jueves, 13 de junio de 2013

La valoración de las diferencias


Aceptar las maravillosas diferencias entre mujeres y hombres es comprender que cada uno puede potenciar al otro, complementarlo y sacar lo mejor de él. Nuestra alma gemela se convierte en la mejor versión de nosotros mismos, a cada momento, a cada instante. Embellecemos mutuamente nuestra vida con su presencia, con su ausencia, con sus palabras, con sus silencios.
Sentimos la necesidad de embellecer la vida del otro, porque nuestro amor genuino e incondicional nos lleva a hacerlo, pero sin esperar nada, ya que nuestra vida se llena al poder hacer cosas por el otro. Nuestro propósito vive en el otro, nuestra libertad vive en la libertad del otro, nuestra independencia vive en la independencia del otro. Ya no somos su palo en la rueda, somos quien le da el empujón que necesita. Al dejar que nuestra alma se exprese, el Universo conspira para que todo fluya de una manera sublime.

Reconocer las diferencias que subyacen en la naturaleza de cada sexo es fomentar una relación sana y fructífera a lo largo del tiempo. Precisamente la diferencia entre hombres y mujeres es lo que produce la complementariedad entre ambos, formando así un solo Ser. Muchas veces estos aspectos se dejan de lado para atender las propias necesidades, que suelen ser muy diferentes para cada sexo. Sin embargo para establecer una relación de pareja sólida se deben al menos considerar las diferencias que existen implícitamente entre hombres y mujeres, de lo contrario en un momento de la relación esas diferencias pueden resultar muy frustrantes para ambos. Las diferencias entre uno y otro no tienen nada de malo, lo malo es creer que no existen. El reconocimiento de la naturaleza de cada sexo es un acto que se vale de la comprensión y excluye cualquier expectativa hacia el otro. No se espera que el otro sea como yo pretendo que sea, sino más bien de respetar las diferencias que nos hacen seres únicos e irrepetibles.

“La mujer necesita que valoren sus sentimientos; el hombre necesita que respeten sus pensamientos.”
—Marianne Williamson
    Autora de bestsellers, conferencista internacional.


La mujer es sensible, el hombre es pragmático; la mujer es receptiva, el hombre es proveedor; la mujer necesita admirar al hombre, el hombre necesita que la mujer le muestre afecto y respeto; la mujer quiere siempre mejorar una situación aunque no sea necesario, el hombre busca hacer las cosas de un modo que funcione y nada más; cuando existe un problema la mujer necesita que la escuchen mientras que el hombre quiere permanecer aislado y solitario buscando la solución; la mujer no necesita que la complazcan con grandes regalos, el hombre piensa que puede complacer a su mujer con grandes regalos; la mujer valora que su pareja le pregunte sobre su día y resalte sus actividades, el hombre no quiere que le pregunten mucho por sus actividades ya que se siente controlado.
No se trata siempre de aportar una solución para cada caso, sino más bien de comprender que entre hombres y mujeres existen diferencias marcadas por su propia naturaleza, diferencias en el modo de actuar, pensar y sentir las cosas. Cuando aparece la comprensión entre uno y otro, se llega a la compasión, y sólo en ese punto es donde el amor envuelve a la relación y la hace sólida e indestructible como el acero. Sin comprensión, sin compasión y sin amor incondicional no existe ninguna relación posible. Se puede estar con una persona sin esos tres principios sagrados, incluso tener sexo y hasta formar una familia, pero la felicidad no será una característica presente, se convertirá en algo inalcanzable. La falta de expectativas revierte el proceso, y la felicidad aflora de inmediato.



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