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lunes, 19 de mayo de 2014

Lo que debes saber sobre el "azúcar blanco"



El azúcar blanco refinado ha sido señalado como la responsable de producir ciertos trastornos en el organismo como caries, obesidad, diabetes, hiperactividad, hipoglucemia, infecciones vaginales y hasta cambios en el carácter. Sin embargo se ha demostrado que no toda la culpa es del azúcar, aunque en la actualidad se reconoce un excesivo consumo de ella.
Las personas adultas suelen obtener un 20 por ciento de sus calorías directamente del azúcar. En una dieta diaria de 2.200 calorías representa unos 110 gramos de azúcar, es decir, unas 28 cucharadas de té por día. Por su parte, los niños y los adolescentes consumen mucho más cantidad de azúcar proveniente principalmente de las golosinas y refrescos tipo cola. El azúcar aporta 386 calorías cada 100 gramos, por lo que es un producto hipercalórico.  
Para cuidar la salud mejor es reducir el azúcar de la dieta, aunque no es necesario erradicarlo, sino más bien moderar su consumo.

Radiografía del azúcar

Químicamente, todos los azúcares tienen más o menos la misma composición. El azúcar blanco es un carbohidrato simple llamado sacarosa compuesto a su vez por dos azúcares simples: la fructuosa y la glucosa. Estos componentes son los mismos que se encuentran presentes en la miel, la melaza, el azúcar negra y los edulcorantes elaborados a partir de jugos concentrados.
Al valorar el aporte nutricional del azúcar, se enmarca en los denominados “carbohidratos simples”, también llamados monosacáridos o disacáridos que no aportan nutrientes esenciales al organismo, es decir, sólo ofrecen calorías vacías al organismo sin brindarnos vitaminas, minerales, fibra ni demás.
El azúcar de mesa, azúcar blanco y refinado o sacarosa tiene un alto índice glucémico, porque rápidamente pasa al torrente sanguíneo en forma de glucosa, pues no tiene proteínas, grasas, fibra y tampoco ofrece nutrientes de calidad al organismo. Entonces, al analizar nutricionalmente al azúcar ya tenemos un motivo para reducirlo en nuestra dieta: sólo aporta calorías vacías.
Sólo la melaza de la caña de azúcar contiene calcio y hierro, la cual es un subproducto en la fabricación del azúcar refinado. Y el hierro de la melaza proviene de la maquinaria utilizada para elaborar el azúcar, no del azúcar mismo.
Sin bien la energía que el cuerpo utiliza siempre finaliza como glucosa en nuestra sangre, la diferencia de las otras fuentes naturales, como los granos, frutas, vegetales y otros carbohidratos complejos, consiste en la extracción y el aprovechamiento que el metabolismo hace de las vitaminas esenciales, minerales y fibras con las que el azúcar viene acompañado.

sábado, 25 de enero de 2014

Alcohol y salud: Una relación un poco peligrosa



En la actualidad, el consumo del alcohol por parte de las personas se ha incrementado hasta límites realmente alarmantes. Considerados por muchos como una adicción aceptada por la sociedad, el efectos de un exceso del alcohol en el organismo pueden resultar con el tiempo mortal. Sin embargo, en pequeñas dosis y procesado (como en le caso del vino tinto), puede llegar a prevenir hasta trastornos cardíacos.
En principio, el alcohol etílico, o etanol, se obtiene fermentando carbohidratos, y se puede emplear para conservar alimentos, tales corno frutas, y para matar bacterias. Este tipo de alcohol es popular por su capacidad de amortiguar los sentidos, tanto emocional corno físicamente, y se administraba antes de las operaciones cuando aún no se habían descubierto los anestésicos. Por su parte, las bebidas alcohólicas, cuya graduación puede variar, tienden a incrementar las ganas de comer y también reducen el autocontrol. No obstante, estos efectos, combinados con el contenido calórico de la bebida, pueden provocar un aumento importante de peso. 

La digestión del alcohol

La degradación del alcohol se inicia en el estómago. Si se toma alcohol con los alimentos, la enzima deshidrogenasa (encargada de la degradación) tiene más tiempo para actuar sobre él en el estómago, y sus efectos sobre el cuerpo parecen menores. El alcohol que no se degrada en el estómago pasa directamente al torrente sanguíneo y se descompone al pasar por el hígado. En general, el hígado es capaz de limpiar el cuerpo de unos 6 g de alcohol por hora, aunque esto varía de una persona a otra.
Por otro lado, existen varias razones por las que los hombres pueden tolerar más alcohol que las mujeres. Los hombres tienen mayor cantidad de alcohol deshidrogenasa en el estomago que las mujeres, así que degradan el alcohol más deprisa. Sus niveles de alcohol en sangre aumentan por tanto más despacio que los de las mujeres. Además, los hombres tienen más agua en los tejidos corporales que las mujeres. Hay por tanto más líquido para diluir el alcohol, así que permanece menos concentrado en el cuerpo de los hombres que en el de las mujeres. 

Del consumo a la adicción 

Las personas que beben diariamente de cuatro a seis unidades de alcohol (equivalente a un vaso de vino) pueden desarrollar un fuerte problema con la bebida, con efectos adversos para ellas mismas y para entorno familiar. La ingesta de dos unidades altera la concentración y afecta levemente al equilibrio. Cinco unidades alteran profundamente las reacciones; existe mayor riesgo de accidentes, y en la mayoría de los países esta cantidad está muy por encima del límite legal para conducir.
El consumo excesivo de alcohol puede provocar estupor, inconsciencia e incluso coma. La abstinencia de alcohol en personas consideradas “alcohólicas” provoca lesiones nerviosas y síntomas tales como temblores. En estos casos, la recuperación y el tratamiento médico y terapéutico del alcohólico es fundamental para evitar un problema de salud que lo lleve a la muerte.

martes, 25 de junio de 2013

Mucho trabajo: Síntoma de una inminente enfermedad


Por lo general, los adictos al trabajo no se caracterizan por la calidad del trabajo ni por la remuneración que perciben. Les encanta trabajar mucho, superar las barreras del cansancio físico, sacrificar sus horas de ocio. Extienden los horarios de trabajo aunque la presión externa sea inexistente. Para poder trabajar contra reloj, a veces consumen pastillas con las cuales logran encubrir las señales de cansancio que les envía el cuerpo. Confunden entretenimiento, vida social y deporte con rendimiento laboral. Planean, organizan, resuelven y negocian las veinticuatro horas del día, aunque estén en medio de una comida.
Si bien los conflictos sociales y económicos pueden generar esta enfermedad, en general a los hombres los motiva la ambición de dinero y poder. Las mujeres tampoco están exentas, pero también se obsesionan en labores poco rentables: docentes, investigadoras, trabajadoras sociales tienen tanta adicción al trabajo como las ejecutivas mejor pagas. Esto es así porque para ellas el trabajo es una fuente de satisfacción y enriquecimiento de la autoestima. Las que están casadas y tienen hijos, suelen ocuparse también de las tareas domésticas. En consecuencia, experimentan sentimientos encontrados: disgusto por restarle tiempo a su trabajo afuera, y culpa por no atender a sus hijos como ellos merecen.
Aunque tarde o temprano, tanto hombres como mujeres, padecen de las consecuencias que produce la adicción al trabajo: insomnio, sobreexcitación y depresión. La siguiente etapa es aún peor, ya que aparecen úlceras estomacales, infecciones en las vías respiratorias, colon irritable e infartos.

El exceso de trabajo: Un camino seguro hacia el fracaso personal

La estabilidad emocional contribuye a la realización personal y favorece la concentración. Los expertos señalan que se trabaja tanto para satisfacer las necesidades materiales como las de expansión y enriquecimiento cultural. Por esta razón, las personas que realizan un sobreesfuerzo laboral y dejan de lado todo lo que implica placer, experimentan dificultades para establecer vínculos estables. No rechazan el desafío de un entorno laboral muy exigente y competitivo: se exigen más de la cuenta para no ser desplazadas. Sin embargo, no son la clara imagen del líder. El concepto actual de liderazgo se relaciona con el equilibrio mental, las relaciones familiares sólidas, el compromiso social y el disfrute del tiempo libre.
Por otra parte, excesiva dedicación no necesariamente implica eficacia. Pues el agotamiento intelectual y la falta de gratificaciones afectivas, así como los recelos que su actitud provoca en el entorno, hacen que los adictos al trabajo tengan cada vez menos apoyo de sus compañeros. Por eso suelen necesitar más tiempo para realizar sus trabajos, con lo que refuerzan aún más el comportamiento obsesivo. La acumulación de trabajo es absorbente y genera comportamientos perjudiciales en el mismo ámbito laboral. La clave para cambiar este estado está en reconocer que el éxito no sólo se vincula con el trabajo, sino con todas las áreas vitales, incluidas la correcta distribución del tiempo, la comunicación y las relaciones afectivas, el ocio y la diversión sin presión.