Mostrando las entradas con la etiqueta alimentos pesados. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta alimentos pesados. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de mayo de 2014

El consumo de "alimentos pesados"



La popularidad de estos alimentos está dada porque la mayoría están listos para su consumo y no deben pasar por ningún proceso posterior de preparación y/o cocción. Están al alcance de la mano y resuelven muchos problemas de tiempo (como el caso de la comida rápida y los pre-cocidos), pero a un costo muy elevado. Aunque los excesos de pastelería suelen parecer inofensivos y sólo provocar problemas de peso, el porcentaje de grasas saturadas y azúcares que contienen, los hacen alimentos peligrosos que pueden generar potenciales problemas de salud, como ataques cardiacos o diabetes. Claro que siempre considerando un consumo excesivo o exclusivo de alimentos pesados. Perder la sensación de liviandad y vitalidad por una mala elección de alimentos en nuestra dieta diaria, definitivamente no es algo muy inteligente. Alcanzar un estado de plenitud y bienestar es de algún modo, alcanzar un estado de felicidad donde todo el organismo funciona de manera perfecta, y la mente trabaja de un modo más positivo y creativo. Todo ello debemos evaluarlo para finalmente adoptar hábitos de consumo más rentables y saludables.

Consejos para un consumo razonable

Antes de considerar un consumo razonable de “alimentos pesados” es preciso comprender que todo alimento rico en grasas saturadas, azúcares y sodio de por sí no es un alimento saludable. Aunque aporte nutrientes, el exceso de estos tres componentes convierte a un alimento en potencialmente “tóxico” para el cuerpo. Por lo que de antemano hay que establecer un modo de limitar su consumo al mínimo, o directamente no considerarlos como parte de la dieta diaria.
Desde un punto de vista más sensato, y comprendiendo además que los alimentos generan placer y no es necesario prescindir de los sabores más gustosos al paladar, los alimentos pesados deberían constituir hasta un 10-15% de los alimentos consumidos al día. La manera de determinar este porcentaje es a través de las calorías que aportan, y en una dieta promedio de 2200 calorías, estamos hablando de 220 a 330 calorías proveniente de este tipo de alimentos. Por lo que en la práctica el consumo debe ser muy escaso, basta sólo ver las etiquetas de alguno de ellos para darnos cuenta de que la mayoría supera con creces ese valor calórico.
La otra forma de limitar el consumo de alimentos pesados es utilizando un mecanismo de compensación, por ejemplo, si un día no excedemos en su consumo, los días siguientes optamos por una dieta más frugal y liviana. Así el cuerpo puede compensar los excesos y volver a recuperar un estado de equilibrio saludable. Esta práctica nos permite siempre comer de todo, sólo que con un criterio de sentido común que nos ayuda a identificar un exceso de comida, para luego subsanarlo con alimentos livianos. No es necesario dejar de lado todo o de adoptar una dieta insípida, al contrario, se trata de balancear el consumo de determinados alimentos, como el caso de los “pesados”.

Lo que debes saber sobre los "alimentos pesados"



“Las frutas y verduras están considerados los alimentos más livianos y naturales, asociados siempre con grandes fuentes de vitaminas e ideales para conservar la salud. En el otro extremo, encontramos un grupo de alimentos elaborados y procesados que resultan muy «pesados» al cuerpo, ya que su digestión demanda un enorme esfuerzo al organismo, y además carecen de fibra y agua, componentes claves para una óptima nutrición. Limitar el consumo de estos alimentos pesados es necesario para conservar un peso ideal y un estado de bienestar general.”

Existe un grupo de alimentos que tienen características nutritivas que los colocan en una categoría que yo denomino con el nombre de “pesados”. Los alimentos pesados poseen un perfil nutricional poco saludable ya que aportan muchas calorías a través de grasas saturadas, azúcares, y carecen de fibra alimentaria, vitaminas y agua. Aunque algunos están aditivados con micronutrientes (vitamina A, Hierro, Calcio, entre otros), son tan calóricos que no puede concebirse su consumo en una dieta realmente saludable. Lo paradójico de todo es que los alimentos pesados suelen conformar un gran porcentaje de la dieta diaria en la mayoría de las personas, sobre todo las que viven en Occidente.
No necesariamente un alimento pesado es el opuesto de un alimento dietético o light, pues existen versiones más livianas de los alimentos pesados más populares.
Lo que convierte a un alimento en pesado es la composición de nutrientes que aporta, y por sobre todo que contiene carbohidratos refinados sin nada de fibra. Es cierto que alimentan, pero si no se limita o controla su consumo, es muy fácil excederse en calorías y grasas saturadas. El exceso de calorías redunda en problemas de peso, mientras que el exceso de grasas saturadas provoca trastornos cardiacos. Es por esto, un alimento que sea pesado no incide sólo en la balanza, sino también en la salud, un aspecto que debe tenerse muy en cuenta.
Además la ingesta de alimentos pesados produce una lenta digestión, pesadez estomacal, cansancio, flatulencias y mal humor. Una combinación de síntomas que nada tiene que ver con sentirse vital y pleno. Precisamente los alimentos pesados carecen de vitalidad y eso condiciona nuestra calidad de vida.

La lista de los “alimentos pesados” la encabezan todos los productos de panadería, bollería y pastelería, entre los que se destacan las donas (donuts), los croissants, los brownies, las tortas con nata y chocolate, y los pasteles. También son considerados pesados los alimentos fritos (tipo nuggets), las pastas rellenas (con salsa con carne, nata y queso rallado), los estofados de carne (tipo guisos), los estofados de arroz precocidos, las galletas dulces rellenas, los bombones y los chocolates con leche, y la comida rápida.  Muchos platos se convierten en pesados por el método de cocción (fritado) o por los ingredientes que contienen (como el caso de las tortas y pasteles).
El punto en común de todos estos alimentos es que son muy ricos en grasas saturadas (de origen animal), algunos en azúcar (carbohidratos simples) y otros en sodio (en el caso de los estofados precocidos). Su digestión demanda mucho trabajo al organismo, y por poseer carbohidratos sin fibra se degradan rápidamente en glucosa, provocando que el cuerpo libere insulina rápidamente desde el páncreas, para bajar el nivel de azúcar en sangre. Luego esa baja produce cansancio y la necesidad de comer algo dulce o harinoso nuevamente. Es decir, que los alimentos pesados suelen alentar un círculo vicioso que quita vitalidad y energía al cuerpo. Todo ello se suma además al excedente de calorías que los alimentos pesados poseen, sobre todo a partir de la gran cantidad de grasas y azúcares que contienen.