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viernes, 17 de enero de 2014

Productos lácteos para la salud



Los médicos les han otorgado a los productos lácteos un papel trascendente, ya que los consideran grandes aliados para la prevención y tratamiento de determinados trastornos de salud. Son vitales para combatir la falta de energía, los problemas de peso, la hipertensión y la deficiencia de proteínas. Además se le reconocen beneficios específicos para las siguientes dolencias:

Osteoporosis: Existe creciente evidencia de que un consumo adecuado de calcio en los primeros años de vida es necesario para el desarrollo de la máxima masa ósea en la edad adulta (entre los 30 y los 40 años). Cuanto más masa ósea tienen las personas en la madurez, menos probabilidades tienen de sufrir fracturas de huesos en el futuro. La leche proporciona una forma de calcio fácil de absorber y, si se bebe a diario, puede reducir e1 riesgo de osteoporosis en la vejez.

Cáncer de colon: Los investigadores han advertido que existe menos riesgo de cáncer de colon en las poblaciones que consumen gran cantidad de calcio. Se cree que el calcio puede combinarse con los ácidos biliares y evitar que promuevan las células cancerosas en el colon. Es posible que el consumo habitual de leche pueda ayudar también a prevenir otros cánceres. La leche contiene un ácido graso llamado ácido linoleico conjugado, o Al‑C. Ciertos estudios de laboratorio han revelado que el ALC reduce la incidencia de algunos cánceres hasta en un 50 por ciento.

Raquitismo: Si no se deposita suficiente calcio en los huesos durante el crecimiento infantil, se pueden volver débiles, produciendo raquitismo. El arqueamiento de los huesos de las piernas bajo el peso de un niño es un síntoma. El raquitismo se debe a la carencia de vitamina D, necesaria para que el cuerpo absorba el calcio del intestino. La leche entera proporciona esta vitamina, y es muy útil para los niños que no toman suficiente sol.

Caries: La capacidad de los alimentos y de las bebidas de provocar caries depende de su composición y textura, de su facilidad para disolverse en la boca, del tiempo que se mantienen en la boca y de lo bien que estimulan la producción de saliva. El queso puede ayudar a detener las caries evitando que el esmalte de los dientes sea atacado por los ácidos que se forman cuando las bacterias de la boca empiezan a descomponer los alimentos. El queso logra esto estimulando el flujo de saliva alcalina, que vuelve a la normalidad los niveles de acidez de la boca.

Radiografía de los productos lácteos



Los productos lácteos siempre han sido considerados por el hombre como alimentos imprescindibles para su desarrollo y crecimiento. Sin embargo, hay quienes creen que no son necesarios y que sus propiedades pueden obtenerse de otras fuentes, como los vegetales y las frutas. Más aún, el argumento que utilizan tiene mucho de sentido común: el hombre es el único ser animal que consume leche después del destete, y encima de otros animales (como las vacas y las cabras).
Así y todo, los nutricionistas consideran a los productos lácteos como una parte esencial de la dieta equilibrada, y reconocen los importantes efectos que producen sobre la salud de nuestro organismo. Tan sólo resta analizarlos uno por uno, saber qué contienen y  por qué deben incluirse en nuestra alimentación. 

Leche: La leche de vaca desnatada tiene menos de la mitad de grasa que la leche entera. Para preparar leche desnatada se extrae toda la grasa, y como las vitaminas D y A son solubles en grasa, éstas también se eliminan. Dentro de lo usos tradicionales, la leche de vaca se prescribe con frecuencia en la medicina china para una constitución débil y para los que necesitan desarrollarse. La leche de cabra se recomienda para los trastornos gástricos. En Occidente, la leche se recomienda para quienes padecen úlcera de estómago o malestar gástrico. También se considera buena para reconstituir a los convalecientes y para los ancianos.
Nata (Crema de leche): La nata es la parte grasa de la leche, que se separa de la parte acuosa cuando se deja reposar la leche. Para preparar comercialmente crema líquida, estas dos partes se separan aún más. Por otro lado, la crema fresca es crema mezclada con crema agria. EL contenido de grasa de las versiones entera y semidescremada es elevado.
Yogur natural: Todo el yogur se fabrica con cultivos bacterianos "vivos" en leche. El yogur casero no se hace con calor, como el pasteurizado, ya que esto mata todas las bacterias que son beneficiosas para el
sistema digestivo.
Quesos semiduros y blandos: Después de separar la leche en cuajada y suero, por la acción del cuajo, los grumos sólidos se comprimen para crear los quesos duros y semiduros, tales como el cheddar y el fontina. Por su forma, el queso de cabra también puede considerarse un queso semiduro. Por su parte, los quesos blandos se preparan del mismo modo que los quesos duros y semiduros, salvo que los grumos no se comprimen. Ejemplos de quesos blandos son el fresco o cremoso, el brie y el camembert.
Requesón (Ricota): Puede considerarse una especie de queso blando que conserva más parte acuosa de la leche que el queso curado, y tiene un sabor algo dulce. Se puede utilizar en la cocina como alternativa baja en grasa al queso cremoso.
Manteca: La manteca contiene un mínimo de ochenta por ciento de leche. El color de la manteca depende de la cantidad de caroteno presente en el pienso de la vaca. Posee gran cantidad de grasa animal, por eso es poco recomendada en las dietas para bajar de peso.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Yogur: Aliado de la digestión


 
El yogur ha sido calificado como un alimento saludable muy valioso, pero además de eso, el yogur es una rica fuente de Calcio y Fósforo, contiene vitamina B2 y B12 que ayudan al sistema nervioso, a liberar la energía de los alimentos en el organismo, a recuperar la flora intestinal y fortalecer el sistema inmunológico. Además, elimina el mal aliento, la diarrea, el estreñimiento, regularizando la digestión de los alimentos.
Este derivado de la leche es una alternativa nutritiva a los postres helados pesados y a las natas (cremas). Al poseer Calcio y Fósforo cuida los dientes y los huesos previniendo caries y osteoporosis. Si bien el yogur atraviesa diversos procesos de pasteurización, no deja de ser un alimento natural.

Beneficios y aportes terapéuticos

La ingesta de yogur natural evita la proliferación de bacterias dañinas en el intestino delgado cuidándolo de padecer infecciones. El mal aliento, relacionado con los problemas digestivos, puede ser muy bien tratado y hasta eliminado con el consumo de yogur.
La ingesta de antibióticos destruyen las bacterias intestinales necesarias para su buen funcionamiento, pero la incorporación de yogur a la dieta logra restablecer su continuidad. También es muy benéfico para las personas que padecen continuas diarreas impidiendo así el riesgo de padecer colon irritable y la candidiasis.
Por otra parte, el yogur mejora la calidad de la piel y reacomoda el nivel de bacterias del intestino grueso previniendo el cáncer de colon.
Numerosas investigaciones han determinado que el consumo de yogures naturales o caseros que contienen cultivos, son sumamente benéficos para la salud digestiva. Además, los yogures que contienen en su composición fibra soluble ayudan a reducir los niveles de colesterol. Por eso, nada mejor que consumir regularmente un riquísimo yogur acompañado de frutas y miel para cuidar la salud del aparato digestivo.

jueves, 2 de mayo de 2013

Lo que debes saber sobre el Queso




La variabilidad del valor nutricional o alimentario del queso, es muy elevada, ya que depende de la clase de queso de que se trate.

El queso comparte casi las mismas propiedades nutricionales con la leche, excepto que contiene más grasas y proteínas concentradas. Además de ser fuente proteica de alto valor biológico, se destaca por ser una fuente importante de calcio y fósforo, necesarios para la remineralización ósea.
Los datos nutricionales del queso pueden variar en función de su contenido en grasa, pero en general se puede decir que es una rica fuente de calcio, proteínas, y fósforo. 100 gramos de queso manchego contienen 21 gramos de proteínas y entre 600 y 900 miligramos de calcio. Al tratarse básicamente de leche concentrada, hacen falta 600 gramos de leche para igualar esta cantidad de proteínas, y 550 gramos para la de calcio. Por otra parte, los niveles de calcio de los quesos frescos suelen estar entre los 80 mg a 100 mg por cada 100 g. Y en un queso emmental hay unos 1200 mg por cada 100 g.
También, en las proteínas existe mucha variación. Así por ejemplo, en los quesos frescos puede haber entre 8 y 9 g por cada 100 g, y en los quesos prensados entre 26 y 29 g por cada 100 g.

El queso también comparte con la leche sus inconvenientes nutricionales que se derivan del alto contenido en grasas saturadas, consistentes en triglicéridos y ácidos grasos saturados.
Este tipo de grasas repercuten de forma muy negativa en las enfermedades cardiovasculares. El Centro de la Ciencia de Interés Público sitúa al queso como la primera fuente de grasa saturada en los Estados Unidos, en los que cada habitante consume de media unos 13,6 kg al año. Sin embargo esta cantidad es bastante más pequeña que la de países europeos como Grecia (27 kg) o Francia (24 kg), en los que se tiene un índice relativamente bajo de enfermedades del corazón. Este hecho se conoce como la paradoja francesa, y se apunta a que se pueda justificar por el alto consumo de productos de la dieta mediterránea, como el vino tinto o el aceite de oliva.

Recordemos que para hacer un kilo de queso se requieren aproximadamente 10 litros de leche y que el contenido graso de la leche entera es de aproximadamente 3%.
El contenido de grasa en el queso depende del tipo de queso y el grado de maduración. Mientras más añejo es el queso, más grasa contiene y menos agua.

Grasos: si tienen mínimo un 45% de materia grasa, nunca más del 60%.
Semi-grasos: si tienen mínimo 25% de materia grasa, nunca más de 45%.
Desnatados: si no tienen nada de materia grasa o como mucho un 10%.
Semi-desnatados: si tienen menos del 25% y mínimo 10%.
Extra-grasos : si tiene un 60% o más.

La grasa en el queso es la que le da la intensidad de sabor, es así como los quesos con menos contenido de grasa carecen de textura y profundidad en el sabor.

Por último, la acción de los mohos durante el proceso de maduración contribuye positivamente para enriquecer el valor nutricional del queso. El moho hace aumentar el grupo vitamínico B. siendo el  queso un alimento rico en vitaminas A, D y del grupo B.

El queso en la cocina

Los quesos se comen crudos o cocinados, solos o con otros ingredientes. Cuando se calientan, la mayoría se funden y se doran. Algunos quesos, como el raclette, se funden suavemente; se puede lograr que muchos otros hagan lo mismo en presencia de ácidos o almidón. La fondue, con vino proporcionando la acidez, es un buen ejemplo de plato de queso fundido suavemente. Otros quesos se vuelven elásticos o viscosos cuando se funden, una cualidad que puede disfrutarse en platos como la pizza y el welsh rabbit. Algunos quesos se funden de modo disparejo, separándose sus grasas a medida que se calientan, mientras que los pocos quesos cuajados con ácido, incluyendo el halloumi, paneer y ricota, no se funden e incluso pueden endurecerse cuando son cocinados, a medida que se evapora el agua que contienen. A temperaturas superiores a 55 °C la gran mayoría de quesos comienzan a fundirse, aunque los más duros, como el parmesano, necesitan unos 82 °C.

El queso como ingrediente es ampliamente utilizado, especialmente en la cocina italiana. Es un ingrediente fundamental de las pizzas, así como de lasañas y canelones. También es muy común que acompañe a los platos de pasta, ya sea como condimento, como relleno, o como ingrediente de salsas. También es frecuente encontrarlo en platos de la cocina mexicana, como las quesadillas, los burritos y tacos. El queso procesado es uno de los condimentos más frecuentes en productos de comida rápida, como las hamburguesas y los perritos calientes.

Impacto del consumo de queso sobre la salud

Estudios en el campo de la odontología afirman que el queso puede ayudar de forma significativa en la prevención de caries y otras enfermedades de los dientes. Se trata de uno de los alimentos con contenido más alto en calcio y fósforo, así como de caseína y otras proteínas, qué son los principales componentes del esmalte de los dientes, por lo que la ingesta de queso puede ayudar a su remineralización. Aparte de esto, algunos ácidos grasos tienen propiedades antimicrobianas, controlando así el nivel de placa. Muchos tipos de queso estimulan también el flujo salival, lo que ayuda a limpiar la cavidad bucal de restos de alimentos, amortiguando también el medio ácido. Después de las comidas el pH de la saliva desciende, pero el calcio y el fósforo del queso ayudan a prevenirlo.

Las personas que sufren intolerancia a la lactosa normalmente evitan consumirlo, sin embargo quesos como el cheddar sólo contienen un 5% de la lactosa contenida en la leche entera, y en los quesos más añejos es prácticamente despreciable. Hay gente que sufre reacciones ante aminas encontradas en el queso, especialmente la histamina y la tiramina. En los más curados la cantidad de estas sustancias se hace más notable y pueden producir reacciones alérgicas como la aparición de sarpullidos, dolor de cabeza o aumento de la presión sanguínea.

© Textos: www.bedri.es