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miércoles, 28 de mayo de 2014

¿Adelgazar a distancia?



Dos estudios examinaron métodos nuevos para tratamientos de control de peso guiados a través de Internet y por vía telefónica. Ambos dieron como resultado un adelgazamiento menor que el logrado con entrevistas personales, pero con la ventaja de una mayor flexibilidad para seguir el plan.
El primero de los estudios trabajó con un grupo de 90 personas —81 mujeres y 9 hombres— con obesidad. Fue dividido en dos muestras: un subgrupo recibió una sesión de asesoramiento inicial para adelgazar y luego acceso a información nutricional y plan de adelgazamiento en un sitio web, y el segundo grupo fue atendido por teléfono.

El enfoque terapéutico se enmarcó en el estilo conductual. El tratamiento se encauzó a través de un programa de modificación de conductas de seis meses, vía e-mail e Internet, que incluyó lecciones semanales y consultas, con acceso a un boletín on-line y la posibilidad de compartir historias y comentarios con otros integrantes del programa. Las personas que realizaron este tratamiento bajaron más y recuperaron menos kilos que el otro grupo. Un año más tarde, el primer grupo seguía con un promedio de tres kilos y medio menos, contra un kilo menos del grupo de control. Si bien esta disminución es menor que la que se da en consultas cara a cara, otorga una mayor flexibilidad para llevar adelante el programa.

El segundo estudio, que intentó modificaciones de conducta a través del uso del télefono, tomó conceptos de cambios conductuales del reconocido programa denominado Learn. Los participantes —47 obesos—, contaron con un encuentro mensual con un nutricionista y sesiones de asesoramiento semanales realizadas por teléfono. En 16 semanas bajaron un promedio de cinco kilos.

martes, 27 de mayo de 2014

Buenas ideas para comenzar a "bajar de peso"



"Uno de los principales ingredientes del éxito es mantener la mente abierta para recibir respuestas."

Pensar en adelgazar o empezar a ir al gimnasio, sugiere a muchos la idea de un trabajo duro, una sucesión interminable de dieta, ejercicio, privaciones... Pero se puede modificar la actitud con que se enfrentan los cambios, y en vez de embarcarse en una lucha sin cuartel, comprometerse con un estilo de vida saludable. Entender esta diferencia implica un "clic", una especie de "flash", ese momento en el que de pronto encajan todas las piezas de un rompecabezas.
Muchas personas a las que creemos "triunfadoras", que nos parece que nacieron con la disciplina y los hábitos saludables incorporados, han pasado situaciones difíciles. ¿Qué los impulsó en su camino hacia el éxito? No es raro que cuenten que en algún momento escucharon, sintieron, o soñaron algo que actuó como disparador, que despertó su deseo y energía para actuar y alcanzar su objetivo.

Hacer este "clic" generalmente requiere etapas de preparación, reflexión y hasta frustración, y sólo luego de ello aparece el camino adecuado. Angela (40) lo cuenta así: "Yo engordé y adelgacé muchísimas veces, hice todas las dietas que encontré. Y siempre me sentía perdedora. Un día pasé delante de una vidriera y ví una gorda mujer enfrente. Me dí cuenta de que usaba el mismo vestido que yo. Era yo! Me sentí como si me hubiera quedado sin sangre en el cuerpo. Pero ese momento fue mi "clic". Fui a casa a comerme todo. Después, otro día al despertarme pensé: "Toda la vida he hecho lo mismo. ¿Seguiré para siempre así?" Una profunda sensación de aceptación me invadió, y me sentí una persona gorda en pie, luchando... Fue la primera vez que dejé de recriminarme y me perdoné. Eso me motivó para buscar ayuda. Perdonarme fue mi "clic"."

Experiencias como ésta son más comunes de lo que parece. De todas maneras, no es posible quedarse sentado esperando a que se produzca el cambio: hay que hacer que surja. Veamos algunas estrategias para su búsqueda. Es importante no prejuzgar cuáles van a funcionar. Utiliza la intuición y elije aquellas con las que te sientas más cómoda. Se pueden reciclar tácticas que ya se intentaron, especialmente si dieron pie a otros cambios. También se pueden combinar con nuevas ideas que nunca se pensó utilizar. Lo importante: no descalificarse por estrategias que antes no funcionaron. Todavía se puede contar con ellas. Lo importante es ponerse en marcha, incluso si aun no se ha hecho el "clic", pues el proceso de hacer algo puede convertirse en el mismo "clic".

miércoles, 2 de abril de 2014

Baja de peso de manera integral



La medicina natural encara el tema del adelgazamiento desde el punto de vista del balance nutricional. Se opone a las clásicas dietas estrictas y propone la eliminación del sobrepeso en forma lenta, gradual y sostenida. En este sentido, sugiere el seguimiento de una “dieta natural” baja en calorías, pero que cubra todas las necesidades nutricionales del organismo incorporando una gran variedad de alimentos integrales. De ahí, el nombre genérico de “dieta integral” o “programa gradual y controlado de pérdida de peso”. Para contrarrestar la debilidad propia de una dieta hipocalórica, los médicos naturistas aconsejan tomar preparados específicos y naturales de vitaminas y minerales, como algas marinas, perlas de aceite de germen de trigo, entre otros. Todos ellos bajo la adecuada supervisión del profesional médico.
En general, este tipo de dieta está indicada especialmente para aquellas personas que, además del sobrepeso, padecen algún otro problema de salud por mínimo que sea, ya que seguirla por unas semanas no le va a suponer ninguna clase de alteración ni empeoramiento en su trastorno. Luego debe incrementarse gradualmente la ingesta hasta una dieta normal. Para conservar la línea, es necesario además dedicar al menos 45 minutos de actividad física por día.

La dieta integral día por día

A continuación propongo una muestra semanal de la dieta reducida en calorías. Los menús son indicativos y pueden reemplazarse por otros, siempre y cuando se respeten las proporciones sugeridas. Asimismo, la dieta no puede extenderse más de 3 semanas ya que significaría un riesgo para la salud. Lo ideal es consultar al médico antes de someterse a esta o cualquier dieta baja en calorías. 

*El límite máximo de aceite vegetal para cocinar es de tres cucharadas por día. Se puede emplear algún edulcorante para las bebidas calientes.

Día lunes
• Desayuno: Una taza de leche desnatada con malta. Dos rebanadas de pan integral tostado. Una feta de jamón crudo.
• Almuerzo: Una ensalada mixta de verduras crudas. Un plato de sopa de fideos integrales. Un filete de ternera a la plancha.
• Merienda: Un vaso de zumo de naranja.
• Cena: Un plato pequeño de judías verdes rehogadas. Cuatro rodajas de merluza a la plancha. Una manzana mediana. Pan integral.
Día martes
• Desayuno: Una taza de leche desnatada con malta. Tres rebanadas de pan integral tostado con mermelada de frutas sin azúcar.
• Almuerzo: Una taza de acelgas rehogadas con puré de patatas deshidratado. Seis filetes de carne vegetal a la plancha. Una naranja mediana. Pan integral.
• Merienda: Un vaso de zumo de naranja.
• Cena: Sopa vegetal. Un huevo cocido. Un yogur desnatado. Pan integral.
Día miércoles
• Desayuno: Un vaso de zumo de naranja. Dos fetas de queso duro bajo en grasas. Dos rebanadas de pan integral tostado.
• Almuerzo: Una taza de ensalada variada. Dos lonchas de jamón de york (cocido). Dos peras medianas. Un yogur desnatado. Pan integral.
• Merienda: Una taza de leche desnatada con malta.
• Cena: Un plato de sopa de fideos integrales. Cuatro rodajas de merluza a la plancha. Una manzana. Pan integral o galletas integrales o salvado.
Día jueves
• Desayuno: Una taza de desayuno de leche desnatada con malta. Seis galletas integrales con mermelada de frutas sin azúcar.
• Almuerzo: Una porción pequeña de ensalada variada (a gusto). Una taza de consomé de pollo desgrasado. Una porción de tortilla de espárragos (con un huevo). Una naranja mediana. Pan integral.
• Merienda: Dos rebanadas de pan integral tostado. Dos fetas de jamón ibérico (crudo) desgrasado.
• Cena: Un plato pequeño de judías verdes rehogadas. Tres fetas de queso duro bajo en grasas. Una manzana. Pan integral o salvado.
Día viernes
• Desayuno: Un zumo de naranja. Dos rebanadas de pan integral tostado. Dos fetas de queso duro magro (aproximadamente 150 gr.).
• Almuerzo: Una taza de ensalada variada. Un plato de sopa de fideos integrales. Tres filetes de carne vegetal (milanesas de soja) a la plancha. Un yogur desnatado. Pan integral.
• Merienda: Dos rebanadas de pan integral tostado con mermelada de frutas sin azúcar.
• Cena: Un plato de sopa vegetal (con verduras de todo tipo). Una taza de puré de papas (patatas) deshidratado. Dos peras medianas. Pan integral o tres galletitas dietéticas.
Día sábado
• Desayuno: Una taza de leche desnatada con malta. Dos rebanadas de pan integral tostado. Una feta o loncha de jamón ibérico (crudo).
• Almuerzo: Una taza de ensalada mixta de verduras crudas. Una taza de consomé desgrasado. Cuatro rodajas de merluza en salsa verde. Una naranja.
• Merienda: Una taza mediana de leche desnatada con malta.
• Cena: Un plato pequeño de acelgas rehogadas. Tres fetas de queso duro magro. Una manzana. Pan integral o tres galletas dietéticas.
Día domingo
• Desayuno: Un vaso de zumo de naranja. Dos rebanadas de pan integral tostado con miel y queso blanco dietético.
•Almuerzo: Una taza de ensalada mixta de verduras (a elección). Tres filetes pequeños de pechuga de pollo a la plancha con limón. Un yogur desnatado.
• Merienda: Una taza mediana de leche desnatada con malta.
• Cena: Un porción pequeña de judías verdes rehogadas. Un huevo duro o pasado por agua. Dos mandarinas. Pan integral o galletas dietéticas.

viernes, 21 de marzo de 2014

Obesidad: Un factor de riesgo que debe considerarse



La obesidad es una enfermedad crónica no trasmisible y es a la vez un factor de riesgo de muchas patologías como por ejemplo: diabetes mellitus, hipertensión arterial, arterosclerosis, accidentes vasculares, dolencias del corazón, afecciones óseas y articulares (columna vertebral, rodillas, tobillos y pies) y várices, entre otras. Por la incidencia del peso corporal y de la acumulación de tejidos grasos, se producen desórdenes tanto fisiológicos como metabólicos. A la vez, la deformación de la figura suele acarrear problemas psicológicos y sociales, favoreciendo el aislamiento de quien padece de obesidad.
En este sentido, las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la obesidad, suelen ser padecimientos incapacitantes, por ello el costo humano y económico resultante puede ser muy alto si no se actúa preventivamente a tiempo y con los medios adecuados. Cuando el cuerpo acumula más kilos de los que la estructura ósea puede soportar, la persona pierde la movilidad y se recluye en una cama. En este estado, el tratamiento de la enfermedad es muy difícil. 

Clases de obesidad

Se han establecido dos tipos de clasificaciones de la obesidad, determinada uno por la edad y la otra por el lugar de acumulación del tejido graso. De acuerdo a la edad en que se desarrolla la enfermedad, pueden establecerse dos tipos de obesidad:
Endógena: caracterizada por el incremento en la cantidad de células grasas en el organismo (hiperplasia); se desarrolla en etapas tempranas de la vida.
Exógena: su rasgo esencial es la hipertrofia o el incremento en el tamaño de las células grasas; se presenta en la edad adulta y su tratamiento es bastante sencillo.
Por otra parte, de acuerdo al lugar de acumulación de tejido graso, la obesidad se divide en:
Ginecoide: la grasa tiende a radicarse en las caderas. El cuerpo adquiere la forma de una pera y generalmente se presenta en las mujeres.
Androide: supone mayor riesgo cardiovascular y la grasa se distribuye principalmente en el abdomen. El cuerpo adquiere la forma de una manzana y generalmente la padecen los hombres.
 

Una cuestión de hábitos

Los hábitos alimentarios son modifica­bles; una adecuada alimentación es algo que puede lograrse con orientación profesional y la predisposi­ción necesaria para corregir hábitos arraigados tal vez desde la infancia, edad en la que aprendemos a alimen­tarnos y adoptamos la mayoría de los referentes culturales. Hoy la obesidad infantil es un flagelo universal, que dará seguramente como resultado adul­tos obesos con un alto grado de riesgo sanitario.
Reducir peso mediante una dieta basa­da en correctos principios alimentarios, no es tal vez una tarea fácil, pero es el camino más seguro y confiable no sólo para mantener el peso adecuado, sino para conservar un óptimo estado de salud general. La obesidad debe tratarse y controlarse antes que repercuta en todo el organis­mo y nos conduzca a desarrollar diver­sas patologías.

Cuando comer de más se convierte en un trastorno



Cuando el cuerpo consume más alimentos (calorías) de los que realmente necesita, transforma el exceso en células de grasa que acumula en diferentes zonas (abdomen, cola, piernas, brazos, pecho, etc.). Sin embargo, la grasa en el cuerpo cumple múltiples funciones, es un aislante térmico para conservar el calor, amortigua impactos, es parte constituyente de todas las célu­las del organismo y protege a los órganos blandos. No es perjudicial en sí misma, sólo si se acumula en un porcentaje mayor al que el organismo necesita para conservar un óptimo estado de salud. Así, un simple exceso de tejido graso (adiposidad) se puede convertir en una enfermedad que supera los límites de la estética: la obesidad. Este trastorno es diagnosticable cuando la grasa corporal total es mayor al 15% en los hombres y al 30 % en las mujeres.
Por otra parte, la pérdida del control de peso es muy frecuente cuando unos inofensivos kilos de más superan el margen previsto para el peso corporal ideal de cada individuo. Si bien es cierto que un sobrepeso no necesariamente implica obesidad, no prestar atención a la balanza suele ser el comienzo de un problema que podría evitarse. Asimismo, la obesidad es de origen multifactorial: herencia, edad, tipo de actividad, son condicionantes para el desarrollo de tejido graso, pero el factor que destaca entre todos por lo perjudicial de su efecto y por la posibilidad de actuar sobre él, es el estilo de alimentación. El desequilibrio entre la cantidad de energía que ingerimos y la que realmente uti­lizamos y la alimentación con alto con­tenido graso y pobre en fibras (frutas, verduras, cereales integrales), son factores determinantes en el desarrollo de la obesi­dad. 

Kilos de más que deforman la figura

La obesidad es una enfermedad asociada con la alimentación, que además de generar trastornos a nivel orgánico, influye negativamente en la silueta y la salud mental de quien la padece. El exceso de peso se traduce literalmente en una deformación de la figura corporal, con consecuencias que intervienen directamente en las relaciones que establece la persona obesa con su entorno laboral, social e incluso familiar. Aunque la obesidad es ampliamente tratable, evitar una situación extrema puede ser la mejor prevención para ciertos problemas psicológicos que se derivan de la visión que tiene la persona obesa de sí misma.
En la actualidad, los médicos y nutricionistas utilizan el “Índice de Masa Corporal” o IMC para determinar si el peso corporal de una persona es el adecuado o no. Para ello aplican una fórmula muy sencilla que consiste en dividir el peso actual (expresado en kilogramos) por la altura elevada al cuadrado (expresada en metros). Esto es, peso / estatura2. Se compara el resultado de la operación matemática con una tabla, que indica un peso normal o ideal para valores comprendidos entre 20 y 25. Por debajo de 20 existe riesgo de desnutrición o mala alimentación, mientras que por encima de 25 se registra un exceso de peso que puede ir desde sobrepeso hasta obesidad mórbida (valores superiores a 35). Por ejemplo, si pesas 82 kilos y mides 1,85 metros, la fórmula aplicable es: 82 / 1,852 = 82 / 3,4225 = 23,95; este valor indica que tu peso es normal.