ciento de grasa y el 86 por ciento de sus calorías provienen de la grasa. El reducido en grasas tiene 15 por ciento de grasas, la mitad de la versión entera. Sin embargo, el cálculo revela que el porcentaje de calorías que proviene de la grasa es 73, lo que no constituye un "ahorro" significativo. Muchos alimentos dietéticos, como los helados, las galletitas o los yogures bajas calorías, también tienen mayor agregado de azúcar y almidón. En beneficio de la salud y el control del peso, lo mejor es sustituirlos por alimentos realmente saludables como frutas y vegetales. 

Más allá de la grasa

Además de la grasa, otro componente que tiende a desaparecer en los alimentos dietéticos es el azúcar. En la actualidad, muchos productos alimenticios reemplazan todo o parte del azúcar por edulcorantes artificiales con aspartamo y sacarina. Sin embargo, estudios científicos han develado que los edulcorantes aumentan el apetito a largo plazo. Así, lo que en principio se suprimiría de un lado se aumentaría del otro.
Por otra parte, además de los edulcorantes artificiales, la cafeína que está presente en muchas bebidas dietéticas constituye un peligro potencial para salud. La cafeína produce una sensación transitoria de energía, vigor y bienestar. El problema reside en que además produce una gran adicción, y muchos dependen de la cafeína simplemente para obtener el estímulo necesario para funcionar durante el día. Sin embargo, el consumo habitual de cafeína puede producir cansancio o fatiga, dolores de cabeza, depresión, insomnio, irritabilidad y ansiedad.
Lo cierto es que cualquier alimento, por más calorías que contenga, puede servir para perder peso si se lo consume en una dieta controlada en calorías. Es el control de calorías, y no el alimento, lo que produce la pérdida de peso. Aun más, muchos productos dietéticos contienen casi tantas calorías como sus equivalentes no adelgazantes. La única razón por la cual algunos productos pueden contener bajas calorías es que el tamaño de la porción es menor que la del producto clásico.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Alimentos que quitan energía y vitalidad



Si bien existe una importante cantidad de alimentos que tienen efectos positivos sobre los niveles generales de energía y vitalidad en el organismo, indudablemente hay otros que provocan el efecto contrario. Entre los más reconocidos por su capacidad para quitar energía figuran el café, el té, el chocolate, las gaseosas, el azúcar y las bebidas alcohólicas.
La cafeína es una sustancia estimulante que proviene de una variedad de fuentes entre las que se incluyen el café, el té y ciertas bebidas gaseosas. El chocolate también contiene sustancias que producen efectos similares al de la cafeína en el organismo. Si bien es cierto que la cafeína puede mejorar los niveles de energía en el corto plazo, a tal incremento suele sucederle un período de mayor cansancio. Frecuentemente los consumidores de café, té o bebidas gaseosas que contienen cafeína, descubren que dependen de cierto nivel de consumo para mantener sus niveles de energía en alto, pero un exceso puede generar palpitaciones, ansiedad e insomnio. De ahí la irritabilidad y nerviosismo de los famosos adictos al café. 

Azúcar y alcohol: dos enemigos de la energía

El consumo de alimentos y bebidas con altos contenidos de azúcar, como los productos de repostería y panadería, galletitas dulces, tortas y bebidas carbonatadas (tipo cola), suelen atentar contra los niveles de energía. A diferencia de lo que la mayoría cree, estos productos aportan calorías poco útiles para el cuerpo, sobre todo el azúcar blanco refinado. Este tipo de alimentos producen un aumento rápido del azúcar en la sangre que puede provocar que el cuerpo haga una compensación, lo que conduce con posterioridad a problemas de bajos niveles de azúcar (hipoglucemia) y bajos niveles de energía física y mental. A largo plazo, el consumo excesivo y reiterado de azúcar puede privar al organismo de los nutrientes que cumplen una función importante en la generación de energía. Por eso cada vez que necesites comer algo, elige una alternativa con bajo contenido de azúcar como una fruta o una hortaliza.
Por su parte, el alcohol libera azúcar rápidamente al torrente sanguíneo, y por lo tanto puede producir problemas de niveles bajos de azúcar en la sangre luego de ser ingerido. Muchas bebidas alcohólicas contienen sustancias llamadas congéneres que contribuyen al efecto narcotizante y también vacían las energías del organismo. Algunas bebidas alternativas pueden ser las infusiones de hierbas o frutas, los jugos de frutas, el agua mineral y las bebidas de hierbas gaseosas o diluidas con agua.
Si deseas seguir bebiendo alcohol debes moderar su consumo al máximo, evitando los excesos y tratando de diluir ciertas bebidas como el vino con agua o agregando bebidas no alcohólicas a los tragos que contienen alcohol.


lunes, 12 de agosto de 2013

Helado: Un alimento con "mala fama"


 
A quien no se le hace agua a la boca con sólo imaginarse el sabor exquisito de un helado con mucha crema, frutas tropicales y bañado en chocolate. El deseo de saborear un rico helado se hace prácticamente irresistible y es muy difícil decir “no” a tremendo manjar cuando se debe cuidar la silueta.
Hay que tener en cuenta dos cosas respecto a este alimento:
 Por un lado, el helado contiene:
• Vitamina A
• Vitamina B2 (riboflavina)
• Vitamina B12
• Calcio
Por otro lado, el helado es:
• Un alimento con alto contenido de azúcar.
• Un alimento que contiene una gran cantidad de grasas saturadas (de origen animal).

Por lo tanto, el valor nutricional que contiene el helado varía según la cantidad de leche o nata (crema) que éste posea. Si bien la leche y la nata contienen vitaminas y calcio, también contienen un porcentaje considerable de grasas saturadas que son perjudiciales para el cuerpo en exceso. Además de leche y nata, el helado posee azúcar, emulsificantes, estabilizantes que permiten que dure más tiempo, y saborizantes para realzar su sabor.
Sin embargo, el helado a pesar de tener mala reputación es un alimento nutritivo por su aporte de Vitamina A, B2 y B12, además de calcio que es fundamental para que los dientes y huesos se mantengan fuertes y sanos. Por otro lado, contiene proteínas de alto valor biológico (provenientes de la leche). Todo ello lo convierte en un alimento muy calórico, por lo que su consumo siempre debe ser moderado.

Helado de “calidad”


El helado en su composición puede clasificarse según su contenido de grasa que va del 5% al 15%. Si se está por debajo del 5% no se considera helado, sino “postre congelado”. Esto cabe destacarlo porque en la actualidad hay postres congelados que tienen un sabor muy similar al helado pero contienen hasta menos del 1% de grasas.
Cuando un helado es de primera calidad es porque tiene más cantidad de grasa, no es demasiado oreado como los industriales y es saborizado con frutas naturales. Por otro lado, el helado de leche posee solo la grasa de la misma pero puede suceder también que no contiene grasa de leche sino grasa vegetal.
El consumo excesivo de grasas saturadas puede ocasionar problemas relacionados con el corazón. Por ello, es bueno elegir helados bajos en grasas y consumirlos moderadamente. Si al helado se le agregan frutas frescas, se obtiene un plato excelente desde el sabor y la nutrición.

miércoles, 5 de junio de 2013

Azúcar blanco: ¿Enemigo o aliado de la dieta sana?




El azúcar blanco refinado ha sido señalado como la responsable de producir ciertos trastornos en el organismo como caries, obesidad, diabetes, hiperactividad, hipoglucemia, infecciones vaginales y hasta cambios en el carácter. Sin embargo se ha demostrado que no toda la culpa es del azúcar, aunque en la actualidad se reconoce un excesivo consumo de ella.
Según estadísticas científicas, las personas adultas obtienen un 20 por ciento de sus calorías directamente del azúcar. En una dieta diaria de 2.200 calorías representa 110 gramos de azúcar, es decir, unas 28 cucharadas de té por día. Por su parte, los niños y los adolescentes consumen mucho más cantidad de azúcar proveniente principalmente de las golosinas y las bebidas cola. La realidad es que el azúcar proporciona energía pero carece de nutrientes.
Lo ideal es consumir hasta un 10 por ciento dentro de la dieta y de fuentes más naturales y menos procesadas, como la leche y las frutas. Así se pueden aprovechar los beneficios nutricionales de estos alimentos junto con el sabor y las calorías del azúcar.

Radiografía del azúcar

Químicamente, todos los azúcares tienen más o menos la misma composición. El azúcar blanco es un hidrato de carbono simple compuesto a su vez por dos azúcares simples: la fructuosa y la glucosa. Estos componentes son los mismos que se encuentran presentes en la miel, la melaza, el azúcar negra y los edulcorantes elaborados a partir de jugos concentrados. Muchas personas creen que los azúcares naturales como la miel y los edulcorantes a base de jugos son más nutritivos que el azúcar refinado blanco, pero todos proporcionan calorías sin nutrientes a nuestra dieta. Sólo la melaza de la caña de azúcar contiene calcio y hierro, la cual es un subproducto en la fabricación del azúcar refinado. Y el hierro de la melaza proviene de la maquinaria utilizada para elaborar el azúcar, no del azúcar mismo.
Sin bien la energía que el cuerpo utiliza siempre finaliza como glucosa en nuestra sangre, la diferencia de las otras fuentes naturales, como los granos, frutas, vegetales y otros hidratos de carbono complejos, consiste en la extracción y el aprovechamiento que el metabolismo hace de las vitaminas esenciales, minerales y fibras con las que el azúcar viene acompañado.

El azúcar y su relación con las enfermedades

El azúcar en algún punto está relacionado con el problema del sobrepeso u obesidad. Hasta hace poco tiempo los especialistas en nutrición consideraban que las grasas eran las verdaderas culpables del aumento de peso y que los azúcares sólo jugaban una función menor, pero la realidad les demostró que es muy fácil engordar consumiendo grandes cantidades de azúcar. Para entender mejor esto existe un precepto fundamental: para bajar de peso o mantener la figura es necesario gastar más calorías de las que se consumen; y cuando hablamos de calorías incluimos tanto a las grasas como los azúcares.
Muchas personas que ingieren menos de 25 gramos de grasas por día no consiguen mantener su peso porque consumen demasiados alimentos bajos o exentos de grasa pero que contienen una gran cantidad de azúcares. “Libre de grasas no significa libre de calorías”, y si la persona en lugar de comer una o dos galletas bajas en grasas, consume el paquete entero, jamás conseguirá bajar de peso.

Dientes sanos... dientes dulces

En otro sentido, aparece el azúcar como enemigo número uno de los dientes sanos. Es cierto que las caries no se producen si no está presente alguna forma de azúcar. Pero las bacterias producen sus ácidos con la ayuda de cualquier tipo de azúcar, ya sea que ésta provenga del mismo azúcar blanco refinado, de los alimentos ricos en almidón (como el pan o las papas), de fuentes naturales (como la leche o las frutas), o de productos procesados como las golosinas y las bebidas gaseosas.
La clave para conservar dientes sanos no es precisamente eliminar el azúcar de la dieta, sino más bien aumentar la higiene bucal. La mayoría de las personas que no tienen caries comen con regularidad caramelos y todo tipo de dulces, sólo que cepillan sus dientes y utilizan el hilo dental con regularidad, removiendo el azúcar de sus bocas antes de que se produzca algún daño.

Diabetes y azúcar: ¿una relación imposible?

Las personas que padecen de diabetes pueden consumir moderadas cantidades de azúcar, siempre que lo hagan como parte de una dieta balanceada que incluya proteínas y grasas. La realidad demuestra que los diabéticos pueden consumir todo tipo de hidratos de carbono, incluyendo azúcares. Lo más importante es vigilar la cantidad total, no el tipo de hidratos de carbono que se consumen por día.
Siempre se les ha recomendado a las personas que padecen de diabetes que se olvidarán del azúcar y los productos alimenticios que la contienen, porque estos alimentos pueden incrementar sus niveles de glucosa en la sangre, que de por sí ya son bastante elevados. El consumo de productos como el pan, arroz, papas o, inclusive, zanahorias, puede tener el mismo efecto en los niveles de azúcar en la sangre que la ingestión de caramelos o tortas. Asimismo, el consumo de alimentos que contienen grandes cantidades de azúcar puede incrementar fácilmente los niveles de azúcar en los diabéticos. Lo ideal es que los alimentos ricos en azúcar sean sustituidos por otro tipo de hidratos de carbono, en lugar de ser simplemente agregados a las comidas.