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viernes, 15 de noviembre de 2013

Alimentos orgánicos: Mucho más que naturales



Generalmente se emplean una serie de productos químicos para proteger el cultivo de frutas y verduras. Estos componentes que se encuentran en dosis mínimas terminan finalmente dentro de nuestro cuerpo. Sin embargo, los alimentos tratados con pesticidas químico-sintéticos, plaguicidas, antibióticos, hormonas, colorantes, conservantes y estabilizadores empezaron a ser sustituídos por otros realmente naturales: "los alimentos orgánicos".

ORIGEN DE LOS "ORGANICOS"

En ciertos países europeos, la conciencia de los consumidores generó el desarrollo y evolución de sistemas agrícolas biológicos que rechazan abonos artificiales u otros componentes sintéticos y los sustituyen por técnicas y tratamientos no contaminantes. De esa manera se obtienen verduras y hortalizas libres de manipulación química.
Este tipo de técnicas tienen la característica principal de respetar los ritmos naturales del crecimiento de las plantas, ya que no utilizan aditivos para acelerar el proceso. Los que cultivan "alimentos orgánicos" seleccionan cada especie de acuerdo con su adaptación al suelo, y rotan permanentemente los cultivos para no sobreexplotar la tierra. Los únicos abonos empleados son obtenidos por procesos orgánicos.
En Europa, los productos orgánicos se comercializan con una identificación especial y se clasifican como productos naturales o biológicos. En general, la elaboración de estos últimos está sujeta a normas mucho más estrictas.


PROPIEDADES INCREIBLES

Los "alimentos orgánicos" son sembrados y cosechados de manera netamente natural, son más sanos y equilibrados que el resto y cubren las necesidades diarias de vitaminas y minerales en forma más completa.
Las frutas y las verduras orgánicas poseen 28 por ciento más de vitamina C y 18 por ciento más de proteínas que las que se consiguen con el uso de abonos artificiales.
Los sabores de los "alimentos orgánicos" son mucho más naturales y consistentes porque están libres de sustancias sintéticas; además, se conservan por mucho más tiempo que los alimentos comerciales. Otro factor que debe considerarse es que, con estas técnicas de cultivo no contaminantes, se protege al medio ambiente.


NO SOLO FRUTAS Y VERDURAS

El tratamiento "orgánico" es aplicado también en la ganadería. Los animales son alimentados con cereales y pastos cultivados biológicamente, no permanecen encerrados y reciben tratamiento veterinario con métodos homeopáticos.
El precio de estos productos orgánicos (que brindan una auténtica alternativa natural) es algo más elevado debido a que la agricultura biológica demanda una mayor mano de obra; aunque se utilicen métodos modernos, los procesos de elaboración son artesanales.
Hoy si se posee una pequeña porción de tierra, es posible armar una huerta orgánica propia con algunas verduras y hortalizas de estación que no requieran cuidados especiales.
En la actualidad se puede acceder a los "alimentos orgánicos" en ciertas tiendas naturistas y algunos centros comerciales. Y siempre recuerda el siguiente consejo: "Cada vez que tengas oportunidad de consumir este tipo de productos no dudes en hacerlo, tu cuerpo finalmente te lo agradecerá".

martes, 30 de julio de 2013

Todo sobre los productos "light"


La realidad demuestra que nos preocupamos poco o nada por la calidad de los alimentos que ingerimos: la dietética, para muchos, se reduce a un mero problema estético. Los productos de la supuesta revolución alimentaria, los denominados “light”, explotan de manera inteligente nuestra obsesión por bajar de peso; pero no hacen más que actuar como sustitutos que calman nuestra conciencia cuando no somos capaces de mantener hábitos nutricionales mejores y más disciplinados.

¿PRODUCTOS NATURALES?

Endulzar el café con sacarina cuando nos excedimos en el consumo de azúcar por comer un pedazo de torta parece una broma. Y de hecho lo es, porque hay cosas peores que el exceso de calorías, como la baja calidad de los productos seudo dietéticos. Por ejemplo, algunos panes integrales que compramos en el supermercado son integralmente falsos. Se elaboran con harina común, a la que le agregan salvado. La pregunta que surge aquí es: ¿por qué conformarnos con una tostada integral sintética, cuando podemos consumir más fibras a partir de vegetales crudos o legumbres?
Ingerir salvado convertido en artísticas virutas o en comprimidos es caro e innecesario. La levadura de cerveza aporta una buena cantidad de vitamina B, pero pierde el 85 por ciento de ellas al ser tratada con soda cáustica, ácido clorhídrico o carbonato de sodio para quitarle su sabor amargo. Los copos de cereales se obtienen a temperaturas muy elevadas que pueden alterar sus cualidades. Y la lista de ejemplos es interminable. Lo "natural" muchas veces se convierte en "artificial", sobre todo en lo referido a los productos procesados, incluyendo los que ostentan en su etiqueta la leyenda de "light".

LA CULTURA LIGHT

En general los productos dietéticos tienen 30 por ciento menos de calorías que sus similares comunes. Muchos de ellos responden a una estrategia comercial: el consumidor quiere novedad y salud, y eso estimula la producción de rubros vendedores. Los postres descremados son menos calóricos que sus pares elaborados con leche entera o enriquecidos con crema; pero si están endulzados o contienen frutas, como los yogures, pueden poseer más calorías que los naturales.
No sólo las grasas generan calorías, los azúcares agregados también. Otros alimentos contienen más espesantes o aditivos tecnológicos, para que uno tenga la sensación de estar saboreándolos enteros, otros traen más aire incorporado, como los helados o los mouses.
Pero no se trata de desechar automáticamente todo lo light, sino de apreciarlo en su justa medida. Entonces, ¿qué hacer? Primero se deben leer todas las etiquetas para conocer el contenido calórico de cada producto. Y luego matizar: no hay que creer que van a ser nuestros salvadores o que por consumir sólo alimentos de bajas calorías luciremos una figura espléndida.
¿Por qué desestimar los beneficios del agua? Da sensación de plenitud, llena y no tiene calorías. Además rehidrata la piel y hace funcionar el riñón con normalidad. Si la sustituimos por jugos supone un incremento de calorías o de apetito, porque éstos dispararían los niveles de insulina.
El café, el té y otras bebidas light contienen cafeína o teína y casi no deberían tomarse mientras se lleva  a cabo una dieta para adelgazar, porque estimulan el apetito. Si uno se cansa del agua, se puede sustituir por infusiones de manzanilla, pero jamás debe eliminarse de la alimentación (incluso fuera de un período de dieta).

EL CONSUMO DE ENERGÍA

Cabe aclarar que generalmente hablamos de calorías, pero el término correcto es “kilocalorías” (kcal). Cotidianamente se utilizan las dos palabras como si fueran sinónimos.
Para contribuir a nuestros gastos metabólicos basales (que son los que tenemos por el sólo hecho de existir) y vitales (la energía que necesitamos para desarrollar nuestra labor diaria) requerimos un cierto número de kilocalorías diarias que ingerimos con los alimentos: aproximadamente 2.000 las mujeres, 2.700 los hombres, con variaciones de acuerdo con la altura, el peso y la actividad. Al metabolizar los alimentos nuestro cuerpo obtiene 4 kcal. por gramo de glúcidos (azúcares) o de proteínas, pero 9 por cada gramo de grasas.
Pero cada una de esas sustancias cumple determinadas funciones que las hacen imprescindibles. La proporción aproximada entre ellas debe ser: 50 a 55 por ciento de las calorías totales ingeridas por día deben provenir de los glúcidos (hidratos de carbono); 25 por ciento, de las grasas; y 20 por ciento, de las proteínas.
A su vez, el aporte graso debería provenir de un tercio de ácidos grasos saturados (grasas animales), un tercio de ácidos grasos monoinsaturados (vegetales y animales) y un tercio de poliinsaturados (presentes en vegetales y pescados). Es importante respetar esta proporción y saber que las grasas saturadas son las que se asocian a los problemas cardíacos, colesterol y otras enfermedades.

LO QUE HAY QUE HACER

Una copa con un postre de dos pisos lleno de crema, frutas y helado puede equilibrarse con una cena a base de frutas, sin una pizca de grasa, regada con agua mineral. Si tenemos en cuenta que panes, postres y otras delicias suelen contener gran cantidad de ácidos grasos saturados de los que no hay que abusar, después de consumirlos sería ideal que nos controláramos con las grasas de origen animal durante unos días. Parece complicado, pero no lo es: este proceso, mucho más automatizado e intuitivo, es el que practicamos casi todos de forma inconsciente.
Es por ello que nunca está de más reiterar lo importante que es familiarizarse con los contenidos de los alimentos y con las tablas de composición de los mismos, y reivindicar una vida sana, con ejercicios moderados y una dieta equilibrada.

LO QUE NO HAY QUE HACER

Si aplicamos la cultura “light” de manera indiscriminada y sin razonar, podemos cometer varios errores como por ejemplo:
• No consumir fibra a partir de vegetales crudos o legumbres por creer que las ingerimos al comer tostadas sintéticas.
• Temer al azúcar y comprar productos dietéticos con fructuosa, que es casi lo mismo.
• Pensar que todo lo que se vende como natural es auténtico.
• Creer todas las bondades dietéticas de las promociones.
• No respetar las indicaciones de los productos: no es lo mismo comer una galletita integral que el paquete entero.
• Consumir litros de bebidas light y desconocer que tienen calorías, aumentan el apetito e hinchan la panza a causa de las burbujas.

Como todas las cosas, no se trata de que vayas a la tienda y tires todo lo “bajas calorías” que encuentres a mano. Simplemente es cuestión de no creer en cuentos de hadas y aprovechar inteligentemente lo que ofrece el mercado, que sus cosas buenas también tienen.