Si bien
no todos tienen la posibilidad de acceder a un centro termal natural, pueden
aprovecharse los beneficios de la hidroterapia a través de otras variantes que
cumplen funciones muy similares. Un ejemplo de ello son los dermocosméticos que
se consiguen en cualquier farmacia o perfumería. Estos productos están
elaborados en base a aguas termales, y conservan de manera intacta todas sus
propiedades medicinales.
Cuerpo hidratado: Sinónimo de vitalidad y energía
La
hidratación del cuerpo se aprecia en la cara: un rostro seco, tirante e
irritado es sinónimo de vejez. La vida cotidiana hace que las reservas de agua
se alteren y disminuyan. Esto sucede porque el equilibrio hidrolipídico (agua y
grasa) de la piel no puede mantenerse debido a las agresiones climáticas, los
cosméticos inadecuados, el estrés, los tratamientos locales agresivos o el paso
ineludible del tiempo. Por más que se nos olvide, es necesario recordar que la
piel es un órgano vivo que contiene el veinte por ciento de la totalidad del
agua del cuerpo, distribuida de forma homogénea entre la dermis y epidermis. La
capa córnea de la epidermis tiene un punto crítico de hidratación en el diez
por ciento. Por debajo de este porcentaje se vuelve vulnerable, frágil y
quebradiza.
Para
recuperar la hidratación del cuerpo hace falta algo más que beber líquidos. Es
necesario someter todo el cuerpo a un tratamiento externo para que el agua
actúe desde afuera hacia adentro, permitiéndole a la piel recuperar su tersura,
suavidad y elasticidad original. El baño termal es la opción más saludable para
devolverle al cuerpo la vitalidad y energía que a perdido a través del desgaste
cutáneo. Asimismo, los nuevos productos de cosmética que incluyen componentes
del agua termal tienen el poder de hidratar por su fórmula única y equilibrada
de oligoelementos (vitaminas y minerales). Por otra parte, algunos cosméticos
son ricos en selenio, un mineral que protege al organismo de la oxidación y
complementa los efectos benéficos de la vitamina E.
