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miércoles, 16 de abril de 2014

AUTOTEST: ¿Sabes relacionarte con los demás?



El siguiente test te permitirá descubrir si eres una persona que sabe verdaderamente cómo establecer relaciones sociales con otras personas. Para que el resultado sea certero debes responder con sinceridad cada pregunta.

Cómo se lleva a cabo

El fin de este cuestionario es conocer la capacidad de una persona para establecer relaciones con otras personas, considerando fundamentalmente los aspectos de la personalidad que hacen a su forma de comunicarse e interactuar socialmente. Para ello, el test consta de 10 preguntas con 3 respuestas múltiples cada una. Una vez que eliges las respuestas sumas todos los puntos y los comparas con la tabla de resultados.

*Nota: Los resultados de este test sólo ofrecen una información orientadora y bajo ningún aspecto constituyen una herramienta de diagnóstico psicológico, ni reemplaza la opinión de un especialista. Ante cualquier duda, consulta a un terapeuta.

1. Cuando participas de una charla con otra persona, ¿hacia dónde diriges tu mirada?

• A los ojos y/o la parte superior de la cara de la otra persona (10 puntos)
• Hacia abajo evitando mirar la cara de la otra persona (5 puntos)
• Hacia cualquier lado, pero nunca en la otra persona (0 punto)

2. Frente a una situación graciosa o cómica entre amigos o compañeros de trabajo, ¿cuál es tu reacción gestual?

• Sonrío espontáneamente y sin vergüenza (10 puntos)
• Sonrío irónicamente burlándome de la situación (0 punto)
• No sonrío porque me da vergüenza o no considero graciosa la situación (5 puntos)

3. Generalmente, ¿qué postura corporal adoptas en un encuentro social entre amigos, conocidos y/o compañeros de trabajo?

• Cuerpo erguido, sin agachar la cabeza y las manos libres (10 puntos)
• Cuerpo encorvado, hombros hacia delante y las manos en los bolsillos (5 puntos)
• Cuerpo despatarrado, mirando hacia cualquier parte y con las manos apretadas (0 punto)

4. Normalmente, ¿qué distancia sueles establecer frente a otra persona en una conversación amigable?

• Corta; cerca de la persona pero sin incomodarla (10 puntos)
• Larga; lejos de la persona por precaución o timidez (5 puntos)
• Corta o larga, con el cuerpo hacia cualquier lado mostrando poco interés en la charla
(0 punto)
                                                                                                           
5. En una reunión social, ¿qué acción desarrollas con mayor frecuencia?

• Escuchar y también opinar e intercambiar ideas (10 puntos)
• Sólo escuchar, prefiero no intervenir en las conversaciones (5 puntos)
• Hablar todo el tiempo porque deseo que los demás me escuchen (0 puntos)

6. En una conversación amena, ¿qué tono de voz utilizas?

• Modulo el tono de voz a lo largo de toda la charla según como se desarrolle la misma (10 puntos)
• Utilizo un tono de voz bajo sin elevarlo en ningún momento (5 puntos)
• Utilizo un tono de voz alto para ser escuchado e imponer mis ideas (0 punto)

7. ¿Qué gestos o ademanes empleas generalmente para acompañar una comunicación verbal?

• Movimientos de manos y cabeza, pero sin exagerar demasiado las formas (10 puntos)
• Movimientos de cabeza, de forma sutil y como respuesta a inquietudes de la otra persona
(5 puntos)
• Encogimientos de hombros y grandes movimientos de brazos, de manera que exponga mi posición en la charla frente a los demás (0 puntos)

8. Durante una conversación sobre un tema específico, ¿qué haces la mayoría de las veces?

• Opino sólo cuando conozco del tema (10 puntos)
• No opino nunca, aunque esté informado sobre el tema (5 puntos)
• Opino siempre, aunque no esté informado sobre el tema (0 punto)

9. Cuando sientes un interés especial hacia otra persona, ¿qué haces para establecer contacto con ella?

• Iniciar una conversación sin demostrarle directamente mis sentimientos (10 puntos)
• Esperar a que ella establezca contacto conmigo de alguna forma (5 puntos)
• Exponerle mis intenciones directamente si importar las consecuencias (0 puntos)

10. ¿Qué recursos utilizas para ser aceptado/a por un nuevo grupo de personas?

• Demuestro interés por integrarme al grupo, escucho a los demás y expongo mis ideas sin imposiciones (10 puntos)
• Trato de integrarme contestando las preguntas que me hacen pero sin tomar ninguna iniciativa (5 puntos)
• Utilizo frases hechas, cuento algún chiste o demuestro mi conocimiento sobre algún tema en concreto (0 puntos)

Tabla de Resultados

Tu comportamiento frente a los demás deja mucho que desear. (0 a 35 puntos)
Son las conductas agresivas e inadecuadas las que te llevan a avasallar los derechos de los demás y a dar una muy mala impresión de tu persona. Estas conductas agresivas incluyen generalmente desconsideraciones hacia el otro, imposiciones, falta de respeto y actitudes egocéntricas. Tampoco falta la ironía y el sarcasmo despectivo. Tiendes a la dominación en cualquier charla o reunión social, a negar al otro la capacidad de expresarse y de responder equitativamente. Las consecuencias a largo plazo siempre son negativas, incluso cuando creas que eres importante en tu ámbito social, ya que puedes quedarte sin amigos de verdad por mucho que puedas haber ganado súbditos. La solución es sencilla: comienza por escuchar a los demás, a darles su lugar; aprende a ser más sutil y menos explícito; permite la discusión sana y nunca cierres las puertas del diálogo, por más razón que creas tener.

Debes cambiar algunos aspectos para mejorar tus relaciones. (36 a 70 puntos) 
Quizás tu timidez o tu falta de iniciativa son las que interfieren en la manera de relacionarte con los demás. Las actitudes pasivas, la incapacidad para expresar con libertad lo que sientes, y la falta de opinión propia, pueden generar una situación de aislamiento social a largo plazo. Asimismo, recuerda que pedir disculpas constantemente no es más que la falta de respeto hacia tus propias necesidades. Evitar conflictos al precio que sea no denota interés por defender una idea, una opinión o una postura en una conversación. Si no te expresas libremente, colocas a tus interlocutores en la difícil situación de adivinar qué deseas, y terminan por considerarte una persona molesta. Esas cosas deben cambiar para potenciar tus relaciones con la gente: conserva y cultiva un buen concepto de ti mismo identificando y remarcando tus valores y cualidades; aprende a iniciar una conversación y a mantenerla; anímate a formular preguntas y a expresar lo que sientes sin ningún tabú; aprende a convencer a los demás con persuasión y sutileza. Todo ello te servirá para que los demás te aprecien y te consideren una persona agradable e instruida.

Tú si que sabes relacionarte con los demás. (71 a 100 puntos)
En términos generales, tu conducta frente a los demás es la más hábil socialmente porque supone la expresión abierta de los sentimientos, deseos y derechos pero sin atacar a nadie. Siempre expresas el respeto hacia ti mismo y hacia los demás. Pero es bueno aclarar que esta manera de ser no implica necesariamente la ausencia de conflicto con otras personas, sino la sabiduría y habilidad para gestionar los problemas cuando surgen. Pues el maravilloso arte de convivir con los demás consiste en no quedarse corto y en no pasarse. Esto se considera una actitud netamente equilibrada, lo que se conoce como asertividad: ser tu mismo y resultar convincente sin incomodar a los demás, al menos no más de lo imprescindible. Recuerda que la persona persuasiva, eficaz en su comunicación y que resulta agradable a sus interlocutores, puede considerarse asertiva y aceptada socialmente por todos.

jueves, 2 de enero de 2014

Escuchar con atención: La base de toda relación duradera




Nuestra capacidad de escuchar al otro está estrechamente vinculada con nuestros temores y dudas más profundos, que puede llegar a convertirnos en auténticos "sordos" o en auténticos verdugos frente a ciertos temas, mientras que ante otras cuestiones puede mostrarnos como seres cálidos y bondadosos. Sin embargo, de una u otra forma no podemos disociarnos de nuestras propias vivencias personales, y lo importante es poner en juego la atención necesaria para poder darle a la otra persona la respuesta que está necesitando.
Para aprender a escuchar a lo demás, lo primero que debemos hacer es escucharnos a nosotros mismos y darnos el valor que tenemos frente a toda relación con otra persona (sea de la índole que sea). De nada sirve adoptare una actitud fría y distante que no produzca la contención que nuestro amigo requiere. Con el tiempo, nuestra postura comenzará a dar sus nefastos resultados: las personas con las que nos relacionamos se irán alejando de a poco, hasta el día en que miremos a nuestro alrededor y nos demos cuenta de lo cerrados que hemos sido. Además, si aprendemos a escuchar al otro podremos nutrirnos de sus propias vivencias y aprender del éxito o fracaso ajeno. Al mismo tiempo que podemos ayudar a alguien con sus problemas, nos podemos ayudar a nosotros mismos. 

Pasar a la acción: Etapa necesaria de toda relación

Cuando se presente el momento adecuado, todo buen amigo debe aprender a brindar una opinión certera y objetiva sobre lo que escuchó, ofreciendo los mecanismos necesarios para “pasar a la acción” y proponer así una solución sencilla y efectiva. Luego, quien expone sus problemas puede elegir finalmente qué hacer  para acceder por sí mismo a la solución de su conflicto. Y esto implica mucho más que dar un consejo, se trata de persuadir al otro de lo importante que es actuar frente a tal o cual situación; en definitiva, es intentar que el otro tome conciencia de sus propios problemas y se dé cuenta qué el mismo puede solucionarlos.
Por otra parte, las personas que se resisten a aceptar un punto de vista que no sea el propio, nunca consiguen solucionar el problema de manera definitiva. Pues sin darse cuenta, ellos mismos recurren a nosotros no sólo para desahogarse sino también para encontrar soluciones. Frente a una situación de este tipo, lo mejor es negarse a escucharlo, aunque nos duela en el alma. Así le demostraremos a la otra persona que somos mucho más que una gran oreja donde todos vienen a desahogarse y contar sus problemas. Pues como la base de toda relación personal es la interacción (o sea, un ida y vuelta), si ésta no se da, deberemos aceptar que de nada sirve conservarla.

Cómo potenciar las relaciones personales



La base de una relación personal es la interacción. La interacción no es más ni menos que el arte de saber escuchar y ser escuchado, sólo así puede sobrevivir sanamente una relación con otra persona (ya sea amigo, pareja o familiar). Y aunque muchas veces nos cuesta escuchar al otro, también somos víctimas de los oídos sordos de aquellos que nos rodean. El resultado es más que previsible: con el tiempo nos quedamos totalmente solos. Para revertir esta situación es preciso actuar a tiempo adquiriendo la habilidad necesaria para que los demás nos escuchen, al mismo tiempo que cultivamos una personalidad serena y tranquila que nos permita aprender a escuchar al otro.
En muchas ocasiones creemos estar escuchando al otro, pero lo que en realidad estamos haciendo es emitir juicios sobre lo que está diciendo o analizar internamente su comportamiento. Como contrapartida, a veces quien nos escucha refleja en su mirada el mismo comportamiento, y a nosotros nos invade esa extraña sensación de haber estado "hablando con una pared". Y aunque muchos crean que escuchar y ser escuchado es una cuestión natural, hacerlo conscientemente respetando al otro y haciéndonos respetar, es una actividad que requiere de tiempo y práctica. Sólo así conseguiremos potenciar nuestras relaciones personales. 

Aprender a considerar a los demás

Cuidar nuestras relaciones personales es un verdadero arte, que quién lo aprende jamás se queda solo. Para ello nada mejor que prestar especial atención a los siguientes consejos, que nos permitirán perfeccionar la actitud que adoptamos cuando una persona requiere de nuestra atención y consideración:
• Desechar los prejuicios: En ocasiones reaccionamos de forma automática sin llegar a escuchar del todo al otro. Por ejemplo, decimos: "esto está bien, esto es correcto, esto no me gusta". Estas opiniones fugaces son tan definitivas, que sólo incrementan la cuota de culpabilidad en quien nos cuenta sus problemas.
• Decir las cosas sin herir sentimientos: Los especialistas aconsejan no tener miedo de mostrarnos algo duros cuando sea necesario, aunque sin llegar a generar odio. Siempre una actitud comprensiva y cálida podrá aliviar la tensión en el momento de una interacción, aunque en ocasiones no ayudará al otro a modificar su estado de ánimo y cambiar su predisposición frente a las cosas.
• Adoptar un actitud receptiva: Para escuchar bien a alguien debemos crear una situación propicia que aliente a la persona deprimida a expresar su malestar sin ningún impedimento ni respuestas apresuradas que lo dispersen de su exposición. Debemos ser pacientes, pues siempre existe el turno para contestar.
• Ser objetivos y saber tomar distancia: De ser posible, debemos evitar que nuestra comprensión y sensibilidad nos haga perder la cabeza. El desafío de toda relación personal sana es aprender a ayudar al otro sin debilitarnos con sus propios problemas, aunque se trate de situaciones sumamente complejas.