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viernes, 3 de octubre de 2014

Enfócate en tus deseos y alcanza tus sueños

“Decide lo que quieres. Luego visualízate con lo que deseas, siente como si ya lo tuvieras… y enfócate en las cosas por las que has de dar gracias y disfrútalas. Luego empieza el día y suéltalas en el Universo con la confianza de que éste se las arreglará para manifestarlo.”
—Jack Canfield
    Escritor, coautor del libro Sopa de pollo para el Alma. 

El enfoque es nuestra atención dirigida intencionalmente hacia algo. La dirección que le damos a nuestra atención, es lo que finalmente hace que nuestros deseos se materialicen. En el enfoque no hay anhelo, sino certeza de que todo acontece en el momento preciso. Es un estado de plena conciencia y alerta que nos invita a rendirnos frente a las fuerzas que todo lo rigen, pero con la convicción de que fluimos con las energías que nos ayudan a cumplir nuestros sueños. Si alineamos nuestros pensamientos con nuestras acciones a favor de un mismo objetivo, y ponemos en ello toda nuestra atención, se produce la manifestación del deseo. Y eso, sucede por ley.

“Cualquier cosa a la cual prestemos atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la cual dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá.”
—Deepak Chopra
    Médico, Escritor, Maestro Espiritual.
 
Si conseguimos mantener el enfoque a través de nuestra atención en cosas bellas y elevadas, aquellas cosas que nos proveen felicidad y plenitud, eso mismo terminaremos manifestando en nuestras vidas. Interiormente siempre elegimos lo positivo, lo noble y lo bueno… aunque la mente nos inunde con pensamientos negativos.
 
“Al trascender la barrera de la mente, dejamos que nuestra alma se exprese, y una vez allí, sólo debemos enfocarnos en aquello que deseamos para nuestra vida. En realidad todo está disponible, pero con el enfoque tomamos la decisión interior de experimentarlo.”

El enfoque se vale de paciencia y perseverancia, de acción y emoción, como cuando logramos aceptar la realidad. El enfoque nos permite obtener lo que deseamos. Si no somos conscientes, a nuestra vida llegan personas y circunstancias por omisión, es decir, por inconsciencia. Una vez más es bueno recordar que lo que le da poder a las leyes del Universo es nuestra plena conciencia sobre su existencia. Ellas son la “llave” que abre nuestro corazón, nuestra conexión con la Fuente Creadora, nuestro contacto más íntimo con Dios.
Esto al principio suele convertirse en una tarea ardua, pues llevamos mucho tiempo enfocándonos en pensamientos dañinos, egoístas y limitantes, por lo cual nuestra vida de hoy es el resultado de lo que hemos pensado en el pasado. Al enfocarnos en aquello que queremos para nuestra vida —por ejemplo, una relación de pareja perfecta—, eso finalmente se convertirá en nuestra realidad. Para cambiar algo, no debemos pensar en ello, sólo debemos aceptarlo y nada más. Luego dejar que la mente se enfoque en lo que deseamos, reforzándolo con nuestras palabras y nuestras acciones. La coherencia ayudará a no perder la atención de nuestro sueño. A partir de allí, sólo confiamos siendo conscientes de que para todo existe un tiempo, y ese tiempo es perfecto...

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jueves, 15 de agosto de 2013

Amor incondicional


“Amar es encontrar en la felicidad de otro
tu propia felicidad.”
—Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716)
    Filósofo, físico y matemático alemán.

Si dos personas se unen desde el amor incondicional, ambos transitarán el maravilloso camino de la vida juntos hasta el final, aunque su unión ya no sea física o presencial. Si en cambio existe un solo interés de alguno de los dos —por más pequeño que sea—, el fracaso en la pareja se hará evidente en algún momento. Pues incondicional significa “sin condiciones”, sin recibir nada a cambio. El placer de amar al otro está en el dar, no en el recibir. Quien da amor, ya es feliz por el sólo hecho de dar. Y como todo lo que damos vuelve multiplicado, nadie que da a amor incondicional escapa de recibir lo mismo. No hay interés ni negociación.

El verdadero amor no espera nada a cambio, absolutamente nada. Si amamos a alguien esperando que nos devuelva lo que le “damos”, el sentimiento hacia el otro no es verdadero amor. Esperar una retribución es un sentimiento que surge del Ego, de la necesidad de sentirnos amados; una manera de decir “yo te amo si tú me amas”. Al mismo tiempo, el verdadero amor no exige cambios en el otro, no se trata de cambiar al otro para amarlo o permanecer junto a él. La esencia del amor se basa en aceptar al otro tal y cómo es, y si el otro cambia o mejora —evoluciona— es por él mismo y no por nosotros. Es importante que comprendamos que en una relación basada en amor incondicional, la negociación no existe. Si en una relación se negocia, se pierde el sentido de la misma.

“Debemos entender al otro para saber si merece nuestro amor, pero si no lo amamos jamás podremos entenderlo. Entonces no se trata de entender a la personas primero, se trata de amarlas.”




viernes, 28 de junio de 2013

Contemplar: Un acto de amor incondicional


Contemplar al otro es verse reflejado en él, es un verdadero acto de amor. Muchos confunden el silencio con la indiferencia, pero lo cierto es que cuando hablo de silencio me refiero al silencio contemplativo, al silencio cómplice, al silencio empático. Este silencio es el resultado de una excelente comunicación entre los participantes de una relación, donde las palabras sólo ocupan el lugar que se merecen. No se habla para llenar un vacío, porque el vacío no existe, sólo existe amor, y eso lo llena todo. Lamentablemente nunca nos enseñaron el verdadero concepto del amor, aunque es imposible conceptualizarlo… el amor genuino no espera nada a cambio. Los grandes maestros espirituales que han pasado por el planeta siempre han transmitido amor incondicional. En contrapartida asimilamos un concepto de “amor románico”, el amor de película, pero que siempre espera algo a cambio y depende para su subsistencia de la presencia física del otro. Se vale sólo de palabras que refuerzan la ilusión de un vínculo profundo, porque si no es así, la relación se ve amenazada —por ejemplo: te amo, te quiero, eres el amor de mi vida, sin ti yo no puedo vivir, si te vas yo me muero, etc. Paradójicamente las palabras dulces no acompañan la realidad amarga de la relación, que vive en continua tensión, y donde las diferencias se hacen notar cuando el volumen de la voz sube, como para dejar en claro quién tiene la razón. Y depende fundamentalmente del apego hacia el otro, de lo contrario se desvanece en un instante.
El grito muestra el miedo que uno tiene, mientras que el amor susurra. Gritar en una relación es una falta de respeto hacia el otro pero también hacia nosotros, y evidencia un gran miedo interior y una falta absoluta de control interno. Cuando hay amor incondicional en una relación, las palabras sobran y hablar se reemplaza por contemplar.
Una relación se convierte en frágil y efímera cuando la felicidad de uno depende siempre del otro y de lo que el otro hace en la relación, de su ausencia o de su presencia. Aquí el alma está escondida, temerosa de expresarse, ya que puede desnudar la realidad de las cosas tal cual son. Aunque siempre debemos elegir expresarnos desde nuestro interior, sin esperar que los resultados finales sean los que deseamos. Primero aceptamos, después permitimos que nuestra alma se exprese. De esas acciones, todo resultado es positivo, porque así funcionan las leyes que lo rigen todo.

“El amor no necesita de las palabras para expresarse. Cuando dos almas se encuentran, el lenguaje del mundo queda obsoleto. Pues una simple mirada compasiva equivale a todas las frases que se han pronunciado en nombre del amor.”



jueves, 13 de junio de 2013

La valoración de las diferencias


Aceptar las maravillosas diferencias entre mujeres y hombres es comprender que cada uno puede potenciar al otro, complementarlo y sacar lo mejor de él. Nuestra alma gemela se convierte en la mejor versión de nosotros mismos, a cada momento, a cada instante. Embellecemos mutuamente nuestra vida con su presencia, con su ausencia, con sus palabras, con sus silencios.
Sentimos la necesidad de embellecer la vida del otro, porque nuestro amor genuino e incondicional nos lleva a hacerlo, pero sin esperar nada, ya que nuestra vida se llena al poder hacer cosas por el otro. Nuestro propósito vive en el otro, nuestra libertad vive en la libertad del otro, nuestra independencia vive en la independencia del otro. Ya no somos su palo en la rueda, somos quien le da el empujón que necesita. Al dejar que nuestra alma se exprese, el Universo conspira para que todo fluya de una manera sublime.

Reconocer las diferencias que subyacen en la naturaleza de cada sexo es fomentar una relación sana y fructífera a lo largo del tiempo. Precisamente la diferencia entre hombres y mujeres es lo que produce la complementariedad entre ambos, formando así un solo Ser. Muchas veces estos aspectos se dejan de lado para atender las propias necesidades, que suelen ser muy diferentes para cada sexo. Sin embargo para establecer una relación de pareja sólida se deben al menos considerar las diferencias que existen implícitamente entre hombres y mujeres, de lo contrario en un momento de la relación esas diferencias pueden resultar muy frustrantes para ambos. Las diferencias entre uno y otro no tienen nada de malo, lo malo es creer que no existen. El reconocimiento de la naturaleza de cada sexo es un acto que se vale de la comprensión y excluye cualquier expectativa hacia el otro. No se espera que el otro sea como yo pretendo que sea, sino más bien de respetar las diferencias que nos hacen seres únicos e irrepetibles.

“La mujer necesita que valoren sus sentimientos; el hombre necesita que respeten sus pensamientos.”
—Marianne Williamson
    Autora de bestsellers, conferencista internacional.


La mujer es sensible, el hombre es pragmático; la mujer es receptiva, el hombre es proveedor; la mujer necesita admirar al hombre, el hombre necesita que la mujer le muestre afecto y respeto; la mujer quiere siempre mejorar una situación aunque no sea necesario, el hombre busca hacer las cosas de un modo que funcione y nada más; cuando existe un problema la mujer necesita que la escuchen mientras que el hombre quiere permanecer aislado y solitario buscando la solución; la mujer no necesita que la complazcan con grandes regalos, el hombre piensa que puede complacer a su mujer con grandes regalos; la mujer valora que su pareja le pregunte sobre su día y resalte sus actividades, el hombre no quiere que le pregunten mucho por sus actividades ya que se siente controlado.
No se trata siempre de aportar una solución para cada caso, sino más bien de comprender que entre hombres y mujeres existen diferencias marcadas por su propia naturaleza, diferencias en el modo de actuar, pensar y sentir las cosas. Cuando aparece la comprensión entre uno y otro, se llega a la compasión, y sólo en ese punto es donde el amor envuelve a la relación y la hace sólida e indestructible como el acero. Sin comprensión, sin compasión y sin amor incondicional no existe ninguna relación posible. Se puede estar con una persona sin esos tres principios sagrados, incluso tener sexo y hasta formar una familia, pero la felicidad no será una característica presente, se convertirá en algo inalcanzable. La falta de expectativas revierte el proceso, y la felicidad aflora de inmediato.



domingo, 9 de junio de 2013

Introducción a la LEY DE LA ACEPTACIÓN


“Cuando experimentamos la aceptación disfrutamos todo tal como es. No tenemos necesidad de cambiar nada. Las cosas son así, y así están bien. Son hermosas tal como están. Nuestras imágenes y nuestros pensamientos están enamorados de la exquisitez de las cosas. La vida es alegre.”
—Hale Dowskin
    Escritor, Autor del Método Sedona.


La aceptación total y completa de la vida suele aparecer cuando el nivel de sufrimiento y dolor llega a un límite intolerable e insoportable para uno mismo. Allí es cuando decidimos un cambio, que comienza con la aceptación de todo lo que acontece en nuestras vidas, sea bueno, malo o regular para nuestra mente. Desde este preciso instante podemos decidir aceptar las cosas tal y como son, porque sólo a partir de la aceptación se produce un cambio. Esta ley universal promueve una transformación tan grande y espectacular en nuestras vidas, que la vida literalmente se modifica, y aflora nuestro auténtico carácter y nuestra esencia como seres humanos.

No son las situaciones o las relaciones con otras personas las que generan sufrimiento, en realidad la interpretación de ellas es lo que crea el sufrimiento. La aceptación de las situaciones y las relaciones con otras personas termina con el sufrimiento infligido por la mente. Es el primer paso para el cambio, no solo de percepción o interpretación, sino para el cambio de vida. Es el “punto de partida” en un nuevo camino, el camino de la felicidad. La aceptación total es la no resistencia total, es el fluir de la vida, es disfrutar espontáneamente el presente, como sucede con todos los seres vivos que interactúan con la Naturaleza, no se resisten a ella o intentan en vano cambiarla. Es como desear que no salga el Sol, si nos resistimos a ello nuestra vida se volverá desdichada, pero si lo aceptamos, podremos disfrutar de su calor.

“Acepta, después actúa. Lo que quiera que contenga el momento presente, acéptalo como si lo hubieses elegido. Trabaja siempre con él, no contra él. Hazlo tú amigo y aliado, no tu enemigo. Esto transformará milagrosamente toda tu vida.”
—Eckhart Tolle
    Escritor, Maestro Espiritual.


Una de las claves de la Ley de la Aceptación consiste literalmente en dejar de resistirse a las circunstancias y personas que hoy están en nuestra vida. Porque al aceptar encontramos paz, y esa paz interior es la que nos predispone para que los milagros ocurran. Mágicamente todo cambia cuando uno deja de resistirse, y es inmediato. Por ley, la aceptación es el comienzo de todo cambio, que es diferente a resignarse, porque cuando aceptamos nos comprometemos a cambiar, nos ponemos en acción. Mientras que cuando nos resignamos de alguna forma nos victimizamos y quedamos paralizados sin poder avanzar o crecer.

La resistencia aumenta la persistencia a una situación o realidad determinada. No resistirse implica aceptar plena y responsablemente lo que sucede, no lo que sucedió o sucederá, sino lo que sucede en el presente, el único momento con el que contamos. Al dejar de resistirnos —por ejemplo, a la soledad— todo cambia, pero de una manera casi mágica. Es un clic mental, ya no nos aflige lo que acontece, y esa no resistencia que se traduce en libertad interior, transforma el muro de nuestra realidad actual en un peldaño hacia una nueva vida. Y esto ocurre desde el mismo momento en que dejamos de resistirnos, no es algo que haya que esperar. Cada vez que actuamos de acuerdo a una ley universal, la transformación es instantánea, porque la diferencia está en que ahora fluimos con toda la energía y fuerza infinita del Universo. Nuestra vida se convierte en un Paraíso, pero a cada instante porque aceptamos todo sin resistirnos a lo que simplemente es.



jueves, 6 de junio de 2013

Convertirse en el deseo


“Hoy en día, ¿eres la mejor versión de ti mismo que puedes ser? Cada día de tu vida, ¿te conviertes en la mejor persona que puedes ser? Cuando la respuesta se acerque a un sí, día tras día te convertirás en una mejor persona, o al menos, en la mejor versión de ti mismo que puedes ser en el presente.” 

Si deseamos establecer una relación de pareja perfecta o convertir una relación actual en ideal, debemos comenzar por nosotros. Las leyes infalibles se aplican a nosotros primero, y luego por añadidura alcanzan a los demás.  Debemos convertirnos en aquello que deseamos acontezca en nuestras vidas, debemos ser como queremos que sean los demás con nosotros. Recibimos sólo lo que damos, y eso sucede por ley.
Una de las ilusiones más terribles a las que nos somete la mente es la idea de que acompañados vamos a estar mejor que solos. Pero lo cierto es que es imposible estar bien acompañados, si primero no estamos bien solos. La felicidad y el bienestar anteceden cualquier vínculo. Una persona que no se siente bien sola, atrae a su vida a personas y situaciones acorde a sus pensamientos y sentimientos dominantes, aunque al principio parezcan “salvadoras”. Ello explica en parte porque la mayoría de las relaciones de pareja se convierten con el tiempo en “disfuncionales”, porque en algunos de sus integrantes siempre existió el temor a la soledad. El miedo es una energía destructiva, por eso nada que se sustente en él puede perdurar en el tiempo. Como contraparte, todo lo que se sustenta en el amor, tiende a perpetuarse.
Para aliviar el dolor, la mente continuamente crea imágenes ilusorias de situaciones potenciales del pasado proyectadas en el futuro, cuando en realidad lo que hace es extenderlo en el tiempo. Al creer que algo va a cambiar “en el futuro”, nos perdemos la posibilidad de experimentar el ahora, y en realidad dejamos de vivir. La pérdida del presente es la pérdida de la conciencia, de todo lo que puede acontecer a cada instante… que se desperdicia al permanecer en un constante estado de inconsciencia. Podemos dejar de vivir en “piloto automático” desde el preciso momento en que nos hacemos conscientes de nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras palabras y nuestras acciones. La “coherencia” entre el pensar, sentir, expresar y actuar es el ejemplo más claro de una vida en estado de plena conciencia.


Confía plenamente en tu capacidad interior de crear la vida que deseas tener. Pero para crear esa vida, o convertir ese sueño en realidad, debes acompañarlo con tus palabras. Que tus palabras sean bellas, bonitas y positivas. 

Nuestro lenguaje es tan rico que podemos decir lo mismo de veinte maneras diferentes. Por eso, cada vez que utilicemos las palabras como modo de expresión y comunicación, debemos tratar de seleccionar aquellas más dulces y amables. Nuestras palabras demuestran de alguna manera nuestro estado interior, al igual que nuestros silencios. Y en una relación de pareja, palabras y silencios son determinantes para su crecimiento y enriquecimiento. De palabras y silencios se puede construir la relación más sólida o la más frágil. Pero si seguimos las cinco leyes infalibles, cada expresión va a servir para construir en lugar de destruir. Y la coherencia de esas palabras va a estar dada finalmente por aquello que nos define como personas: nuestras acciones.
Es preciso comprender que se necesita mucha valentía para ser una persona íntegra y coherente en todos los ámbitos de la vida, disociarlos es finalmente vivir una ilusión de que tenemos control sobre todo cuando en realidad deberíamos sólo aceptar las circunstancias y personas como son. Creer tener control sobre las cosas es un gran indicio de que no tenemos control sobre nosotros mismos. Por eso la primera relación siempre comienza con uno mismo. Luego de estar bien con nosotros, y conseguir la coherencia entre pensamiento, palabra y acción, es posible establecer relaciones sanas y profundas con los demás. 


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