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martes, 20 de mayo de 2014

A más sabores... más salud



La lengua detecta varios sabores: ácido, amargo, dulce, salado y umami (identificado por el investigador japonés Kikunae Ikeda, a comienzos del siglo XX, común en el sabor de los espárragos, tomates, quesos o carnes). Pues bien, faltaba uno muy importante en esta gama que podría definir nuestra calidad de vida dado a que marcaría nuestros hábitos alimenticios. La grasa es el sexto sabor según Russell Keast y sus colegas de la Universidad de Deakin en Melbourne (Australia).

De los 50 sujetos estudiados los que eran más sensibles al sexto sabor, tenían esta destreza relacionada con su peso corporal y hábitos alimenticios. En pocas palabras, eran más delgados que quienes tenían dificultades para sentirlo. Según este estudio, los sujetos más sensibles a las grasas, que las detectan en bajas concentraciones en los alimentos, consumen menos cantidades y son más delgados que quienes tienen dificultades para detectarla. No es entonces que nos guste la manteca chorreando en las distintas preparaciones, sino es todo lo contrario. Al no sentir su sabor, la consumimos en mayor cantidad.

La invasión de alimentos procesados ricos en sodio y azúcares ha polarizado la gama de sabores a sólo dos: dulce y salado. El problema es que los aditivos que contienen muchos alimentos industrializados “realzan su sabor”, por los que los convierten en extremo dulces o salados. Así nuestro paladar corre el riesgo de no poder identificar aquellos sabores suaves y sutiles, que nos proveen los alimentos naturales y sin aditivos. Es importante entonces reducir paulatinamente el consumo de los alimentos saborizados artificialmente, de manera que el organismo no sienta la abstinencia en su consumo, y al mismo tiempo recupere de a poco el abanico de gustos y olores no sólo más naturales, sino también más saludables.


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viernes, 14 de febrero de 2014

Alimentos tentadores pero poco recomendados



Es inevitable asociar los alimentos más ricos y sabrosos con los menos saludables y perjudiciales para la salud. La realidad demuestra que el sabor artificial de ciertos productos genera una mayor simpatía al paladar que los aromas y sabores que la naturaleza nos provee. Por eso es preciso recuperar la capacidad de la boca para sentir el gusto exquisito y natural de los alimentos frescos. Además, los alimentos pesados sólo generan un placer transitorio, ya que una vez que ingresan al cuerpo, el aparato digestivo debe realizar una tarea sumamente compleja para procesarlos y obtener así nutrientes útiles para hacer frente a las funciones orgánicas y fisiológicas.
En este sentido, debes identificar los denominados alimentos “malos” para restringir su consumo y reemplazarlos por otros más saludables y nutritivos. Para ello reduce el consumo de carnes rojas, productos lácteos enteros y comidas fritas. Procura reemplazar la sal y los aditivos artificiales (mostaza, mayonesa, ketchup, salsa golf, etc.) por hierbas y especias frescas. Evita, además, todos los alimentos que contienen aditivos, colorantes y conservantes, como los instantáneos, precocidos, enlatados y deshidratados. Los productos ahumados, embutidos y procesados también son nocivos para la salud, ya que contienen enormes cantidades de grasa y azúcar, pero escasa cantidad de nutrientes esenciales (como vitaminas y minerales).

Alimentos que llenan, pero no alimentan

Al igual que los alimentos ricos en grasas y azúcares, existen otros que aportan calorías vacías que sólo se acumulan en el cuerpo, restando energía y ofreciendo una fugaz sensación de placer. Tal es el caso de la cafeína, incluida en el café, té, preparados de cacao y ciertas bebidas gaseosas. Por eso debes limitar su consumo reemplazándola por jugos de frutas, infusiones de hierbas y batidos naturales. Las bebidas calientes sin cafeína (como la malta o cebada torrada) son excelentes sustitutos del café, y pueden acompañarse con leche descremada.
Por otro lado, debes moderar el consumo de alcohol, sobre todo de aquellas bebidas que poseen una importante graduación alcohólica. El alcohol, en exceso, es altamente nocivo para la salud y puede llegar a producir una adicción fatal. Además, su valor energético es alto en oposición a su nulo aporte de nutrientes. De ahí que, los bebedores de cerveza u otras bebidas cargan consigo una visible cantidad de grasa acumulada, principalmente en la zona del abdomen.