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lunes, 12 de mayo de 2014

Lo que debes saber sobre los "alimentos pesados"



“Las frutas y verduras están considerados los alimentos más livianos y naturales, asociados siempre con grandes fuentes de vitaminas e ideales para conservar la salud. En el otro extremo, encontramos un grupo de alimentos elaborados y procesados que resultan muy «pesados» al cuerpo, ya que su digestión demanda un enorme esfuerzo al organismo, y además carecen de fibra y agua, componentes claves para una óptima nutrición. Limitar el consumo de estos alimentos pesados es necesario para conservar un peso ideal y un estado de bienestar general.”

Existe un grupo de alimentos que tienen características nutritivas que los colocan en una categoría que yo denomino con el nombre de “pesados”. Los alimentos pesados poseen un perfil nutricional poco saludable ya que aportan muchas calorías a través de grasas saturadas, azúcares, y carecen de fibra alimentaria, vitaminas y agua. Aunque algunos están aditivados con micronutrientes (vitamina A, Hierro, Calcio, entre otros), son tan calóricos que no puede concebirse su consumo en una dieta realmente saludable. Lo paradójico de todo es que los alimentos pesados suelen conformar un gran porcentaje de la dieta diaria en la mayoría de las personas, sobre todo las que viven en Occidente.
No necesariamente un alimento pesado es el opuesto de un alimento dietético o light, pues existen versiones más livianas de los alimentos pesados más populares.
Lo que convierte a un alimento en pesado es la composición de nutrientes que aporta, y por sobre todo que contiene carbohidratos refinados sin nada de fibra. Es cierto que alimentan, pero si no se limita o controla su consumo, es muy fácil excederse en calorías y grasas saturadas. El exceso de calorías redunda en problemas de peso, mientras que el exceso de grasas saturadas provoca trastornos cardiacos. Es por esto, un alimento que sea pesado no incide sólo en la balanza, sino también en la salud, un aspecto que debe tenerse muy en cuenta.
Además la ingesta de alimentos pesados produce una lenta digestión, pesadez estomacal, cansancio, flatulencias y mal humor. Una combinación de síntomas que nada tiene que ver con sentirse vital y pleno. Precisamente los alimentos pesados carecen de vitalidad y eso condiciona nuestra calidad de vida.

La lista de los “alimentos pesados” la encabezan todos los productos de panadería, bollería y pastelería, entre los que se destacan las donas (donuts), los croissants, los brownies, las tortas con nata y chocolate, y los pasteles. También son considerados pesados los alimentos fritos (tipo nuggets), las pastas rellenas (con salsa con carne, nata y queso rallado), los estofados de carne (tipo guisos), los estofados de arroz precocidos, las galletas dulces rellenas, los bombones y los chocolates con leche, y la comida rápida.  Muchos platos se convierten en pesados por el método de cocción (fritado) o por los ingredientes que contienen (como el caso de las tortas y pasteles).
El punto en común de todos estos alimentos es que son muy ricos en grasas saturadas (de origen animal), algunos en azúcar (carbohidratos simples) y otros en sodio (en el caso de los estofados precocidos). Su digestión demanda mucho trabajo al organismo, y por poseer carbohidratos sin fibra se degradan rápidamente en glucosa, provocando que el cuerpo libere insulina rápidamente desde el páncreas, para bajar el nivel de azúcar en sangre. Luego esa baja produce cansancio y la necesidad de comer algo dulce o harinoso nuevamente. Es decir, que los alimentos pesados suelen alentar un círculo vicioso que quita vitalidad y energía al cuerpo. Todo ello se suma además al excedente de calorías que los alimentos pesados poseen, sobre todo a partir de la gran cantidad de grasas y azúcares que contienen.

viernes, 28 de marzo de 2014

Trabajar el cuerpo para vivir mejor



A medida que se modifica el concepto sobre nuestra imagen corporal , también crecen las expectativas con respecto a nosotros mismo y a nuestros objetivos. Es decir que a partir de un cambio externo, existen más posibilidades de darnos cuenta de que podemos obtener más cosas de las que tenemos, y más allá del aspecto material. Comenzamos a sentir la sensación de tener el control sobre nuestra propia vida y a ver que es posible modificar tal o cual situación. Por lo tanto tenemos más energías para encarar una búsqueda laboral, pedir un aumento de salario o retomar algún estudio que hemos dejado de lado.

Los efectos psicológicos del entrenamiento físico actúan en nosotros de una forma casi mágica: demuestran que es posible conquistar el propio cuerpo y que es posible hacer lo mismo con la vida personal. Asimismo, la actividad física modifica positivamente la manera de relacionarnos con los demás y, por lo tanto, podemos conseguir vínculos más sólidos en los que podamos interactuar con total comodidad. Todos estos cambios internos, sin dudas abren las puertas a mejores oportunidades personales, debido a que aprendemos a relacionarnos con los demás, con nosotros mismos y con el nuestro entorno de manera positiva y optimista. 

Combatir el estrés y vivir más

Las preocupaciones, el estrés y las tensiones cotidianas se acumulan paulatinamente en diferentes lugares del cuerpo y de la mente, manifestándose en forma de pensamientos negativos, ideas irracionales, contracturas, dolores musculares, dolor de espalda y otras afecciones que no nos molestan, sino que además nos absorben una valiosa energía.

En cambio, cuando dedicamos unos minutos diarios a nosotros, dejamos de lado el estrés y cultivamos una actitud diferente frente a los problemas. Pues la ejercitación física es en sí misma una forma de liberar tensiones y nos ofrece la posibilidad de detener parcialmente los pensamientos, ya que nos obliga a concentrar todo nuestro esfuerzo físico y mental sobre los ejercicios. Por otra parte, la reacción química que se produce, a través de la liberación de endorfinas, nos provee una sensación de bienestar tanto psíquica como física.

Por otra parte, el entrenamiento físico adecuado nos permite desarrollar y modelar los músculos caídos, mejorando nuestro tono muscular y nuestra imagen corporal total. Si a esto le añadimos el aumento de la energía, la densidad ósea y la mejora en la postura, obtenemos un cuerpo revitalizado y atractivo. Así, podemos conservarnos jóvenes y saludables por más tiempo, con una fuerza y un poder interior ampliamente positivo.

Actividad física y calidad de vida



La actividad física puede mejorar la calidad de vida de las personas de todas las edades en muchos aspectos.  Los estilos de vida activos proporcionan a las personas adultas continuas oportunidades de hacer nuevos amigos, mantener los vínculos sociales y relacionarse con personas de todas las edades.  La mejora de la flexibilidad, el equilibrio y el tono muscular pueden ayudar a prevenir las caídas, que son una causa importante de discapacidad entre las personas de edad.  Asimismo mantener el cuerpo en forma es un requisito indispensable para conservar la lucidez y creatividad mental. La actividad física también contribuye en gran medida al tratamiento de algunos problemas relacionados con el estrés, como la ansiedad o depresión.
Las sesiones de entrenamiento físico organizadas, adaptadas a la condición física de cada uno, o un simple paseo por el parque pueden brindar oportunidades para hacer nuevos amigos y para mantener los vínculos con la comunidad, contrarrestando así los sentimientos de soledad y de exclusión social.  La actividad física también puede ayudar a mejorar los niveles de confianza en uno mismo y la autoestima, factores que constituyen la base del bienestar psicológico. 

Nunca es tarde para empezar

Los efectos de la inactividad prolongada o sedentarismo se hacen notar a partir de los 25 años de edad: los músculos del cuerpo tienden a aplanarse, a perder fuerza y a endurecerse si no se los trabaja correcta y periódicamente; lo mismo ocurre con la flexibilidad, hay que ejercitarla si no queremos perderla. Todo esto nos demuestra hasta qué punto una vida sedentaria influye de manera negativa en nuestra calidad de vida. Sin embargo, los beneficios de la actividad física pueden disfrutarse incluso si la práctica regular comienza en una etapa tardía de la vida.  Si bien mantenerse activos desde la juventud puede ayudar a prevenir muchas enfermedades, el movimiento y la actividad regulares también ayudan a aliviar la discapacidad y el dolor asociados con enfermedades comunes entre las personas de edad, como  la  artritis,  la   osteoporosis y la hipertensión.
Lo ideal es tomar la decisión de empezar a mover el cuerpo, de forma gradual y sin grandes esfuerzos. Así el cuerpo se acostumbra poco a poco a recibir los beneficios que se derivan del entrenamiento físico diario. Desde un punto de vista práctico, lo primero es elegir una actividad aeróbica para mantener entrenado el sistema cardiovascular y disminuir la grasa corporal. Luego se adapta la actividad a unos 20 o 30 minutos diarios. Se puede optar por ciclismo, natación, caminata, trote o baile. Si el tiempo para realizar las actividades no es el indicado, sólo se debe buscar un momento libre y dedicar aunque sea unos pocos minutos varias veces al día hasta completar el tiempo total. Luego se sumarán ejercicios de fuerza junto con sesiones de estiramiento y relajación corporal.

martes, 23 de julio de 2013

Protege tu corazón



Estudios científicos han demostrado que sólo un pequeño porcentaje de enfermedades cardíacas se producen por factores hereditarios, la mayoría se debe a cuestiones que pueden modificarse. En la vida cotidiana existen comportamientos nocivos que pueden provocar dolencias cardíacas. Asimismo, existen otros hábitos que ayudan a prevenirlas, y así, prolongar la vida. Todo depende del empeño que ponga cada uno de nosotros en revertir las situaciones de riesgo para el corazón.
Uno de los factores de riesgo más comunes es el tabaco, ya que algunas sustancias de éste tienen un efecto vasoconstrictor que dificulta el flujo sanguíneo. También, el hábito de fumar acelera el ritmo cardíaco.
Por otra parte, la hipertensión arterial hace que el corazón trabaje mucho más y, con el tiempo, predispone al infarto. Para evitar esta situación, se debe controlar el problema de manera periódica con un médico, a la vez, practicar deportes moderados y reducir el consumo de sal en las comidas.
Finalmente, un estilo de vida acelerado y lleno de tensiones es un camino seguro hacia los problemas coronarios. Conviene aprender técnicas para controlar el estrés, las emociones violentas (el enojo) y la ansiedad. Asimismo se debe dejar la vida sedentaria por una actividad física habitual acompañada de una alimentación natural. Evitar las grasas de origen animal, las carnes rojas y las frituras protege al corazón y, sobre todo, a las arterias.
 

Cómo elevar la calidad de vida

El ejercicio físico es, sin duda, el mejor recurso no sólo para mantenerse en forma, sino también para que el cuerpo y la mente conserven la salud y el equilibrio. Es así que la actividad aeróbica tiene una clara influencia sobre los distintos sistemas del organismo:
- Sistema respiratorio: el ejercicio muscular aumenta la capacidad del tórax y facilita la movilidad de las costillas y esternón sobre sus articulaciones, que se hacen más movibles. Esto permite captar mayor cantidad de aire.
- Sistema circulatorio: un corazón normal, sin lesiones, responderá al trabajo físico con la aceleración de sus latidos y el aumento de la tensión arterial, facilitando así el caudal de sangre que los músculos requieren cuando se encuentran en actividad. El entrenamiento físico en persona inactivas tonifica el miocardio y aligera el trabajo del corazón por una mejor circulación a través de todos los vasos del organismo.
- Sistema nervioso: este sistema tiene que ser informado de todo lo que sucede en el organismo, por eso existe un flujo continuo de excitación, que llega desde los centros sensitivos por medio de los nervios motores, para provocar las respuestas musculares oportunas a la información recibida. La actividad física lleva a que esa percepción sea máxima respondiendo a pequeñas sensaciones. Este estado, lleva a la rapidez de reflejos que nos beneficia tanto en el deporte como en el trabajo.