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martes, 20 de diciembre de 2016

EL MEJOR REGALO PARA NAVIDAD

Alguna vez te has preguntado cuál es el mejor regalo que puedes hacerle a esas personas que amas y son parte de tu vida... Pues si aún no lo has hecho estás a tiempo de reflexionar sobre lo que es realmente importante en la vida. Te invito a que veas el siguiente vídeo, que ha sido parte de un experimento social realizado con 27 jóvenes españoles el pasado mes de noviembre. 



miércoles, 12 de febrero de 2014

Una pregunta clave: ¿Cuánto tiempo debemos entrenar?




Aunque muchos programas y rutinas de ejercicios prometen que se puede estar en forma y delgados con sólo diez minutos diarios, la realidad demuestra que eso es prácticamente imposible. Aún no se ha descubierto un sistema de entrenamiento ni ninguna actividad física o deportiva  (como la natación, el ciclismo o la caminata) que dé firmeza y moldee todo el cuerpo con diez minutos por día. Para ponerse en forma y mantenerse en forma se debe hacer ejercicio de modo sistemático involucrando los músculos de todas las partes del cuerpo; de esta forma se consigue corregir las posturas incorrectas, reducir la grasa de ciertas zonas y dar firmeza al cuerpo eliminando la flacidez de los músculos. Es inútil creer en las fórmulas mágicas o en soluciones instantáneas; ponerse y mantenerse en forma lleva su tiempo. Los planes intensivos que proponen un corto tiempo de ejercitación están diseñados para personas con un excelente forma física, no para principiantes o sedentarios.

Estudios realizados sobre los efectos de la actividad física en el cuerpo han revelado que son necesarios al menos treinta minutos diarios de ejercicios, entre 4 y 5 veces por semana. Sólo así se puede moldear y poner el cuerpo en forma promoviendo una postura correcta. Una vez moldeado el cuerpo y perfectamente en forma, sigue siendo necesario entrenar al menos media hora diaria para conservarlo en excelente estado. Lo cierto es que el ejercicio debería formar parte de la rutina diaria de todos. Las personas que siguen regularmente alguna actividad o llevan a cabo una sesión de ejercicios físicos, demuestran un estado fantástico de bienestar general, además de conservar un aspecto corporal espléndido y lleno de vitalidad. Hay que tener en cuenta que el factor “tiempo” tiene una buena compensación, ya que los minutos diarios de ejercicio pueden muy bien alargar el “tiempo” de la vida. 

El tiempo de los resultados

En general, si una persona sigue regularmente un programa de ejercicios puede apreciar los primeros resultados al cabo de una semana (siempre que no se aumente la cantidad de comida con el pretexto del ejercicio), y probablemente perciba una leve mejoría después de la primera sesión. En términos globales, ningún programa de ejercicio debería abandonarse antes de los 3 meses (12 semanas), ya que ese período de tiempo es el que realmente asegura cambios visibles en el cuerpo y en la salud. Asimismo, las primeras tres semanas de entrenamiento son claves, ya que el cuerpo se adapta al ejercicio regular y comienza a disfrutar de sus efectos.

Por otro lado, cada individuo reacciona de forma diversa a la actividad física, según la fisiología de su cuerpo. La cantidad de tiempo necesaria para moldear perfectamente el cuerpo en su totalidad, fortalecer los músculos y aumentar su vigor y flexibilidad depende, principal­mente, del estado físico de la persona al empezar un programa de entrenamiento corporal. Si una persona hace ejercicio toda su vida y no percibe cambios en su cuerpo, de seguro que los ejercicios no han sido los adecuados. En este caso, es cuando uno tiene que evaluar seriamente en cambiar de programa de entrenamiento o seguir otra actividad física. Cualquier problema de figura (salvo los causados por una deformación física) pueden corregirse practicando los ejercicios adecuados.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Escasez de tiempo y combinación de tareas



Si somos organizados y sabemos proyectar nuestras actividades, descubriremos que hay muchas de ellas que pueden combinarse, con el excelente resultado de que en el mismo intervalo estamos cumpliendo dos objetivos. Lo más simple es organizar simultáneamente una actividad de acción y/o movimiento con otra que sólo requiera de razonamiento o análisis. Por ejemplo: supongamos que una persona debe hacer todos los días un recorrido de 45 minutos en autobús; puede aprovecharlos para leer un libro, estudiar o escuchar un curso de idioma por casete.
Por otro lado, la optimización del tiempo requiere de la propia interpretación que cada uno hace del espacio diario de su vida (trabajo, esparcimiento, vida sentimental, descanso, etc.). Si no protegemos nuestro tiempo personal, éste será inevitablemente invadido por los de afuera. Escuchar al otro deber ser la única excepción a la invasión. Aunque siempre la decisión que tomemos debe ser propia y no ajena, sobre todo si queremos aprovechar mejor nuestro tiempo. Además, si no existe interés en destinar tiempo para escuchar al otro, es mejor un “no” a tiempo que una excusa de último momento en el medio de una conversación ya comprometida. Si queremos más tiempo debemos entender que la solidaridad de prestar oído tiene un precio muy alto, que quizá nunca volvamos a recuperar. 

La precisión frente a la velocidad

Hacer las cosas a la ligera conduce casi inevitablemente al error. Y allí se entra en un círculo vicioso: me apuro, me equivoco, me enojo y me apuro más, me equivoco peor... y así sucesivamente vamos derrochando tiempo sin darnos cuenta. Una actitud inteligente no consiste en ser más veloz, sino en mejorar nuestro rendimiento. No importa si tal cosa la hago en menos tiempo, sino si en el mismo tiempo pue­do hacerla mejor. Cuando uno va reconociendo los mecanismos mediante los cuales rinde más, éstos se traducen en una reduc­ción del tiempo que nece­sitamos para determinada actividad. De ahí que la precisión sea más eficaz que la velocidad si se trata de ganar tiempo.
Hay que aprender a po­ner atención y dedicación en todo 1o que hacemos. No sólo las obli­gaciones son "cosas serias": tam­bién lo es nuestro espacio de es­parcimiento o el que dedicamos a los afectos. Las cosas sencillas de la vida son tan importantes como los grandes logros, porque a través de ellas es que realmente la vivimos. Y de una u otra manera siempre debemos hacer las cosas con placer y entusiasmo, pues sólo así estaremos aprovechando con inteligencia nuestro tiempo.

jueves, 18 de abril de 2013

Organizar el tiempo: El secreto para vivir más




Optimizar el tiempo es de alguna manera alargar la vida, y sobre todo en la actualidad cuando todo parece suceder de una manera acelerada y vertiginosa. El ritmo de la actividad cotidiana hace que por instantes parezca imposible manejar nuestro tiempo personal y aprovecharlo mejor. Sin embargo, defender el derecho a decidir sobre nuestro presente es la clave para recuperar el tiempo perdido y aprender a administrar lo que constituye un tesoro invalorable. Porque la verdad es que el tiempo es mucho más que oro: es vida misma, lo cual no tiene precio.
Recuperar tiempo equivale ni más ni menos que a ampliar nuestros límites temporales, aprendiendo a vivir de manera más intensa. Esto implica una extensión de los espacios personales, que se agregarán a nuestra posibilidad de elegir qué hacer o qué dejar de hacer. Es como si de golpe disponemos de más dinero y debemos decidir en qué queremos invertirlo; lo mismo sucede con nuestro tiempo.

3 claves para ganar tiempo
  • La organización es el primer paso para ganar tiempo. El vértigo contemporáneo nos arranca de las manos el manejo de nuestro tiempo. Lograr y mantener una buena organización nos devuelve el poder de decisión sobre lo que hacemos, su duración y su sucesión a lo largo de cada día.
  • El segundo paso tiene que ver con decidir sobre nuestras actividades frente a las opiniones y obligaciones de los demás. Una mala organización de los tiempos personales, lo cual es común a la mayoría de las personas, implica un desorden que se presenta de una manera muy clara y concreta: la invasión.
    Personas desordenadas irrumpen en nuestra vida diariamente y, si lo permitimos, nos harán desperdiciar en ellas más tiempo del necesario. No debemos dejarnos arrastrar a la desorganización ajena e impedir que nos afecte.
  • Finalmente debemos aprender a disfrutar del tiempo que ganamos. No se trata de hacer ciertas cosas más rápido para agregar otras al desorden. No se trata de hacer más o hacer menos, sino de saborear las vivencias que nos ofrecen nuestras actividades, de la clase que sean. Sólo teniendo un grado importante de conciencia y dominio sobre cada momento presente podremos disfrutar el tiempo ganado.
Claves para vivir siempre vital

Si no tenemos la suficiente energía para hacerle frente a las obligaciones diarias, finalmente decaemos y terminamos padeciendo estrés, ansiedad o depresión. Sin embargo, existen métodos auténticos y sencillos para conseguir un adecuado “aprovisionamiento de energía” que nos permitan vivir siempre en plenitud y con vitalidad. He aquí una serie de reglas básicas que nos ayudarán a mejorar nuestra calidad de vida:

  • Cada vez que se pueda y a cualquier hora del día, respirar profundamente aire puro.
  • Acostarse temprano todas las noches (entre las 10 y 11 de la noche). Dos horas de sueño profundo antes de medianoche valen más que cuatro horas después.
  • Higienizarse bien antes de ir a la cama para eliminar así todo el polvo y la suciedad que acumulado durante el día. Esto nos permite conciliar un sueño profundo y placentero.
  • Relajar todos los músculos del cuerpo al ir a la cama. Es preciso aprender a languidecer y evitar toda rigidez. Después de esto procurar dejar la mente en blanco librándola de preocupaciones, temores y ansiedades. A la cama siempre se va a descansar y no a recordar o preocuparse.
  • Antes de dormir, tener en mente el ideal de vida que perseguimos. Es preciso saturar nuestra imaginación con pensamientos agradables.
  • Tratar de que en la habitación donde se duerme siempre circule el aire, sobre todo puro y fresco.
  • Despertarse a una buena hora (no más de 9 de la mañana) y saltar de la cama inmediatamente. No dar vueltas ni desperezarse o vacilar ya que esto contribuye a debilitar la fuerza de voluntad y alimentar el desgano.

*Al principio estos consejos requieren de un gran esfuerzo pero finalmente los resultados superan el sacrificio inicial.